Opinión

Opinión: “El valor de tener calle”. Por Andrés Millar, director técnico línea Calle Hogar de Cristo

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En mayo de 2019, en Santiago, se lanzó la política pública más innovadora para las personas en situación de calle en la historia de nuestro país: el programa Vivienda Primero, que este 2020 favorecerá a 80 personas de las más de 15 mil que están en situación de calle en Chile.
El año pasado, Vivienda Primero funcionó sólo en las regiones Metropolitana y del Biobío, este año estará también en Valparaíso, donde hay casi un millar de personas viviendo en esta condición. Hasta ahora los programas dirigidos a la población en situación de calle les han exigido una serie de “demostraciones de buena conducta”, abordando su situación desde el prejuicio y no desde sus derechos. Vivienda Primero, que se inspira en Houssing First, un modelo que ha sido exitoso en Estados Unidos, Canadá y Europa, es revolucionario porque entrega un piso básico para enfrentar el reto del cambio de vida: la vivienda. La mayoría de nosotros contamos con una casa -un espacio de intimidad y protección-, que es la base desde donde construimos nuestros anhelos y compartimos con los que más queremos. Las personas en calle, no cuentan con este espacio vital, y para ellos levantarse cada día es mucho más duro y desafiante que para cualquiera de nosotros.
Entregar una casa sin exigencias, como dejar el consumo, contar con un trabajo o comportarse de una determinada manera, obra maravillas en las personas. Al poco tiempo se ven los cambios físicos y emocionales, los rostros comienzan a brillar, lo que es reflejo de la recuperación de la dignidad. Como dice Alejandra: una de las beneficiarias del programa: “Hoy tengo un lugar seguro, íntimo donde estar, hoy siento que valgo”, mientras Jaime, quien partió en noviembre compartiendo un departamento con su hijo en La Florida, afirma: “Uno en la calle no es visto y puede mirar a su gusto. Pero es triste no existir, ser un indigente, alguien con quien te cruzas lo mismo que con un papel al que se lleva el viento. Y está la violencia, porque la calle es la calle y se ha vuelto cada vez más peligrosa. Hace tiempo ya que las personas perdieron el amor al prójimo, que no hay solidaridad, ni compasión. Hoy da más miedo que antes la calle, pasan vehículos con gente disparando, todo el mundo anda agarrándose a balazos, en la noche, es una selva”.
Desde este mes, 40 personas serán apoyadas por el Hogar de Cristo en Santiago y Valparaíso en este programa revolucionario que requiere de todos: Estado, empresa privada y de la sociedad completa, porque una de las grandes dificultades está siendo arrendar las casas requeridas. Porque hay que tener calle para no tener prejuicios y los que arriendan tienen casas, pero no calle, y a veces nos domina el prejuicio.

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