Temporales: Los retos de una ciudad poco preparada para la lluvia

Temporales: Los retos de una ciudad poco preparada para la lluvia

El pasado fin de semana, la Región Metropolitana y gran parte de la zona centro-sur de Chile, fueron testigos de un duro sistema frontal. Y las postales fueron las mismas de años anteriores: paso niveles colapsados, calles anegadas y corte de luz en algunos sectores de Santiago.

Tras el arribo de un nuevo temporal – el que incluso dejaría agua nieve en la zona alta de la RM- parece obvio preguntarse por qué Santiago «sufre» tanto en invierno. «Efectivamente es una ciudad poco preparada, con sistemas sanitarios que no se han actualizado al ritmo que crece la urbe», advierte Rodolfo Cabezas, académico de Ingeniería Civil de la U. San Sebastián, Máster en Ingeniería Geotécnica y Doctor en Ingeniería. «La pendiente y la forma natural que tenía antes la ciudad también juega un rol y recarga zonas específicas de la ciudad», agrega.

Los desafíos de la Región Metropolitana

A juicio del especialista, «la descarga de agua a fuentes naturales (ríos, canales) o artificiales (sistemas sanitarios) son parte de los puntos críticos que merecen una pronta atención y mantención. Lo clave es que el agua salga rápido de la zona urbana, favoreciendo vías de escape», resalta.

Y en este complejo escenario, los desafíos para la Región Metropolitana se plantean a dos niveles. «A gran escala, mejorando la planificación territorial, ya que existen zonas que congregan gran cantidad de personas sin los sistemas de descarga a fuentes naturales. Esto provoca el colapso de los sistemas de aguas (por ejemplo, en algunas zonas de Maipú)», detalla Cabezas. «A mediana escala, en tanto, se requiere generar infraestructura crítica de captación de mejor calidad y mantenerla. Ahí estamos al debe».

¿Qué rol cumple la ingeniería en ello? «Mejorando las soluciones a desarrollar. Por ejemplo, no da lo mismo los materiales con los que se construya un canal. Influyen directamente en la velocidad, en la capacidad de descargar las aguas que llevan. La ingeniería sirve para modelar flujos naturales, para ver la infiltración del suelo, la posibilidad que cedan, entre otros».

Posibles deslizamientos de tierra

Las lluvias y la eventual caída de agua nieve trae consigo el riesgo de deslizamiento de tierra en zonas precordilleranas. La mano del hombre tiene impacto en ello. «La sequía y las altas temperaturas provocan que el suelo esté más seco de lo normal. Cuando llueve en grandes cantidades, éste no alcanza a absorberla y comienza a deslizar la primera capa cerro abajo», detalla Fernanda Palacios, directora Ingeniería Civil USS, Máster en Ingeniería Ambiental.

«La deforestación y la disminución de la cantidad de árboles en los cerros provocan que estos pierdan «estructura», quedando material inerte, que finalmente produce los aludes», apunta.

Y concluye con un ingrediente no menor: «la gran cantidad de construcciones que no están regularizadas, por ejemplo en algunos cerros de Valparaíso que no son aptos para ello. Problemas de pendientes altas y, a su vez, suelos que presentan características impermeables complican el escenario».