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Adriana Muñoz y Rabindranath Quinteros encabezan la nueva Mesa del Senado

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Por 22 votos a favor la senadora Adriana Muñoz fue elegida Presidenta del Senado, mientras que su par, la senadora Carmen Gloria Aravena obtuvo 14 sufragios.

Adriana Muñoz se convierte en la segunda mujer que asume la testera de la Cámara Alta, luego de su par Isabel Allende.

En tanto, el senador Rabindranath Quinteros, fue electo Vicepresidente al obtener 22 votos; mientras que su par Luz Ebensperger obtuvo 14 sufragios.

De este modo, se procedió a instalar la nueva Mesa tras la renuncia de sus antecesores Jaime Quintana y Alfonso De Urresti.

Tras la votación se realizaron los discursos de instalación, así como la despedida del saliente Presidente, los que estuvieron marcados inevitablemente por la contingencia de una de las peores crisis sanitarias de los últimos años; así como las demandas y movimientos sociales.

Discurso senadora Muñoz

Estimadas y Estimados colegas
Estimado Senador Rabindranath Quinteros que hoy asume el cargo de vicepresidente del Senado
Saludar a los senadores Jaime Quintana y Alfonso De Urresti y valorar la conducción que hicieron del Senado en tiempos difíciles para nuestro país
Querida familia
Queridas Amigas y amigos

Gracias por acompañarme, presencial y virtualmente, en un momento tan complejo como el actual. Este cambio de mando en la presidencia del Senado ocurre en condiciones completamente fuera de la normalidad.
Nuestras rutinas están trastocadas y con toda certeza lo estarán por un tiempo más.
Enfrentamos una emergencia sanitaria sin precedentes en el último siglo. La normalidad de nuestra vida se ha visto suspendida y aún estamos redefiniendo cómo es posible seguir operando, y cuáles son los protocolos más adecuados, en nuestra necesidad de conjugar el normal funcionamiento de las instituciones y del país con la indispensable precaución ante una enfermedad que aumenta exponencialmente.
Así, por segunda vez en menos de seis meses, nuestra vida cotidiana se ha remecido, tal como ocurrió el 18 de octubre pasado, cuando miles de ciudadanos se rebelaron, ante los abusos, la injusticia y la postergación.
Hoy enfrentamos una doble coyuntura, una doble urgencia que debemos articular con sabiduría y, más que nunca, con unidad. Ese es el momento en el que asumo y esa es la magnitud de las tareas que, junto al vicepresidente de esta mesa, Senador Rabindranath Quinteros, nos esperan.
Saludo y agradezco el apoyo que me han entregado las senadoras y senadores de la Democracia Cristiana, Partido Socialista, independientes y Revolución Democrática.
A mis colegas de la bancada del partido por la democracia, agradezco la confianza que han depositado en mí para asumir una tarea compleja en tiempos complejos.
Saludo a los hombres y mujeres de mi región de Coquimbo, tierra rica, diversa y generosa, donde los embates de la naturaleza, y la severa sequía, han dañado la vida de miles de personas, especialmente en estos momentos de emergencia. Pero no han logrado impedir que el valor y el esfuerzo de la gente del Choapa, Elqui y Limarí, venzan día a día la adversidad. A ellos represento, a ellos agradezco su confianza y amistad.
Y quiero recordar con amor a mis padres Roberto y Adriana, saludar a mi familia, mi hijo, nuera y nietos, mis hermanas, hermanos y sobrinos, el clan Muñoz-D’Albora que es mi espacio de amor, hermandad y contención. Gracias por estar siempre.
El periodo 2020-2021 estará marcado por dos grandes hechos: cómo enfrentaremos la emergencia de salud que estamos viviendo y cómo somos capaces de adaptar a esta nueva realidad nuestra determinación impostergable de cambiar nuestra constitución y muchas de nuestras leyes para dar respuesta a la enorme demanda social.
De momento, la urgencia de salud ocupa – y debe ocupar – todas nuestras energías, demanda nuestra unidad y la suspensión de nuestras querellas y rencillas; lo que está en juego es la vida y la integridad de cada uno de nosotros y nuestros compatriotas. Cada acción que tomemos y, sobre todo, cada acción que dejemos de tomar, tendrá consecuencias exponenciales entre las personas.
Esta emergencia nos demuestra una vez más algo que a ratos olvidamos: que somos frágiles, que nos necesitamos y, sobre todo, que dependemos todos, todas, sin excepción, de la solidaridad del otro, del cuidado mutuo, de la conciencia de cómo nos afectan las decisiones de los otros. Ninguna persona se salva por si sola.
Por esto, es doloroso ser testigos del negocio y lucro desvergonzado que hoy día se hace con elementos esenciales para prevenir y protegernos del coronavirus.
Es urgente tomar una decisión política clara que avance en la fijación y control de precios de estos productos. Este es el momento de dar un portazo a la lógica inhumana del mercado

