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Soy profesor, por Raúl Caamaño Matamala, docente Universidad Católica de Temuco

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No poco se ha dicho o escrito acerca del profesor, ayer, anteayer, trasanteayer; la verdad sea dicha, siempre; con mayor o menor motivo.
Somos tema de conversación, a veces, somos parte de la solución, otras veces, somos la piedra de tope, pero en general, no nos sentimos cómodos siendo un punto de la tabla de una reunión, menos si esto además tiene incidencia en números, o somos parte de factores. Y no es por ser “centro de mesa”, es porque nuestra tarea es delicada, trascendente, somos personas que contribuimos en la formación de personas. Y efectuamos una labor que trasciende una disciplina, una materia, una asignatura. Interactuamos con niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
En mis años de ejercicio profesional, he aprendido mucho, he conocido cientos, miles, decenas de miles de estudiantes y he sabido de sus sueños, de sus esperanzas, hemos intercambiado muchas toneladas de confianza, hemos reído, hemos llorado, nos hemos enojado también, nos hemos acompañado mucho más allá del aula, más allá de un curso, ha sido a través del tiempo. Nos saludamos, nos reconocemos, nos abrazamos (antes, ahora no se puede), nos felicitamos, nos congratulamos por algún logro nuevo (grado académico, un proyecto, casa o departamento, cumpleaños, matrimonio, hijos, onomásticos, premios, y otros tantos motivos de salutación). Es decir, hay extensión de la clase, del curso; basta una clase, una hora de clases para celebrar una amistad, saber quiénes somos, de dónde somos, que somos iguales, sentimos, queremos, reímos, lloramos por mismos o similares motivos.
Para abreviar, dejo aquí palabras decidoras de este ser y de este hacer.
Soy profesor

Y así,
aprendiz de mis alumnos,
consejero de desalentados,
masajista del alma,
confesor de pecados veniales,
componedor de corazones rotos,
enderezador de ceños fruncidos,
pastor de ovejas descarriadas,
fotógrafo de sonrisas,
canteador y ablandador de corazones duros,
agitador de masas,
armador de alianzas,
observador de aprendizajes,
pulidor de diamantes en bruto,
maestro de ceremonias,
acicate de sueños no natos,
arreglista de desacompasados,
consueta de nuevas conductas,
animador de debates,
entrenador de infantes, jóvenes, adultos y adultos mayores,
musitador de consejos,
armonizador de gestos,
defensor de alumnos,
descubridor de talentos,
intérprete de gestos y ademanes,
acompañante de peregrinos,
alimentador de esperanzas,
corrector de tozudos,
catador de buenos sentimientos,
titiritero de ilusiones,
iluminador de caminos,
constructor de confianzas,
antagonista de desánimos,
vigía de amenazas,
limador de asperezas,…
y un cuantuay más.

 

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