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Agustín Squella afirma en debate sobre constitución y felicidad que ésta “no se puede institucionalizar”

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¿Tiene algo que ver la nueva constitución con el tema de la felicidad? fue la pregunta que cruzó el conversatorio convocado y moderado por el diputado Rodrigo González, “Nueva Constitución y Felicidad”, en el que participaron los candidatos a constituyentes por el distrito 7 y por la lista del Apruebo, Agustín Squella y Paola Tapia, y el postulante a gobernador regional, Aldo Valle.

“El trabajo de un constituyente es aunar las aristas que tiene la constitución y precisamente la felicidad es una arista de la constitución. La declaración de independencia de EE.UU. ya hablaba de la búsqueda de la felicidad, y la constitución de Japón y Corea también contempla la felicidad como una variable esencial de una búsqueda de bienestar permanente. Y en ese sentido, las políticas públicas y la orientación del Estado debe ser ésa: satisfacer las necesidades de las personas”, sostuvo la exministra de Transportes, Paola Tapia.

En la misma línea, agregó que “la búsqueda de la las personas en cierto sentido es individual, y aun cuando no queramos asociar felicidad y consumo, hay gente que no tiene lo básico y en ese sentido hay que pensar muy bien las palabras que vamos a ocupar en la constitución”.

El académico y Premio Nacional de Humanidades, Agustín Squella explicó que “a las constituciones hay que pedirles lo que pueden dar y desde luego las constituciones no pueden dar felicidad ni prometerla”, pero, apuntó, “mejores condiciones de vida favorecen el bienestar de las personas, y probablemente su felicidad”.

Sin embargo, en una acepción más filosófica del término, el profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valparaíso, indicó que “felicidad es una palabra demasiado importante; el objetivo final de toda vida humana lo llamamos felicidad. Todos apuntamos a eso, pero no todos entendemos lo mismo por felicidad y tampoco nos pondremos de acuerdo de cuáles son las vías para conseguir felicidad. El límite es que en esa búsqueda de la felicidad no se dañe a otras ni a otros”.

A su juicio más que usar la palabra felicidad considera más apropiado hablar de “bienestar subjetivo”, tal como lo señala el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. “Está el bienestar objetivo, como la satisfacción de derechos sociales, y está el subjetivo que tiene ver con la propia vida, pero en esto último no le daría un papel a la constitución ni menos al Estado”, recalcó.

LA FELICIDAD NO SE PUEDE MEDIR

Por su parte, Aldo Valle, candidato a gobernador, comento que “poner en relación los conceptos de constitución y felicidad genera una reflexión que puede ir en distintas direcciones, pero quisiera retener la relación en el sentido de que hay un término, que es su opuesto, y donde sí los sistemas políticos, no sé si las constituciones, pueden contribuir no sé si a la felicidad, pero sí a la infelicidad. Hay ciertas condiciones materiales que, sin duda, dan lugar a la infelicidad humana en razón de ciertos estándares, valores que todos compartimos”.

Los sistemas políticos, así como los sistemas económicos, subrayó, “tienen mucho que hacer para generar condiciones de modo que las personas puedan proponerse el bienestar subjetivo. Los sistemas políticos y las constituciones pueden hacer mucho por el reconocimiento de las diversas identidades. No podemos pensar que una constitución va a ser feliz a alguien o que pudiera decretar la felicidad, pero pueden ayudar a que se generen relaciones sociales de más reconocimiento de la subjetividad o bienestar subjetivo”, puntualizó.

Finalmente, Squella remarcó que “la felicidad no se puede medir. Se puede medir el crecimiento económico, el desarrollo con equidad, el desarrollo sustentable, el desarrollo humano, pero no se puede medir la felicidad” cuestionando de paso lo que llamó la institucionalidad de la felicidad. “Esté, por ejemplo, el Ministerio de la Felicidad que hay en Bután, y que tanto mencionan algunos como una experiencia a tener en cuenta, pero ahí las mujeres lo pasan pésimo, están esclavizadas en la cocina, son discriminadas. La felicidad no se puede institucionalizar”, concluyó.

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