El triunfo de Rodrigo Mundaca para ser reelecto como Gobernador de Valparaíso fue contundente, inapelable, indiscutible y territorialmente amplio.
Nadie puede poner dudas sobre el enorme respaldo que obtuvo en las urnas el dirigente medioambientalista, que permanecerá cuatro años más encabezando el Gobierno Regional de Valparaíso.
Una victoria representada por triunfos claros e inobjetables en cada una de las 38 comunas de la Región de Valparaíso, no en la Quinta Región, como decían algunas candidaturas provenientes desde Santiago, con una ignorancia geopolítica y de nomenclatura sólo perdonable a «los turistas».
Y allí estuvo la clave. Porque desde cada frontera de este pedazo de territorio con capital regional en Valparaíso, el mensaje fue uno sólo: no vengan desde Santiago a decirnos qué tenemos que hacer, cómo tenemos que opinar, y que cosas debemos decidir.
Ese fue el gran mérito del ganador de este domingo, quien supo leer en los votantes la necesidad de ser representados por uno de los suyos, que les guste o no, conocía mejor que su rival el manoseado concepto del «territorio».
En este punto del mapa es donde aparece el gran error de la candidata opositora, la ex diputada UDI María José Hoffman, quien apostó a su conocimiento como parlamentaria de la zona, a su figuración nacional como dirigenta del gremialismo y a una retórica de campaña que se empecinó en decir que «todo estaba mal» y que «iría peor», porque la actual autoridad sólo había cometido errores tras errores, apoyándose en temáticas de corte nacional, que no tienen necesariamente el mismo relato en esta zona.
Su caballito de batalla: la seguridad; su respuesta, cámaras y más cámaras… claro, un argumento comodín que sirve en Providencia, Las Condes, Maipú o Santiafgo Centro, pero no necesariamente en Juan Fernández, Olmué, Zapallar, El Tabo, Rinconada, Nogales o Llay Llay.
Lo que parecía ser su gran apuesta se transformó en una trampa, porque la retórica pública se transformó en algo monotemático, poco novedoso y desconectado de otras necesidades locales, como por ejemplo la conectividad, el desarrollo económico, la agricultura, los problemas ambientales, de vivienda, salud y educación que presenta la zona.
Los problemas concretos de la Región de Valparaíso, no los problemas de la «Quinta»; porque la misma plantilla discursiva se podía ocupar para la «Sexta», la «Cuarta», la «Octava» o la «Décima», y claramente todas estas áreas geográficas tienen matices.
Por eso Mundaca no puede ni debe pensar -aunque le cueste, aunque no quiera asumirlo- que todos los votos fueron únicamente una muestra de respaldo hacia su gestión, porque el registro de derrotas de la candidata de ChileVamos en todas las comunas, fue en primer lugar, un castigo hacia quien era la abanderada de ese sector.
Una candidata que entró a los empujones, para sacar del camino al precandidato de Renovación Nacional, el ex diputado Luis Pardo, hombre de la zona que no tuvo ni la más mínima muestra de respaldo desde la directiva de su partido. Dirigentes nacionales que se dejaron convencer por encuestas que nunca fueron públicas en su metodología y resultado.
Quizá Pardo también hubiese perdido, pero sin hablar de la «Quinta», y eso le habría reportado algunos puntos a favor.
Lo mismo sucedió con los otros candidatos opositores; en menor medida con el Republicano Francesco Venezian, quien también se sumó a la retórica del «todo está mal y seguirá peor», mientras el independiente Manuel Millones, fue más cauto, más distante y más hábil, a la hora de no derivar como una transferencia electrónica, los sufragios que había recibido desde sectores muy críticos a la actual administración regional, pero que valoraban su conocimiento territorial y su ejercicio como Consejero Regional.
Quizá Millones también habría perdido, pero sin encontrar todo mal, porque al final de cuentas, él fue uno de los que con su voto, respaldó las propuestas de Mundaca ante el CORE y construyó acuerdos para avanzar en diversas iniciativas.
Los que hemos dedicado nuestra vida profesional al ejercicio periodístico en regiones, sabemos el deconocimiento que existe de los temas locales fuera del Gran Santiago, y que muchas veces son aplastados por el centralismo y el paternalismo editorial capitalino.
Lo mismo pasa con algunos partidos políticos… de ellos depende aprender la lección.
Pero eso fue el domingo y hoy es lunes, y la vida sigue.
Por eso hay algunos aspectos que es necesario precisar.
La victoria de Rodrigo Mundaca, aunque lo haya repetido como un mantra desde el domingo pasado, no fue una victoria sobre la abanderada de la UDI, Evelyn Matthei, o los alcaldes electos en Santiago y Ñuñoa. Su victoria fue sobre el centralismo y el discurso monotemático de los partidos de oposición, que quisieron aplicar una plantilla discursiva, avalada por una candidata que se mostró desconectada de la realidad local, con una discreta campaña propositiva y de inexistente autocrítica.
No fue un triunfo presidencial, aunque a Rodrigo Mundaca le guste que le pregunten por eso en los noticieros de televisión. Los campeonatos regionales de política no dan títulos nacionales; para pasar a esa dimensión, hay que dar un paso adelante y dejar unas cuantas cosas atrás, entre ellas, las que le permitieron ser reelecto como gobernador regional «al galope» en la Región de Valparaíso.
La tarea de Mundaca, si quiere avanzar hacia lides mayores, es profundizar su modelo de gestión, lo que no será fácil ante un Consejo Regional opositor, con alta presencia del Partido Republicano, con temas pendientes en la agenda, como la investigación en desarrollo por la entrega de recursos a fundaciones, y la potencial irrupción de liderazgos locales, nacidos en los municipios, concejos comunales o el propio CORE, que verán con ambición el sillón que detenta la actual autoridad.
Si a eso agregamos las coyunturas del momento, como incendios, sismos, inundaciones, sequías, conflictos ambientales y todo tipo de problemas imaginables, como obstáculos del camino, su alta popularidad puede terminar desvanecida ante electorados cada vez más distantes y más críticos del ejercicio de la autoridad.
Y por último, si la discusión política por fin permite entregar sin mezquindad las verdaderas atribuciones que merece y debe tener un gobierno regional, la tarea de Rodrigo Mundaca tendrá una dimensión nacional y un impacto que lo ubicará en el lugar donde cree haber llegado.
La tarea es suya señor gobernador.