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Julio Milostich y sus ganas de volver a las teleseries: “Yo quiero hacer televisión, estoy ansioso”

Julio Milostich y sus ganas de volver a las teleseries: “Yo quiero hacer televisión, estoy ansioso”

El actor fue invitado al podcast “Impacto en el Rostro” en donde repasó sus principales trabajos en televisión. Fue bajo este contexto en donde manifestó extrañar al género, luego de su última participación en teleseries con “Río Oscuro”. “Ojalá se vuelvan a abrir las áreas dramáticas, queremos hacer televisión”.

Cuando debutaste en las teleseries con “Hippie” ya tenías experiencia como actor. ¿Buscaste esta oportunidad?

Yo llegué a la televisión porque una de las personas que estaba encargada del casting de Canal 13 me fue a ver a una obra de teatro. Después de la función me invitó a hacer un casting al canal, yo no tenía ninguna intención en ese tiempo, todo lo contrario, era bien crítico de la televisión por prejuicios de aquellos tiempos. El teatro y la televisión son dos cosas distintas, de hecho, hay actores de televisión que nunca estudiaron teatro y que lo hacen súper bien. Son dos mundos distintos, pero yo cuando me pude sacar los prejuicios, cuando tuve la oportunidad de estar y sentir la televisión, encontré que es una forma de actuar que tiene otros cánones, son otros códigos. Y es igual de entretenida, es igual de interesante, es igual de difícil, también tiene su dificultad, que no es la misma que la cámara de cine. Le di un valor súper grande cuando la conocí por dentro. Antes era prejuicioso, como “los de la tele”, era una cosa como de estudiante de teatro, del pueblo, revolucionario. Pero cuando conoces la televisión, aprendes a vivirla, a conocerla y a sentirla, es un espacio que, además de dejarte plata, también es un mundo súper interesante. A mi me gustó la televisión y echo de menos tener un personaje con desarrollo.

¿Te gustó la televisión desde un comienzo o le encontraste la gracia después?

Le encontré el gusto después. Cuando me llamaron a un casting yo pensé que me iban a llamar para hacer el árbol siete, un extra, algo así. Y resulta que cuando quedo y me mandan a hablar con el director, él me dice “bienvenido al elenco, vas a ser la pareja de Carolina Arregui”. Entonces estaba extremadamente nervioso. Los primeros meses de grabación tuve que aprender a actuar, a no ser tan expresivo, a medirme en los movimientos, a trabajar la voz. Además de aprender a reducir lo que es la expresión del teatro, tenia que lidiar con estar frente a un monstruo de televisión como lo es Carolina Arregui. Yo tiritaba. Yo era un canasto de guatita. Por timidez y por miedo a la cámara. Cuando no estas acostumbrado a la cámara, es un instrumento extraño que está frente a ti todo el rato, es muy raro. Uno está acostumbrado a tener a un ser humano al otro lado, no a una máquina, Me resultaba todo muy extraño, pero empecé a tomarle el gusto, me puse como objetivo perderle el miedo, para demostrar el actor que soy, no ese pedazo de nervio tembloroso que no me dejaba mostrarme. De a poquito lo fui dejando, pero el nervio nunca se pierde. Yo soy de los actores que defiende el nervio, creo que es una señal de vida, es un nervio bueno que hace sentir que fluyes. El actor relajado, el actor que tú dices, “pero, ¿cómo lo hace todo tan bien?” a mí no me transmite nada. Entonces he aprendido a lidiar con ese nervio y se ha convertido en algo que me ha sumado y me ha servido.

¿Eras muy crítico contigo viendo tus escenas en el monitor?

Al principio me vi un par de veces y después no quise verme más. Porque es loco verse, yo no estaba acostumbrado. Me costó mucho acostumbrarme a ver el mono. Me veía y nunca estuve de acuerdo con el resultado. “Qué raro, no es eso lo que yo quise”. Salía otra cosa, era muy extraño. Pero me fui dando cuenta que eran puras negaciones, no dejaba que las cosas fluyeran. Una vez que me acostumbré a verme y a sentirme, era grato verlo, porque me permitía ver el resultado sin ninguna tranca. Actualmente, pasa que ya me acostumbré, ya lo superé, casi no veo las escenas. A no ser que sea una cosa muy puntual que quiera ver, una escena muy delicada. A diferencia de otros compañeros que ven todas las escenas. Prefiero verlas después, cuando están editadas, para sentir la teleserie fluir, sin haber visto la mecánica.

