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Los cuatro pilares de la Ley de Fármacos 2

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Yanneth Moya, química farmacéutica de la Universidad de Valparaíso, explica la prohibición de realizar publicidad a medicamentos de venta libre y las obligaciones a los médicos de prescribir medicamentos genéricos, a las farmacias de mostrar todos los precios y recomendar los más baratos y a la industria farmacéutica de registrar un bioequivalente al momento registrar un fármaco original.

Esta semana se reinicia en la Comisión Mixta del Senado el debate de la denominada Ley de Fármacos 2, propuesta que pretende mejorar aspectos contenidos en la iniciativa anterior (Ley de Fármacos 1).

La Ley de Fármacos es una herramienta que busca poder dar cumplimiento a lo especificado en la Política Nacional de Medicamentos, constituida por tres grandes pilares: mejorar la disponibilidad de medicamentos, disminuir el “gasto de bolsillo de las familias” y asegurar la calidad de los productos farmacéuticos que se comercializan en el país.

Tal como lo explica la directora de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad de Valparaíso, Yanneth Moya, los puntos más relevantes de la nueva propuesta son: la prohibición de realizar publicidad a medicamentos declarados de venta libre, la obligación a los médicos de prescribir medicamentos genéricos, la obligación de las farmacias a mostrar todos los precios de medicamentos, recomendando los más baratos, y la obligación a la industria farmacéutica a registrar un bioequivalente al momento registrar un fármaco original.

Respecto al alcance de la propuesta, la química farmacéutica afirma que “si bien es cierto que se da respuesta a algunas necesidades actuales, quedan pendientes temas como el fraccionamiento gracias a la rotulación individual de los comprimidos desde la industria farmacéutica. Esto permitiría entregar las dosis necesarias para cada tratamiento, evitando la acumulación en casa de comprimidos no usados, como también el pago extra de dosis no utilizadas. Esto no se puede realizar con fraccionamiento en las actuales condiciones desde las farmacias (cortar blíster), ya que se pierde la trazabilidad de los lotes y vencimientos de los comprimidos atentando contra la seguridad de los pacientes”.

La académica también agrega que otro punto esencial no abordado es la educación que la comunidad requiere para ejercer el autocuidado con respecto a su enfermedad y tratamiento. “Esto pasa por fortalecer a las farmacias como centro de salud y no centros de negocios, darles el sentido de lugares en donde puedan resolverse dudas y necesidades puntuales de la comunidad en relación con sus medicamentos”, apunta.

Asimismo, y considerando que, si bien el proyecto contempla la intercambiabilidad de medicamentos, solo un 57 por ciento de los fármacos que se comercializan tienen estudios de bioequivalencia, la especialista afirma que “aún es muy bajo el porcentaje de bioequivalencia, por lo que se debería potenciar esta estrategia. Por otra parte, la actual bioequivalencia sólo se refiere al contenido de los medicamentos (cantidad de principio activo que se libera) y queda aún por evaluar la bioequivalencia terapéutica (es decir, la acción esperada). Sería muy importante la incorporación de nuevos fármacos bioequivalentes, es decir, medicamentos que tengan la garantía de calidad y equivalencia de acción del fármaco original”.

Con relación a la prohibición de realizar publicidad a medicamentos declarados de venta libre, señala que “es una medida que contribuiría a evitar o disminuir la automedicación, una estrategia muy utilizada en nuestra sociedad y que genera importantes problemas de salud. Sin embargo, las grandes industrias están en contra, lo que podría afectar la decisión del Congreso”.

También advierte que “al ser medicamentos de venta libre no significa que sean inofensivos, ya que el mismo paracetamol en manos de un paciente con daño hepático podría detonar su enfermedad o afectar la acción de otros medicamentos. Asimismo, los analgésicos o antigripales en pacientes adultos mayores hipertensos pueden aumentar su presión arterial o desencadenar problemas renales”.

Por otra parte, al referirse a la obligación de los médicos de prescribir medicamentos genéricos y de las farmacias a mostrar todos los precios de medicamentos, recomendando los más económicos, la farmacéutica sostiene que “desde un contexto de la salud pública, podría ser de gran aporte, sin embargo, para que esto sea realmente efectivo es necesario que la industria farmacéutica previamente pueda actualizarse con la gran deuda de generar medicamentos de bioequivalencia, de manera que podamos garantizar en parte que el más barato sea realmente eficaz”.

Yanneth Moya señala que “en ocasiones, es necesario que el médico prescriba el fármaco original, ya que en algunos casos poseen tecnologías adicionales que permiten que la acción del fármaco sea más rápida o eficiente, por lo que también se debería dar la posibilidad a que utilizaran esta estrategia. Sin embargo, la decisión final debería recaer en el usuario, no en las farmacias ni en el médico, y para esto debe conocer sus medicamentos. Nos hace falta que el usuario se interiorice más de su farmacoterapia (saber cuándo usarla, para qué sirve, si se puede partir o se debe tomar con agua, entre otros), sólo de esta forma sabrá qué se está escogiendo. De esta manera, es muy importante que nuestra comunidad posea los conocimientos y destrezas necesarias para realizar un buen uso de los medicamentos, lo cual, lamentablemente, no siempre se cumple”.

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