Opinión

Ubi sunt? II / ¿Dónde están? Por Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco

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¿Dónde están? ¿Qué se han hecho? ¿Por qué se han deshecho?

¿Dónde está la parsimonia? ¡No me digan que la han dejado en el congelador! En tiempos de descontrol, de imprudencia, de fervor, prodiguen mesura, morigeración, cuidado, discreción, control en la palabra y en la acción. Impulsados por la emotividad, es fácil salirse de casillas, descontrolarse y, la verdad sea dicha, necesitamos más quietud, más comedimiento.

¿Dónde está el temple? ¿Por qué se ha apartado de nuestros rasgos de personalidad? ¿Cómo lo podemos resetear? Quizás debiéramos descubrir sus patrones, sus bondades. A saber, es un poco de temperamento, una pizca de genio, una porción de esfuerzo, un pellizco de osadía, entre otros ingredientes. Fácil no es toda esta conjunción, pero hay que descubrirlos en nosotros mismos, cultivarlos, y sostenerlos a todo evento o riesgo.

¿Dónde está la concordancia? ¿Es tan difícil concordar? Ni tanto. Quedar conforme, o conformarse con un buen acuerdo, es conseguir afinidad, lograr conexión, alcanzar un ajuste entre posiciones parcialmente diferentes. Avenirse o concordar es admitir coincidencias y acercarse paso a paso a convenir, encontrar puntos de unión, de convergencia. Este ejercicio se ha hecho antes, se ha de hacer hoy, se ha de hacer mañana, pronto.

¿Dónde está el equilibrio? Si no es por uno es por otro. Alguien cede, alguien acomete; alguien golpea, alguien recibe; alguien vocifera, alguien se calla. ¿Cómo conciliar? ¿Cómo conseguir el equilibrio? Este es más propio de la ponderación, de la serenidad, del aplomo, del orden. A sucesivas acciones, sucesivas reacciones. ¡Cómo conseguir el equilibrio! Una fórmula puede ser ceder, o conceder, acciones propias en uno y en otro, o en uno o en otro. El equilibrio no se establece a mayor o menor impulso o fuerza, si no a mayor reflexión, a más sabiduría, a considerable sensatez y discreción.

¿Dónde está el respeto? ¿Por qué se ha impuesto el irrespeto? ¡Por qué! Y que se enseñoree el respeto no es sinónimo de acatamiento o sumisión de parte del hipotético tú. El respeto implica correspondencia, deferencia, cortesía, compostura. Y es propio de humildes, de sencillos, de llanos. ¿Qué falta hace? Es preciso reinstalarlo, propio de una reactualización. Pero no se confundan, no implica sometimiento ni pleitesía. El respeto es propio de actuaciones plenas de horizontalidad, entre pares, como de jerarquías circunstanciales.

Si reposicionáramos un tantito algunas de estas virtudes personales, otro gallo cantaría. No andaríamos a los tirones, no frunciríamos el ceño tan a menudo, no someteríamos con tanto rigor la voluntad del tú,… ¿Cómo hacer? ¿Qué hacer? Elige cada mañana que las palabras llenas de vida sean las que salgan de tu boca. Sé conocido por tu parsimonia, por tu temple, por tu equilibrio, por tu concordancia, por tu respeto, entre otras virtudes.

Parece lista de compras, mas la verdad sea dicha, no se hallan en el portal, ni en el súper, ni en el kiosco de la esquina, ni en la plaza; es triste el panorama.

¿Dónde se consiguen? En el seno familiar. Se consiguen laboriosamente, en la observación, en el silencio, en la quietud, en el sosiego, en el diálogo, y luego viene lo mejor, hay que cultivar, y cultivar, esos valores.

¿Qué hacer, entonces? Dominemos sus instintos, razonemos, observemos, meditemos, pensemos, oremos, también.

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