¿Qué te pareció Manuel Doren, tu primer personaje en una teleserie?

Era un personaje hermoso, muy romántico, heroico. Un personaje que me tomó con muy poca experiencia, por lo tanto, el valor que le doy es que logré darle vida a un personaje de televisión. Vi entera la teleserie; los primeros veinte capítulos yo estaba en otro mundo, pensando en cualquier huea, menos en Manuel Doren. Entré en muy buena onda por el compañerismo de Carolina, que fue un siete, me vio en todo el proceso, me ayudó, bajó mis niveles de dudas. Fue un gran apoyo. No se si hay otra actriz en Chile como ella, una actriz de televisión, de televisión pura. Me encantó esa teleserie, había muchos compañeros que le cargaban, sobre todo a los protagonistas. Yo no entendía por qué. Yo era muy feliz haciendo la teleserie. Pero eran por problemas internos, de los cuales yo era ajeno. A la mayoría les apestaba hacer “Hippie”. Yo hubiese hecho “Hippies 2” y “Hippie 3” feliz de la vida. Fue una teleserie súper bonita, con personajes redonditos, con una parte de la historia de Chile, no solo con una trama romántica, sino también una realidad que sucedió al interior de las universidades.

Al año siguiente le diste vida al irresponsable Fabián Mainardi en “Brujas”…

Antes de terminar “Hippie” yo sabía que venía una segunda teleserie. Estaba muy contento porque económicamente era súper bueno. “Brujas” tuvo un éxito enorme, me encontré flotando en un personaje más secundario, pero no menos importante, en el sentido de representar a un ser humano que es muy reconocible, que es este papá soltero, que tiene una relación difícil con su pareja, que le cuesta ser papá. Es un personaje súper real, a diferencia de “las brujas”, que eran asesoras del hogar muy ficcionadas, pero que eran muy entretenidas, a mi me encantaban. Dentro de esta fantasía existían estos secundarios súper reales. Es muy valioso tener la oportunidad de representarlo y de darle la verosimilitud que se merecen. Fue un regalito haber hecho al Fabian.

En “Descarado” interpretaste a Marco Antonio Ferrada, un cantante extranjero que se presentaba en un barco, con casino incluido…

Trabajo no logrado. (Risas) Nunca hubo mucha claridad. Primero era venezolano, luego era mexicano. Yo me perdí mucho en ese personaje, no había una base muy sólida. Yo se que esto es una falta de profesionalismo enorme, pero cuando un personaje no te calienta, al menos a mi no me calentaba, nada, le solté la mano. Ahí cometí un acto poco profesional de mi parte. No me gustaba hacerlo, entonces solo cumplía. No le sentí ningún sustento. “¿Para dónde va? ¿Qué es esto?”. A mí me encanta cantar. A mi cuando me dijeron “vas a cantar en la teleserie” pensé incluso “acá puede empezar a mi carrera como cantante”. La verdad es que cantaba tarde, mal y nunca. Yo tenía que aprenderme seis canciones para que en una tarde de grabación solo grabara las tres primeras frases de una canción. Te habías sacado la chucha en la semana ensayando, con todo lo que significa, al final tu esfuerzo se reducía a que necesitaban un pinchazo del hueon cantando. Entonces, todo se me fue a la cresta. Yo dije “¡qué lata!”. Lo que si tengo recuerdo es de las canciones, tengo las cinco canciones grabadas, me encantan tres de ellas, son súper bonitas escucharlas enteras. Pero no escuchar solo un pedazo. En la teleserie, yo empezaba a cantar y se iban a otros dos personajes conversando. Y yo cantando en el fondo, desenfocado. Odié y me desenamoré, me desconecté. Una decepción. Me pasé muchas películas con esa propuesta. Como personaje, no iba para ninguna parte. En el guion se hablaba de un barco enorme llegado a la costa. Cuando lo vi, era una huea, una lancha toda picante. ¡Todo mal! Cuando algo se convierte en inverosímil y uno ve a un actor transpirando para hacer creer que es verdad, cuando te venden que viene un barco gigante y ves una lancha… ahí se te hunde el barco. A mi se me hundió el barco completamente. Me decepcioné mucho con esa teleserie. Lo recuerdo, con cariño igual, es una experiencia, pero no era lo que me habían dicho. Todo era mentira. El guion de la cosa era bien penquita.