Desde esta Mesa, proponemos al presidente de la República una comisión nacional de crisis, de cara a la emergencia, coordinada por un delegado presidencial, integrada por el colegio médico, ex ministros de salud, decanos de medicina y científicos del área, que permita guiar y ponderar las decisiones necesarias.
Todas las medidas que requieran ley y vayan en ese sentido, tendrán el apoyo esta mesa.
En el Congreso se han adoptado una serie de medidas inmediatas que permitan mantener en funcionamiento el Senado, el trabajo legislativo y resguardar la salud de nuestros funcionarios.
Seguiremos trabajando con todas las bancadas para avanzar en protocolos y modalidades de funcionamiento en medio de esta crisis sanitaria.
Y aunque el intentar disminuir la propagación del Coronavirus ocupe en estos momentos todas nuestras energías, no podemos olvidar nuestra otra gran urgencia: atender la voz de una ciudadanía que exige que la sociedad pague la deuda de equidad que existe con la gran mayoría de los chilenos y -muy especialmente- con las chilenas.
El pasado 18 de octubre marcó un antes y un después para Chile entero, excedió a las instituciones y a la clase política. Bajos sueldos y pensiones, maltrato laboral, endeudamiento, derechos sociales insuficientes, corrupción pública y privada, marginación y violencia contra mujeres, pueblos originarios y diversidad sexual son algunas de las realidades sostenidas contra las que el pueblo de Chile se rebeló.
Porque incluso en momentos de emergencia de salud como el actual, la desigualdad sigue golpeando: entre quienes pueden teletrabajar y quienes deben seguir asistiendo a sus lugares de trabajo y viajando en transportes públicos repletos; entre comunidades que pueden acceder al agua y las que no; entre quienes pueden pagar por salud ante el primer síntoma e inquietud y quienes no.
Estas desigualdades indignantes son las que han resquebrajado nuestro sistema.
En la manifestación de esa legítima rabia, hemos visto expresiones masivas de unidad y fuerza, así como actos de violencia y represión que nos hieren y dividen.
Violencia de quienes se descuelgan de las manifestaciones pacíficas para cometer actos vandálicos.
Violencia de Estado, encarnada en fuerzas policiales que han reprimido la protesta social, ignorando sus propios protocolos, incumpliendo los mandatos del Ejecutivo y violando los derechos humanos de miles de manifestantes.
Ninguno de estos caminos es tolerable. Pero la condena inmóvil tampoco puede ser un camino aceptable. Necesitamos canalizar este conflicto, avanzando hacia el nuevo Pacto Social que hoy día exigen chilenas y chilenos.
Un Pacto Social acorde a un país que ha crecido, que ha llegado a un producto bruto de 25.000 dólares, pero donde conviven realidades dolorosamente dispares, con una vergonzosa concentración de la riqueza que hiere y margina a una sociedad de seres humanos iguales en dignidad y derechos.
Dar curso a los cambios de fondo que la nación exige, es nuestra primera tarea para retomar un diálogo real y sincero con los chilenos, rebelados ante tanto abuso y desigualdad. ES ESA acción decidida, respetuosa de la voluntad popular la única que puede desplazar a la violencia que recorre nuestras calles y provoca sufrimiento a miles de compatriotas que día a día ven amenazadas sus fuentes de trabajo y su seguridad.
Al respecto, quiero ser enfática: no tengo duda alguna en condenar la violencia y el vandalismo, pero no es aceptable que se siga usando esta situación para hacer política de trincheras a partir de una falacia: que están de un lado quienes rechazan la violencia y, por el otro, quienes la avalamos.
Y digo que es falacia, y digo que es de trinchera porque a quienes estamos en la oposición se nos pide una y otra vez que nos pronunciemos contra la violencia, cosa que hemos hecho, mientras nada dicen quienes nos acusan sobre la violencia desatada desde sus propias filas y desde las fuerzas de orden y seguridad.
La violación masiva de derechos humanos que hemos vivido, comprobada por informes de entidades de reconocido prestigio nacional e internacional, deben motivar una revisión inmediata de los protocolos, como también una conducta enérgica de condena.
