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Mirar más allá. Por Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco

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Mirar más allá es clave, esencial, necesario.
Generalmente nuestra mirada es cortoplacista, tiene como límites el hoy, quizás el mañana y, probablemente, en lo espacial, es nuestro metro cuadrado y nuestro yo. Hoy, más que nunca es primordial fijar nuestra mirada lejos en el tiempo y en el espacio.
¿Qué hacer? Suspenderse, reflexionar, guardar silencio son acciones esenciales. No ha poco recordé un proverbio árabe, “Si Dios nos creó con dos orejas, dos ojos y una sola boca, es porque tenemos que escuchar y ver dos veces antes que hablar…”. Vaya qué acertado. Es de toda conveniencia sostener el juicio, revisar antecedentes, escuchar no solo dos veces, sino escuchar a dos, cerciorarnos de todo de modo metódico, y luego, solo luego, mentar, decir, hacernos partícipes.
Aun más, tenemos que participar, tenemos derecho a ello, pero hagámoslo construyendo, edificando, utilizando herramientas adecuadas, finas quizás, o gruesas, habría que calibrar cuál o cuáles son las pertinentes. Aun más, no solo debemos tener en cuenta la inmediatez; todo a su tiempo, “pasito a pasito, despacito”, como reza el nuevo verso. No hay que dar la impresión de un elefante irrumpiendo en la vitrina de un negocio. Los movimientos, o nuestras intervenciones, han de ser apropiados al entorno y propicios al momento. Un poco de tino, de prudencia ha de haber.
Hemos puesto atención al contexto, al entorno. Lo que hacemos, lo que decimos, ha de tener efecto en nuestro derredor ciertamente, pues no somos solos, hemos de tener en cuenta lo que nos rodea, quienes están cerca, próximos a nosotros. Lo que hagamos, lo que digamos también ha de considerar a quien, a quienes forman parte de nuestra comunidad, la local, la regional, la nacional, la planetaria.
¿Será para tanto? No. Nadie es isla, aunque haya distorsiones al respecto. Naturalmente, todos nos requerimos de modo mutuo. Así, la reciprocidad es imperativa, la reciprocidad no es una opción. El yo es nada sin el tú, es el principio mayor, por excelencia. Es vital formar una comunidad. Somos siete mil ochocientos millones de habitantes del planeta, somos poco más de diecinueve millones los habitantes de Chile; todos nos necesitamos, nadie sobra, todos contamos, nadie está de más.
Raya para la suma. Es imprescindible mirar más allá de nuestra nariz, es un ejercicio natural. Y lo que digamos o lo que hagamos debe considerar mínimo equilibrio con los demás.
Es de toda humanidad mirar más allá.

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