Uno de los puntos altos en tu carrera como actor de teleseries es sin duda tu participación en “El señor de la Querencia”, luego de tu paso por la serie “Héroes” de Canal 13…

Fue un reconocimiento. Ahí empecé a saber cómo moverme. Cuando te llaman de un canal y no te han echado de otro… Yo estaba super cómodo en el 13, yo quería morirme ahí. Nunca me vi cambiándome de canal. Pero obviamente que, si te llama la afamada y exitosa Quena Rencoret a una reunión, eso es otra cosa. Entonces me ofrece este personaje, me dice que quiere que lo haga. Ella había visto “Héroes” y le había parecido que este cabro, que no conocía nadie, le había gustado mucho, ese “querencio” era para mí. Leí la primera página, a uno le encanta hacer de malo en las teleseries… entonces dije… “ya”. Pero no había cortado queque en el 13. Me dejé querer. Nunca supe lo que venía, nunca pensé que era tan horripilante. Está bien que a uno le guste hacer de malo, pero nunca tanto. Me fui al siete y empecé a grabar. Fue una tremenda experiencia, desgastadora. Sin duda que no me la llevé pelada. Pero hubiese hecho “El señor de la Querencia 2”, “El señor de la Querencia 3”. Y ahora haría “El señor de la Querencia 4”. porque el cariño profesional que le tengo a la historia, al guionista, al equipo, a todo lo que pasó en esa teleserie, es enorme. Se juntaron un montón de cosas para que esa teleserie tuviera el éxito que tuvo. Más allá de lo que me haya agotado, de lo que me haya dejado turuleco. Yo feliz de la vida, aunque no es la teleserie que más me ha gustado.
Esta producción es una de las más vistas en el horario nocturno. ¿Te fijabas en el rating de cada capítulo?
Sí. TVN venía con un rating interesante en sus nocturnas, Alvarito Rudolphy había hecho lo suyo con “Alguien te mira”. Claro que sí. Empezó a pegar fuerte a las tres semanas, la gente la empezó a ver rapidito, a ser “querencio dependiente”, siempre fue subiendo. Imagínate como me sentía. Estaba protagonizando “el señor de los señores” y más encima reventando el rating. Entonces, olvídate. Con el costo que tuvo y todo. Me fijaba, porque era un tremendo éxito en mi carrera. Me sentía orgulloso de haber logrado algo en este espacio. Yo había postulado a la TV en algún momento y no había quedado. Entonces no tenía mucha fe. Siempre pensé que si llegaba a la televisión sería por tener ojitos claritos, en un rol secundario. Imagínate, aún estoy viviendo de la teleserie, por mis empanadas y por la rifa de mi casa. Se transformó en una teleserie de culto.

¿Qué le faltó a “El Señor de la Querencia” para haber sido tu teleserie favorita?

Quizás haber tenido de lo que peca el guion, dentro de lo tremendo que fue, quizás haberlo amenizado con algún momento de felicidad, de alegría, de haber visto a este hueon pescando en medio de un río, fumándose un cigarro, con algo de bondad. De verlo en un momento más neutro. Hasta los personajes más terribles tienen un momento íntimo que mostrar, algo más relajado, dentro de toda su mierda. Esa es la deuda, o eso es lo que le estoy cobrando. Cosa que sí me dio otro personaje que era muy duro, pero del otro sentido, era duro de la bondad, pero cuando tenía que enfrentar, tomada las riendas y se transformaba en el hueon más terrible del planeta. Se puede ser malo, pero no puedes ser malo 24/7. Creo que le faltó un poquito de aire. Es la teleserie de mayor éxito, pero como trabajo actoral me quedo con otra.

