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Sin capas ni poderes especiales. Por Jorge Fuentes, psicólogo y Director de Pranavida

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La primera vez que conocimos, en el mundo  de DC comics, a la Superwoman fue gracias a la periodista  del Daily Planet de Metropolis, Lois Lane, quien sueña que recibe una transfusión de sangre de Superman y, con ello, recibe sus superpoderes. Tras Lane surgieron una serie de personajes que lograron ser una súper mujer. Las ganas de poder generar heroínas traspasaron a esta editorial, siendo el Universo Cinematográfico de Marvel quien también dio vida a personajes femeninos.

Lejos de la capacidad de detener autos con un mano o romper rocas con un intensa mirada, son millones mujeres que, en mundo real, están comenzando a sufrir del Síndrome de la  Superwoman, afectando su bienestar y salud mental. La errónea creencia de podérsela con todo sin pedir ayuda y realizar un sin números de tareas sin demostrar cansancio, hoy está pasando la cuenta a la mujer contemporánea y, en  especialmente, a quienes son madres.

Pero ¿por qué generar esta sobre exigencia tan poco natural que sólo produce emociones negativas y agotamiento? La verdad es que no existe ninguna. Sin embargo sería injusto plantear que esto es responsabilidad de las propias mujeres, pues este síndrome es la respuesta natural ante los constantes cuestionamientos que han debido enfrentar a lo largo de los años respecto a las capacidades que tienen frente a los hombres en el trabajo, a la invalidación de sus emociones para no ser consideradas como “débiles” y a demostrar que tienen la capacidad de rendir en sus distintos roles, entre otras cosas.

Si bien esta continua “rendición de cuentas” recae en las mujeres, son las madres las que deben, además, demostrar que “cumplen”  bien ese rol, sin, incluso, tener la posibilidad de “quejarse”, dado que eso las convertiría directamente en “malas madres”.

La romantización de la maternidad, donde gran parte de las responsabilidades  recaen en las mujeres, más la necesidades de validarse en los distintos roles mostrando excelencia en todo lo que hacen, no sólo genera agotamientos y frustración en las mujeres, sino que no  ataca el problema de fondo que es erradicar los  cuestionamientos a las capacidades femeninas, el equilibrar las tareas del hogar y la crianza y el normalizar el cansarse, el no poder con todo y pedir ayuda, el equivocarse como parte de la vida y el aprendizaje. Junto con ello, es importante potenciar en nuestra sociedad que hombres y mujeres poseen riquezas particulares para  valorar  la inclusividad y lo diferente de todos.

La gracia de la ficción es que estamos ante una simulación de la realidad, la cual desde niños comenzamos, progresivamente, a diferenciar. Los superhéroes  y superheroínas son juntamente parte de este mundo irreal que nos sorprenden y de los cuales podemos destacar ciertas características que nos pueden causar admiración. Si bien la representabidad de las mujeres en estos mundos de buenos y malos es necesaria porque contribuye a visibilizar  al género femenino. Sin embargo,  tal vez debemos tener cuidado a la hora de convertir estos modelos en las aspiraciones de una sociedad que le pone a las mujeres y, por sobretodo madres, en la búsqueda capas y poderes especiales, y que  esto pueda a la larga ir en desmedro de su propio bienestar físico y emocional.

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