Murió Ernesto Cardenal el sacerdote y poeta ícono de la revolución sandinista

El sacerdote trapense y multipremiado poeta nicaragüense, Ernesto Cardenal, murió este domingo a los 95 años, como producto de padecimientos relacionados con su edad, informó la escritora Gioconda Belli.

“Nuestro gran poeta acaba de morir a sus 95 años, después de una vida entregada a la poesía y a la lucha por la libertad y la justicia”, escribió Belli, en un mensaje dirigido a periodistas.

Cardenal murió a las 15:10 locales (21:10 GMT), señaló Luz Marina Acosta, su asistente personal. “Nuestro amado poeta ha emprendido su proceso de integración al Universo, con la mayor intimidad con Dios”, afirmó.

El 20 de enero pasado, el autor de “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas” (1965) celebró sus 95 años de vida, junto con un grupo de amigos y la edición de su último libro, “Hijos de las estrellas”.

El autor de “Epigramas” (1961), a quien su edad y salud no habían logrado retirar del todo de la vida pública, era uno de los poetas nicaragüenses más reconocidos a nivel internacional. Cardenal fue uno de los autores más prestigiosos de Nicaragua, con obras traducidas a 20 idiomas y reconocimientos como la orden Legión de Honor en Grado de Oficial del Gobierno de Francia.

En diciembre pasado, recibió el Premio Internacional Mario Benedetti, que otorga Uruguay, y que dedicó al pueblo nicaragüense y al adolescente Álvaro Conrado, una de las primeras víctimas de las protestas contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega.

El Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2009) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2012) están entre los últimos e importantes galardones recibidos por el poeta nicaragüense. Ernesto Cardenal no se arrepentía de su paso por el sandinismo aunque descreía del gobierno del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. “Fue una revolución muy bella, lo que pasa es que fue traicionada. Lo que hay ahora es una dictadura familiar. Eso no fue lo que apoyamos nosotros”, sostuvo hace un par de años, ya distanciado de su viejo camarada y perseguido, incluso, por su gobierno.

Hicieron juntos la revolución pero el tiempo los enfrentó. Uno tiene el poder político y real en Nicaragua, el país donde nacieron y por el que pelearon en el mismo bando; el otro apenas conservaba el poder de fuego de la palabra y la poesía respetada en el mundo. Sacerdote y guerrillero, uno de los grandes nombres de la teología de la liberación y de la revolución sandinista, Cardenal aseguraba que era un perseguido político.

Ernesto Cardenal comenzó a dedicarse a Dios a los 31 años (antes había vivido una vida “disipada”, según sus palabras). En el terreno político, fue ministro de Cultura del primer gobierno sandinista y su poesía se convirtió en sello indeleble de las letras latinoamericanas. En el marco del enfrentamiento con Ortega —que se inició en 2007, al regreso del presidente al poder—, hubo varios procesos abiertos en represalia a sus constantes críticas. Sus cuentas bancarias fueron incluso bloqueadas y hasta fue sometido a arresto domiciliario.

La relación de Cardenal con la Iglesia católica tampoco estuvo exenta de polémicas. El momento más crítico tal vez se produjo durante una visita del papa Juan Pablo II en 1983 a Managua. Ocurrió cuando en la catedral Cardenal levantó el puño al grito de: “¡Que viva la revolución!”, un gesto entusiasmado que le valió que el Vaticano lo suspendiera del sacerdocio poco después. Recién hace un año el papa Francisco absolvió al poeta y sacerdote trapense nicaragüense “de todas las censuras canónicas”, luego de 35 años de sanción.

“El santo padre ha concedido con benevolencia la absolución de todas las censuras canónicas impuestas al (ratificado) padre Ernesto Cardenal”, señaló la nunciatura en Managua entonces. Cardenal, había sido suspendido “A divinis” por el papa Juan Pablo II en 1984 por formar parte, en aquella época, del Gobierno sandinista en Nicaragua, lo que le impidió celebrar misas y administrar sacramentos.

Una imagen entre ambos personajes le dio la vuelta al mundo en marzo de 1983, cuando el Juan Pablo II reprendió públicamente a Cardenal, que lo saludó de rodillas, en el Aeropuerto Internacional de Managua, por militancia política.

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