En esta producción Luis Alarcón interpretó al fantasma de tu padre…

Una de las cosas mágicas que pasaron cuando me entregaron el personaje y empezamos a trabajar, ver de dónde me iba a afirmar, dónde investigar, qué teleseries ver, me encuentro con uno de los personajes más malvados, el personaje de Lucho en “La Represa”. Yo me acuerdo cuando cabro chico que veía la teleserie en Punta Arenas y me daba miedo. Luchito es de allá también, es de Puerto Natales, pero en ese tiempo no tenía idea. Y mira, se da que en la teleserie va a ser mi padre. Este padre maltratador, yo encontré que era algo cerrado absolutamente. Que más cómodo, qué manera de venirle bien a mi personaje, que éste fuera el fantasma. Todo mi cariño y todo mi respeto para él.

En el último capítulo mataste a medio elenco, incluso a tus propios hijos. ¿Cuál fue la escena que más te marcó?

Me acuerdo que mataba a la mismíma Begoña Basauri. Yo después de leer eso caché que ya se habían ido al chancho. Igual al principió pensé que iba a matar a Manuel Pradenas (Álvaro Rudolphy). Pero cuando leí el guion y Jose Luis comienza a buscar a sus hijos para matarlos, yo pensé que alguien me iba a detener, “ni cagando esto sucede, “¿cómo va a ser tan terrible?” Y bueno, mata a un hijo, después mata a otro. Pero la escena más tremenda que me tocó hacer fue matar a mi hija, al personaje de la Celine Reymond. Sin duda. No hay explicación, no hay nada. Hay un vacío enorme al cual tú te dejas caer al fondo. Desapareces. Después de eso… ¿qué? Y la escena final, volarse la cabeza en el santuario, frente a Cristo. No podía ser menor. Y ha pasado, no es inverosímil. Pero jamás pensé que iba a representar algo tan terrible. Yo iba leyendo el texto he iba diciendo “ah, no va a alcanzar a matar a nadie, porque se lo van a echar antes, obviamente”. Y no. Y seguía, y seguía matando a todos. Pero sin duda, la muerte de la hija fue lo que más me marcó.

¿Fue el suicidio el mejor final para este personaje?

Sí. O sea, en el contexto en el que se dio. Hubiese sido fome que se hubiera ido a tomar una botella de wisky al lado del río y se hubiese tomado una sobredosis de pastillas. O que se pegara un tiro en donde nadie lo vea. No, muy dramático, buen final. Un suicidio frente a todos, y salpica la sangre a Jesucristo y a la Virgen santísima. ¡Un gran final! Yo creo que debe haber pasado muchas otras alternativas por la cabeza de Víctor Carrasco, de cómo terminar con este personaje. “No puede terminar así, tampoco lo puede matar Pradenas, que fome”. Si lo hubiese matado otro personaje, hubiera sido la huea más fome del planeta.

¿Qué te pareció la escena en pantalla, junto a Álvaro Rudolphy, Sigrid Alegría y los extras que aparecieron como policias?

La vi en el canal porque nos juntamos todos a ver el último capítulo. Pero me hubiese gustado verla en mi casa. Yo todos los días veía los capítulos. Yo era una señora más de su casa, no me la perdía, la vi enterita. De hecho, la tengo en DVD, me la compré en el supermercado. ¡Te tengo todos los capítulos! Tremendo parcito de actores con los que compartí. ¡Imagínate como me sentía! Me encantó esa escena. Además, hacías todo con tanto cuidado para no se te vaya a caer la emoción en la última escena. Porque lo peor que nos pudo pasar era que al otro día, la gente dijera, “oye, ¿viste el final de la teleserie”? ¡Qué fome!” Incluso para uno como espectador. Encuentro que fue total. Todo bien armadito. Los típicos policias, que son medios inverosímiles, que les queda grande el traje. Todo eso fue un detalle frente a la tremenda escena, el suicidio de un hueon frente al altar. Sí la gente hubiese dicho “oh, le queda grande la camisa al policía 3”, no se hubiera logrado nada. Aquí era todo tan potente, que cualquier detalle se pasó por alto. Encontré que fue un gran final, me encantó que fuese ese. Tremenda experiencia.

