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Confort o sacrificio. Por Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco

Confort o sacrificio. Por Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco

¡Qué es esto! ¿Confort? ¿Sacrificio? Palabras que hemos escuchado o leído bastante, mucho, en el último tiempo. No hay quien no las emplee, a propósito de nada y de todo. En realidad, no son solo las palabras antedichas, sino las expresiones “zona de confort” y “zona de sacrificio”. La primera se utiliza para relevar ideas que instalan, o nos instalan a unos o a otros en ambientes confortables, cómodos; el caso contrario, la así denominada zona de sacrificio, se ocupa para referir a escenarios o realidades no deseadas, incómodas o derechamente sufrientes.

El uso de estas expresiones utilizadas principalmente por dirigentes, parlamentarios, autoridades de gobierno, comunicadores, y reiteradas para hacer parangones de un antes y un después, o de un aquí y un allá, para ponernos en situaciones paradigmáticas simuladas de nuevos contextos, prometidos, soñados, en contraste con experiencias vividas, malvividas o bienvividas, y allí, asoma y prima la subjetividad, lo arbitrario. Nadie puede saber qué concepto de confort o de sacrificio tenemos cada uno, o qué concepto de confort o de sacrificio hemos vivido, o hemos construido en nuestras experiencias de vida, y si lo hemos gozado o padecido. ¡Todo es tan relativo!

Confort. “Bienestar o comodidad material”. Así reza, en su única acepción, el Diccionario de la Lengua Española. ¿Suficiente? ¡No! Si hurgamos en la sinonimia (subjetiva, por cierto), descubrimos, expresiones tales como lujo, prosperidad, desahogo, riqueza, comodidad, entre otras, Obsérvese, lo amplio y difuso de estas equivalencias. Las fronteras, los límites de significado de estas palabras son de una vaguedad, una imprecisión supina. Nadie siente tener claridad acerca de la significación de una, otra y otra palabra. Todos tenemos una idea, una cierta idea, pero diferente, aplicables a contextos y dominios variados. Lo que es confort para uno, no necesariamente es así para otro. Lo mismo es aplicable a las expresiones sinónimas.

Sacrificio. “Acción a que alguien se sujeta con gran repugnancia por consideraciones que a ello le mueven”. ¡Cuánta metáfora de por medio! O esta: “Esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien”. Cual sea, el sacrificio en sí es autodisciplina, esfuerzo, dedicación, constancia, lucha, perseverancia, estudio, aprendizaje,… y padecer, tolerar, armarse de paciencia, tener aguante, pasar penurias.

Nada es fácil en este tránsito. Del sacrificio al confort, o del confort al sacrificio.

De todos modos, todo es tan relativo, tanto desde la perspectiva del otro, como desde la perspectiva de uno mismo. Lo soñado, lo anhelado casi siempre está fuera, a veces, lejos de la así llamada zona de confort. Esta zona es más bien, la zona de la comodidad, mientras que el logro, la meta, los fines más parecen zona de sacrificio, es la jornada de trabajo, es la relación laboral, la jerárquica, las metas, las tensiones, y esta zona de sacrificio contamina, la así llamada zona de confort.

Que la zona de confort es un objetivo, un colofón, un fin, puede ser. Que la consecución de ella no está exenta de sacrificios, molestias, enojos, quejas, por cierto. Lo que es preciso, entonces, es el equilibrio, la prudencia, la circunspección, la sensatez.

¿Cómo hacer? ¿Qué hacer, además? Separar aguas. No contaminar la zona de sacrificio con la zona de confort o viceversa. Dar espacio a la paz interior, no dejarse llevar por los arrebatos.

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