En muchas partes del mundo, incluido nuestro país, en mayo nos llenamos de muestras de cariño y regalos con motivo de la celebración del Día de la Madre. En medio de este ambiente de afectividad, es posible destacar un elemento fundamental en el desarrollo infantil: la palabra mamá. Breve, simple y cargada de significado.
Mamá comienza con M, un sonido que se produce cerrando los labios y dejando salir el aire por la nariz. Este es uno de los primeros fonemas que los niños logran emitir, debido a su facilidad articulatoria. Si a esto le sumamos que el lenguaje se construye en interacción con otros, y en palabras de Humberto Maturana, gracias a la biología del amor, no es de extrañarnos que la primera palabra de nuestros hijos sea, precisamente, mamá. Este vocablo se asocia a una figura de apego y cuidado, por lo que no solo se dice, sino también, se siente.
De igual forma, mamá constituye un hito muy importante en el desarrollo de la oralidad, ya que marca el paso desde la etapa del balbuceo hacia la producción intencionada de palabras, con lo cual, los niños comprenden que el lenguaje sirve para comunicar, para expresar y para vincularse con otros.
Esta palabra también es importante cuando se aprende a leer y escribir. Mamá aparece como uno de los primeros elementos que los niños y niñas reconocen visualmente durante la etapa logográfica de la lectura, identificándola globalmente por su forma, tamaño y contexto familiar en que se utiliza.
Más adelante, cuando los niños comienzan a comprender el principio alfabético, mamá vuelve a cobrar protagonismo, ya que su estructura silábica simple permite segmentarla, jugar con sus sonidos e identificar la correspondencia entre fonemas y grafemas. Es una palabra que abre la puerta a la reflexión sobre el lenguaje escrito:
¿con qué letra empieza?, ¿qué otras palabras empiezan igual?, ¿qué pasa si cambiamos una letra por otra?
Asimismo, en los primeros intentos de escritura ocurre algo similar, los niños incluyen palabras familiares que representan un deseo de comunicar algo relevante. En ese contexto, escribir “mamá te amo”, se vuelve un acto con sentido, porque se escribe para alguien en particular desde el vínculo, lejos de los ejercicios mecánicos tan característicos de algunos establecimientos escolares.
En este escenario, el rol de la figura materna es clave para generar entornos ricos en lenguaje, donde conversar, nombrar, cantar, leer en voz alta o jugar con palabras se convierte en una acción que permite potenciar el desarrollo lingüístico y cognitivo de los niños.
Celebrar a mamá es sin duda, importante. Pero también lo es comprender que, a veces, todo comienza con una palabra. Una palabra que, en mayo, cobra aún más sentido. Una palabra que inicia con la M de mamá.