Todo el mundo odió a José Luis Echenique…

Hay actores que cuentan que cuando hacen de malo, han tenido reacciones negativas en la calle. A mi nunca me pasó eso, todo lo contario. Han pasado muchos años y aún hay mucho cariño. Y siempre que me preguntan como nadie me trató como José Luis y no como Julio, porque eso sucede a veces, creo que se debe a la verdad que tuvo la teleserie. A lo verosímil que fue. La gente quedó cautivada con la historia y no fue defraudada por un mal último capítulo. No guateó, fue corta, compacta, pocos actores, tremenda historia, tremenda dirección. Y eso fue. Listo, se acabó, nunca más. Hasta luego. Imposible que la repitan, me encantaría, pero son otros tiempos, por el feminismo y otras cosas. Está bien fregado.

¿Sería funada la teleserie en una posible retransmisión?

Yo creo. Yo creo que las cabras pondrían el grito en el cielo. Pero hay que entender que “El señor de la Querencia” es una teleserie histórica. Como historia es un documento importante, porque no se puede negar que lo que se contó ahí fue así. E incluso fue peor. La historia de Chile es así.

Luego de un tiempo alejado de la pantalla chica, volviste a las teleseries con “Conde Vrolok”, en donde interpretaste al padre Faustino. ¿Era tu pelo o te pusiste una peluca?

Era mi pelo, no me lo podía cortar, porque estaba haciendo otro trabajo en teatro. Tenía que llegar con las chiquillas. En televisión llegan una hora antes las mujeres por el arreglo del pelo y media hora después llegan los hombres. Y yo llegaba con las chiquillas, porque tenían que alisarme el pelo por mucho rato. Una teleserie entretenida, media loca, pero que no cumplió los objetivos que se habían propuesto. Pero fue entretenido meterse en ese estilo, único en teleseries. Excepto por una teleserie brasilera, que era muy divertida. No me acuerdo como se llamaba. Caí en “Conde Vrolok” y lo encontré súper entrete, pero creo que pasó sin pena ni gloria. El cura no tenía mucho cuento trascendente. Podría haber estado en la historia como también podría no haber estado. Yo venía de un tiempo de haber estado fuera de pantalla. Siento que fue un atrevimiento el haberse metido en ese estilo.

Tu personaje terminaba siendo vampiro. ¿Te acordabas de ese detalle?

Ese era el detalle más importante. Había que ponerle más cuidado que a todo lo demás. Las transformaciones eran muy charchas, ¡eran muy charchas! No rendimos desde el punto de vista actoral, era muy poco creíble. Cada vez que nos esterábamos en el guion que venía una transformación a vampiro, sabíamos que iba a ser charcha. Y dicho y hecho, todas las transformaciones eran charchas. Con los dientes, que parecían dientes de bolsitas de sorpresa de cumpleaños de cabro chico. Muy mal hecho. Objetivo no logrado (Risas).

Fue tu primera teleserie compartiendo con Claudia di Girolamo…

Fue tan poco transcendental “Conde Vrolok” que prefiero recordar mi trabajo con Claudia en otras teleseries, como en “Río oscuro”. Claudia es generosa, muy profesional, muy seria. No se toma nada a medias tintas, por eso tiene la trayectoria que tiene. Siempre va a ser un honor estar al lado de tamaño personaje, uno aprende muchas cosas. Si tú comienzas a tomar la tele casi como algo menor, la Claudia te deja bien clarito que no es eso, que es un trabajo profesional y por menos importancia que tenga un personaje tienes que darle el valor que se merece. Eso aprendí de Claudia, nunca mirar en menos a ningún personaje. Su nivel de profesionalismo es enorme, de verdad no dan muchas ganas de equivocarse cuando tienes al lado a Claudia.

Luego de tu paso por TVN, vuelves a Canal 13 a protagonizar “Primera Dama”, dándole vida a Leonardo Santander, el Presidente de la República…

Ahí ya estaba regalón. Imagínate cuando me fui al 7 me fui por tamaño personaje, y ahora me trae de vuelta el 13 para representar al Presidente de la República, ni más ni menos. A mí me encantó hacerlo, aunque nunca me gustó mucho el guion. A mi cuando las cosas no me resultan muy verosímiles me cuesta meterme. Aunque me encantó trabajar con la Celine como pareja, había cosas que no me las creía.

¿Qué era lo inverosímil?

