¿El único responsable? Por Eduardo Poblete Araya, Periodista

Concluida la doble fecha clasificatoria para el Mundial de Qatar 2022, el balance del desempeño de la selección chilena adulta masculina de fútbol, es menos que satisfactorio. Victoria merecida ante un tibio Perú, y derrota dolorosa, lamentable y humillante ante un combinado de Venezuela que justo vino a recuperar el tranco, ante una Roja irresoluta, confundida, altanera y sobradora, y sin piezas nuevas que ilusionen por un mejor devenir. Las voces altisonantes, tanto de especialistas (ex futbolistas que ahora saben y desclasifican conocimientos futbolísticos que antes negaron compartir; y periodistas deportivos que anteponen “valores patrios” por sobre análisis más inteligentes) como del hincha en general (los normales y los “técnicos” de redes sociales), apuntan a Reinaldo Rueda como el único responsable de una supuesta debacle detonada tras la caída ante la “Vinotinto” en Caracas. Varios ya lo quieren fuera de la banca técnica de la Roja e incluso han tenido la osadía de dar los nombres de sus eventuales reemplazantes: Ariel Holan, Gustavo Quinteros, José Peckerman. Otros, le han acusado de “destruir” al fútbol chileno, en alusión a la ausencia de una línea de juego definida en el equipo de todos. Lluvia de opiniones, críticas del más diverso tono, y descalificaciones por doquier, son la tónica, a propósito de una derrota que duele y estará fresca por varios días, dada la supuesta inferioridad del equipo venezolano que, a la luz de lo demostrado el pasado martes, no era de tan bajo nivel como se nos hizo creer, por parte de los estadísticos históricos. Los números no siempre reflejan la aparente superioridad de un equipo sobre otro (si no, que lo digan colombianos y alemanes, cuyos combinados encajaron 6 goles, ante rivales que, por historia, nunca marcaron tal diferencia), como tampoco Chile puede ser rotulado como un cuadro que “haga valer su favoritismo” de manera recurrente.

Razones para este preocupante arranque de la Roja, son varias. Y no todas debiesen apuntar a Reinaldo Rueda como único responsable del zigzagueante desempeño del combinado nacional. El que haya probado más de 150 jugadores para dar con las piezas adecuadas, es una tremenda señal de que hace rato, la materia prima futbolística en Chile, es de baja ley. A diferencia de las conducciones de Marcelo Bielsa o de Jorge Sampaoli, hoy no existe una cifra generosa de chilenos jugando en los mejores equipos del mundo. Incluso, los sobrevivientes de la llamada “generación dorada”, alternan en equipos importantes, pero sin brillar. Bravo, custodio de la portería de un cuadro de segunda línea en España; Vidal y Sánchez, a los tumbos en el Internazionale de Milán; Gary Medel no se ha consolidado en Bologna y, Charles Aránguiz, tampoco ha sido un estelar cabal en el Bayer Leverkusen. Declive normal de futbolistas que ya tuvieron su mejor rendimiento hace un par de años, y que difícilmente podrán recuperarlo en el corto plazo, por más que aún sigan siendo “excluyentes” en el equipo chileno. El asunto es quiénes son los relevos naturales de estos jugadores. Quiénes cuentan con las condiciones, el hambre, los deseos de llegar a convertirse en figuras consulares, quemar etapas hasta alcanzar un nivel superlativo…Pregunta sin respuesta ni menos, con nombres propios identificables. Eso lleva a revisar una vez más qué se está haciendo hoy en el fútbol chileno, por darle una solidez, tanto al nivel de juego, como al proceso formativo. Cuestionar si la ANFP tiene realmente la convicción de catapultar a Chile como una potencia a lo menos, de mediano nivel para arriba en el concierto mundial, partiendo por una competencia interna decente. Y si las Sociedades Anónimas que hoy gobierna a la mayoría de los clubes, están realmente convencidas de invertir como corresponde, en infraestructura para trabajar adecuadamente con el fútbol formativo. Punto aparte, la irrupción de los representantes de futbolistas y la prensa deportiva en general. Los primeros, verdaderos lobos con piel de cordero, solo interesados en descubrir un talento en ciernes para generarse jugosas comisiones en ventas a futuro, y meterle “pajaritos en la cabeza” a muchachitos buenos para la pelota, pero no para el fútbol ni para la vida después de éste. Y los segundos, atacar como corresponde, no al técnico de turno (sea este colombiano, europeo, asiático o extraterrestre) por un mal cambio o mala lectura de un partido puntual; o la mala actuación de un jugador determinado. El enfoque, análisis, debate y propuestas, debe abarcar una visión global de todos los factores que hace rato tienen al fútbol chileno en caída libre.

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