Las personas mutiladas en sus ojos, algunos con pérdida de su vista para siempre, las y los torturados, violados, encarcelados y los 30 chilenos que han muerto en la protesta social, deben ser reparados ellos y sus familias. Al respecto, reitero la urgencia de crear la comisión de justicia y reparación que hemos propuesto varios senadores y senadoras.
Pero junto con esta violencia, condenable, ultrajante, vivimos también tiempos de esperanza, de solidaridad, de deliberación. La conversación sobre el país que queremos construir se puede escuchar en todas las esquinas. Hoy, cada chileno, cada chilena, se siente y es protagonista del país que se está definiendo.
Hoy las voces de quienes más han estado postergados y postergadas, estos años se hacen oír fuerte. Es a esas voces que debemos dar respuestas: la del trabajador de toda una vida que hoy recibe una pensión de hambre; la del joven excluido por años por una educación segregada; la de quien no puede más de deudas para sacar a su familia adelante; la del que cada día constata que la igualdad de oportunidades es un enunciado y no una realidad; la de los pueblos indígenas discriminados por el Estado.
Y por supuesto: la voz de las mujeres que no están dispuestas a que el Chile del mañana se resuelva sin ellas.
La interpelación de las Tesis, su potencia a través del mundo, la enorme marcha de las chilenas el pasado 8 de marzo, el empeño unido y desinteresado para lograr la paridad en el proceso constituyente; todo ello habla de una disposición, de una exigencia que va más allá de las luchas de hoy, y en buena hora, porque, como dijo Gabriela Mistral hace más de 110 años, las mujeres formamos un hemisferio humano, un hemisferio humano que no puede seguir siendo un invitado vergonzante en el progreso de nuestra sociedad.1 Es hora de terminar con una postergación de siglos.
Y digo siglos con conocimiento de causa porque la Constitución política de 1822 ya establecía el Senado en un congreso Bicameral. En estos casi 200 años de vida, solo dos mujeres hemos ocupado la presidencia de esta institución. Espero que, a partir de ahora, podamos tener también paridad en la titularidad de este cargo. Y espero, sobre todo, que la paridad sea norma en cada proceso e institución de aquí en adelante, a nivel del municipio, de los gobernadores regionales y del parlamento, en cada institución pública o privada.
El 2020 será un año decisivo para la democracia.
Chile se enfrenta al desafío mayor de definir la democracia del siglo XXI. Una democracia en que la representación, como la hemos conocido hasta ahora, no es suficiente para generar legitimidad. En palabras de Manuel Castells, se ha producido una ruptura entre gobernantes y gobernados. Los ciudadanos buscan formas de representación en organizaciones y movimientos más ocasionales y puntuales, y se alejan de instituciones y partidos políticos, pero sin dejar de valorar la democracia como sistema político, como nos recuerda Agustín Squella.
Se busca un sistema que facilite la demanda directa que procede de la ciudadanía, que hoy tiene más herramientas y posibilidades que nunca para hacerse oír.
Este escenario, traza las orientaciones principales de lo que debemos y podremos hacer, junto al senador Rabindranath Quintetos durante este año.
El primer desafío de esta mesa es Escuchar. Atender el mandato que se nos entrega, ser capaces de generar un dialogo constructivo y no una confrontación.
La ciudadanía siente una enorme distancia con lo que en este hemiciclo ocurre. Pero al mismo tiempo, nuestras decisiones los impactan, y nuestra falta de decisiones, más aún. Tenemos una deuda de décadas con nuestros compatriotas, que debemos asumir y saldar. Debemos hacerlo sin descalificaciones, sin sectarismos y sin campañas del miedo.
¡El parlamento debe ser un facilitador de la democracia, nunca un obstáculo para ella!
Debe ser el lugar donde sea posible consensuar la agenda legislativa que reclaman nuestros compatriotas, ponernos de acuerdo en contenidos, prioridades y urgencias. Donde tomar definiciones democráticas, de mayorías, si esos consensos no llegan.