Toda esta situación interna de la casa en donde vivía. Pasaban cosas muy imposibles, súper rebuscadas. Pero entretenido, yo me entregaba al juego. Pero creo que al personaje le pasaban cosas serias, como un atentado. Entonces, entremedio se le daba una connotación de comedia que a mi no me funcaba bien. Había situaciones bien irreales, que querían ser graciosas, pero la verdad a mi me apestaban. Yo quería hacer una huea seria, todo el rato. Yo tenía que adecuarme a escenas que yo jamás me hubiera imaginado que hubiesen tenido que estar en ese guion. Tenia que cambiar el switch, tenía que ponerle una connotación graciosa a algo tremendamente serio. Me costó moverme ahí. Pero tengo bonitos recuerdos del elenco y de la parafernalia de representar al Presidente de la República. Es la cagá, lo recuerdo con mucho cariño. Está en un lugar muy especial.

En “Secretos en el Jardín” interpretaste al gringo O’Ryan. ¿Por qué este personaje es tu favorito en teleseries?

Porque acercó a este formato de teleserie una parte de la historia de Chile a la cual no se tiene acceso tan fácilmente. Es una parte muy dolorosa, en dictadura, con personajes nefatos, con muchos recovecos y datos que fueron investigados muy a fondo por parte de la guionista Nona Fernández. Ella nos entregó un guion de primera categoría, donde se pudo contar esta parte de la historia de Chile bien borrosa. Yo creo que esto tuvo que ver con que nos hayan cambiado de horario, porque esta era una teleserie de las 22:00 horas. Es mi opinión, pero creo que a alguien le molestó la temática y por eso nos tiraron a un horario en donde la gente estaba durmiendo, para que no la vean. Se tocaban personajes que están hoy en día en el poder, que han estado siempre presentes… y se veían ahí, en la historia. Hizo mucho ruido esa teleserie, estaba súper bien hecha. Yo creo que fue una movida política para que no nos vieran. Después que se gastaron un montón de billete para hacerla, me da la impresión que hubo una instrucción desde arriba para sacarla del aire. Y como no pudieron, nos tiraron al trasnoche.
Al personaje no lo pude amar más. Lo encontraba tan bondadoso, un defensor de su familia, que también tenía sus yayas, era alguien que traficaba en el puerto, pero tenía muchos principios, a pesar de hacer estas tonteras, que fue lo que usaron para hacerle daño, hasta llegar a su hija. Le tengo mucho cariño al gringo O’Ryan porque es un personaje que puedo reconocer, es real, que le hace ruido a los poderosos. Noble, hermoso personaje, tenía relaciones muy lindas con sus pares, con sus hijos. Me encantó la nobleza de ese personaje. Nunca lo he hablado con Nona Fernández. La verdad es que no me relaciono nunca con los guionistas. Solo con Víctor Carrasco, que tuve una relación más estrecha. A veces ni me entero quién escribe las teleseries. Pero la Nona acá se lució con un guion de primera categoría. Y la dirección de Rodrigo Velásquez fue notable. Yo invito a la gente a ver “Secretos en el jardín”, teleserie que se la sacaron del living de su casa. Canal 13 debería repetirla. Tiene un tremendo filete, un tremendo elenco, actuaciones fenomenales.

También fuiste parte de la eterna “Verdades ocultas”, interpretando a otro villano; Pedro Mackenna…

Yo no tenía idea que iba a durar cuarenta y cinco años. No tenía idea que era un experimento así de largo. Tuve mi desarrollo y me mataron con una estatua en la cabeza (Risas). Empecé a ver como comenzaron a surgir otros malvados, a ver como la huea era eterna. A mi me pareció súper entretenido, creo que es un tremendo experimento. Me alegro por la Camila Hirane, por Matías Oviedo, por haber tenido ese trabajo por tantos años, cosa que a esta altura es darse con una piedra en el pecho. Ahora con cuea te hacen un contrato por teleserie, por capítulo o por citación. Pero bien, que vengan más de esos experimentos. Pedro fue un personaje sin mayores dificultades para enfrentarlo. Un hueon que buscó el cariño de su hija. ¿Cachai que no fue algo muy rebuscado? Un personaje que se puede repetir en muchas teleseries. Nada del otro mundo. No pensé que tendría ese final, que se convertiría en un hueon tan penca. Pero fue un buen pasar.

En “Gemelas” fuiste Manuel Vásquez de Acuña, el padre de las hermanas interpretadas por Paloma Moreno. ¿Qué tal esta experiencia en Chilevisión?

