Opinión: La grandeza de Alejandro Sieveking. Por Giulio Ferretto Salinas

Es director del Departamento de Artes Escénicas de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha.

La noticia del fallecimiento de Alejandro Sieveking Campano (85) acaecida este 5 de marzo en Santiago, recorrió y golpeó fuertemente a la dramaturgia chilena y a las escuelas de teatro del país. El motivo: Sieveking es considerado uno de los grandes dramaturgos del teatro chileno del último tiempo, reconocimiento que lo llevó a obtener el Premio Nacional de las Artes en 2017.

Su partida se lleva a un grande. Se lleva también a un gran maestro, a un gran hombre de teatro y a un gran escritor. Alejandro Sieveking fue una persona que marcó a muchas generaciones en el teatro chileno desde hace muchos años. Un hombre talentosísimo, un hombre que también estuvo vinculado al cine desarrollando roles de actor y escritor de obras como La Remolienda, Tres Tristes Tigres y Ánimas de Día Claro, entre otras.

Estoy un poco afectado, porque tuve la oportunidad de conocerlo hace alrededor de dos años a propósito del proyecto Fondart “La ciudad como dramaturgia exhumada. Antología teatral porteña 1869-2019” que realizamos en conjunto con las profesoras Verónica Sentis y Lorena Saavedra.

Cuando se hizo el lanzamiento (septiembre de 2019) de esta investigación él fue uno de nuestros invitados estelares a comentar lo realizado y a exponer su obra “La madre de los conejos” que forma parte de este dedicado trabajo. Traerlo a la UPLA nos permitió conocer a un ser humano muy generoso, tranquilo y muy dedicado a vivir con y dentro del teatro todo el tiempo.

Él representa y representará la memoria viva. Aunque haya desaparecido físicamente estará siempre presente en sus textos, en las escuelas de teatro y en los montajes. Queda su memoria, su escritura, si vida, su presencia, su archivo, sus personajes, su obra, su tiempo, su imagen.

Por lo tanto, mi memoria reciente es también una forma de memoria prospectiva porque me proyecta un tiempo de agradecimiento, de bienestar personal porque pude conocer su creación, su trabajo y tuve la oportunidad de traerlo acá a la escuela de la UPLA. Creo que fue un regalo para la universidad, para los estudiantes, para los académicos y para todos los que componemos el Departamentos de Artes Escénicas de la Facultad de Arte.

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