Ese es mi compromiso.
Son tiempos de cuidar la convivencia. Pero cuidarla no significa inmovilizarla. Significa ser capaces de canalizar los cambios que se demandan, debatir, disentir sin violencia y hacer posible lo que parece imposible, que es el gran motor de la política en la historia.
Este desafío debe ser asumido con responsabilidad y también con celeridad. Garantizo que, junto al senador Quinteros, sabremos actuar en este momento difícil, pero lleno de oportunidades, inundado por la fuerza de las mujeres, la inteligencia, la intuición de lo femenino, que me dará el coraje y el temple para hacer frente a lo que viene.
Me refiero, por cierto, a las acciones inmediatas que en materia de salud requerirán ratificación y aprobación del Congreso.
Me refiero también a la tramitación de proyectos de ley que representan urgentes demandas ciudadanas y que requieren respuestas de acuerdo a la profundidad de las transformaciones exigidas. Mejores pensiones y la creación de un sistema público de seguridad social; un nuevo código de aguas que consagre el agua como un derecho humano. Tras ocho años de tramitación en el congreso ¡ya es hora que este senado lo apruebe con urgencia en medio de la catástrofe hídrica y sanitaria que vive el país! Y me refiero también a la rebaja de la dieta y el limite a la reelección.
Esto, solo por mencionar algunos de los asuntos básicos, cotidianos, urgentes que nuestros compatriotas nos exigen resolver cuanto antes.
Ello implica por cierto intensificar aún más el trabajo legislativo y dotar de agilidad a la tramitación de las leyes, porque los actuales plazos legislativos, de cara a la inmediatez de nuestros tiempos, se estrella con la impotencia de tener que seguir los ritmos de instituciones que siguen ancladas en una cultura administrativa del siglo XX.
Debemos también continuar con las tareas de transparencia, austeridad, comunicaciones y de modernización impulsados por mesas anteriores.
Procesos que requieren no solo del empeño parlamentario, sino de todos los funcionarios y funcionarias del Senado, que son la base del trabajo legislativo y de la gestión administrativa de nuestra institución. En mi opinión todo proceso de reorganización y modernización requiere la participación de todos nuestros funcionarios, respetando su experiencia y trayectoria, en un esfuerzo por hacer de estos cambios, procesos humanizadores de la vida cotidiana y las relaciones laborales en nuestra institución.
Sabemos, por supuesto, que cada nueva mesa que se instala, trae también algunos temas de su propia agenda, y me parece importante transparentarlos.
En este sentido, la agenda de género, la preparación y reacción frente al cambio climático especialmente en lo que respecta a la escasez hídrica, así como la descentralización, y el acceso digno a la salud, son parte entre otras, de las prioridades que esta mesa buscará impulsar.
Estimadas colegas y estimados colegas, amigas y amigos.
Alejo Carpentier decía, que la máxima obra propuesta al ser humano es la de forjarse un destino. Chile busca re definir su destino a partir de la mirada de todas y todos.
Las dos principales situaciones que hoy nos ocupan, emergencia sanitaria y cambio político y social, tienen en común que nos exigen ser capaces de pensar más allá de nuestro propio interés, de nuestra propia realidad. Todos, todas, somos parte del mismo destino, y no podemos sino forjarlo desde la conciencia de lo colectivo. La crisis nos obliga abandonar nuestro individualismo y nuestro egoísmo.

Tengo la certeza que, tras estos meses definitorios, Chile será un país mejor. Y a pesar de la incertidumbre que legítimamente podemos sentir, sé que el pueblo chileno sabrá darse a sí mismo el camino que requiere para refundar su pacto social, dar legitimidad a sus instituciones, inaugurar nuevos estándares para el ejercicio cívico y construir, hombres y mujeres libres, una sociedad mejor.

Muchas gracias.

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