La raja. Dimos la pelea, entramos a pelear rating con Mega. Era un gran desafío, un área dramática nueva, se armó una teleserie con harto cuento. A mi me encanta la Paloma, en todo sentido, como mina, como actriz, como persona, la encuentro que es un tremendo filete y siento mucho que no le haya ido bien en el 13, porque la Paloma se merece un exitazo. Ella es una enorme. Yo creo que Chilevisión se farreó una oportunidad. No tengo idea por qué no hicieron otra teleserie al hilo. Preguntamos si iban a hacer otra y nos dijeron que no. Se desinfló. Deberían haber aprovechado el airecito. Ojalá se vuelvan a abrir las áreas dramáticas, queremos hacer televisión. Yo quiero hacer televisión, estoy ansioso.

Tu último personaje en teleseries fue Juan Echeverria, en “Rio Oscuro”…

Encontraba que era una tremenda historia, hubo mucho ruido en el intertanto porque no era una teleserie escrita de pé a pá. Se fue escribiendo u ordenando en el camino. Pero cuando nos pegan el portazo de tirarla después de las doce de la noche… Yo creo que al Víctor Carrasco no lo dejaron escribir tranquilo. Porque una historia tan contundente como la que nos ofrecieron, cuando nos contaron, se fue desdibujando en el camino. Yo pensaba, al comienzo, esto es un tremendo cuento. Y luego, cuando salió al aire, pasaron dos semanas y la cambiaron de horario. Canal 13 tiene esa huevá, se hace zancadillas a si mismo. Uno se pregunta, ¿para qué invierten? Si no obtienen el rating en las dos primeras semanas, te mandan altiro al trasnoche. ¿Cuál es la idea? ¿Les sobra el dinero? ¿O no están ni ahí con el área dramática? Yo creo que es lo segundo. Ellos no quieren su área dramática. Si tienes los medios, tienes a Víctor Carrasco… yo al menos sentí en el lápiz que se desinfló algo. Y en el ánimo de nosotros también. Nosotros sentíamos que era una buena teleserie, porque el Víctor es bueno. Pero se transformó en una planicie fome, latera, desanimada. Con el ánimo en el suelo de todo el equipo. Pintaba para un tremendo exitazo, pero le hicieron la cama los directores de Canal 13. Nos deprimió, nos mandó a la cresta. Era una lata la cuestión, la gente llegaba sufriendo a hacer la teleserie. Los actores decían, “¡qué lata esta huea! ¿Y cuánto queda? ¡Caleta!” Cuando pasa ese desánimo en el equipo es horrible.

Has comentado en varias ocasiones en esta entrevista que estás ansioso de volver a las teleseries. ¿Pensaste que la extrañarías de esa forma?

Uno aprende a querer la televisión. Yo aprendí a ser un actor de televisión, siento que aprendí una forma de actuar que no estaba dentro de mis cánones. Se echa de menos los equipos, esa cosa rica que tiene la televisión, que no es solo llegar y grabar en el set. Es todo un mundo, hay todo un ritual, el cafecito, el comentar las escenas, sobre todo cuando una teleserie está entrete. Es un mundo, me gustaría revivirlo, darle un nuevo aire. Igual que en las películas del oeste, vas ahora a los canales y es todo un desierto. ¡Y es tan importante un área dramática para un canal! Es cosa de ver Brasil, Colombia, México, que tienen unas tremendas industrias dramáticas. Yo no entiendo cómo en Chile pasó lo que pasó. Nos quedamos sin pega. ¿Qué pasó con las áreas dramáticas? En Chile se hacían tremendas producciones, súper entretenidas. Con la competencia del otro canal. Le daban vida, le daban valor, le daban estatus a la televisión. A veces son menoscabas las teleseries, pero hubo tremendas producciones. Y vemos como los actores se están volviendo viejitos, solos en sus casas, sin que nadie los pesque, hueones que deberían tener una estatua en cada canal. Es entretenido hacer televisión, es pega, es trabajo, es dignidad, es amistad. Es arte, es otra forma de hacer arte. Yo quisiera estar, para aportar en una gran teleserie, sea donde sea. Y tener días de grabación, como antes. Lo espero ansioso.