El 8M nos invita a reflexionar y conmemorar una fecha significativa para la historia de los derechos de todas las mujeres. Nos impulsa a cuestionarnos qué responsabilidad tenemos como instituciones educativas en construir una sociedad respetuosa, dialogante y justa.
En nuestra universidad parte de los valores institucionales es formar profesionales capaces y competentes, que a su vez sean un aporte al desarrollo de las comunidades y del país. Es relevante incentivar el pensamiento crítico, autodeterminación y libre pensamiento, para que sean conscientes de su realidad regional, nacional y mundial.
Educar en equidad no significa imponer o restringir el pensamiento a una postura, propuesta o postulado. Significa, más bien, entender que pertenecemos a una comunidad universitaria pluralista, capaz de reconocer y respetar la diversidad de experiencias, trayectorias y miradas. Logrando con esto alcanzar la excelencia académica y la responsabilidad ética en cada ámbito de su desarrollo, desde la forma en que nos relacionamos dentro y fuera del aula hasta su rol profesional.
Este es un gran desafío para todas las universidades, una tarea que va más allá de transmitir conocimientos. Nos abre puertas para construir y fortalecer la cultura institucional, modelando formas de encuentro y ofreciendo las herramientas para comprender una realidad social que cambia vertiginosamente, colaborando positivamente con profesionales que se adaptan a los desafíos de su tiempo.
Para la sede regional, este compromiso tiene un valor adicional, ya que nuestro ámbito de competencia incide directamente en las bases del crecimiento regional y de la macro zona norte. Tenemos la posibilidad de invitar a la comunidad educativa a revisar las formas de vinculación territorial, prestar atención a sus necesidades, tensiones y oportunidades. Fortaleciendo el desarrollo de comunidades más inclusivas, respetuosas y preparadas para contribuir en alcanzar los intereses de manera cohesiva e integradora.
Desde el equipo de la Unidad de Género y Diversidad de la Región de Coquimbo, hemos podido constatar como la formación integral se juega en lo cotidiano; en la calidad del trato, en la escucha activa, en la prevención de las violencias, en la capacidad de acompañar procesos y en la construcción de espacios donde cada persona pueda desarrollarse con respeto. Estas dimensiones humanas de la vida universitaria son esenciales y el centro de nuestro proyecto educativo. El logro de estos objetivos es comunitario, donde cada persona desde su espacio, puede y debe aportar.
Tengamos en cuenta que educar no es sólo preparar para el trabajo: es también preparar para convivir, cuidar a la comunidad y aportar, desde la pluralidad, a una sociedad más humana, respetuosa y justa.