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Nuestro derecho a una vida sin violencias. Por Emilia Cuadros Zenteno y Alejandra Brito Urrutia

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Para hablar de violencia contra las mujeres podríamos citar todas las cifras que año a año se elaboran, pero basta con nuestra propia experiencia: La violencia es miedo, la violencia es silencio, es soledad, dolor, culpa, la violencia es oscuridad. E injusticia social, económica, jurídica y cultural. Implica una ofensa a nuestra dignidad y una violación a nuestros derechos humanos y libertades fundamentales. Las mujeres sabemos que hablar de violencia implica todo esto y mucho más, porque la hemos vivido a diario y de múltiples maneras.

Frente a una nueva fecha de conmemoración del Día de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, este 25 de noviembre, los feminismos nos levantamos y luchamos contra todas las violencias que afectan a mujeres, disidencias sexuales y cuerpos feminizados. Algunas de estas violencias se dan en formas más visibles como el acoso callejero y la violencia física, pero bien sabemos que permea toda nuestra vida pues vivimos en una sociedad patriarcal y machista. En este contexto, nos parece pertinente hablar sobre las formas que toman las violencias en la Convención Constitucional y la campaña presidencial, dos temas que marcan la contingencia de esta nueva conmemoración.

Vivir una vida libre de violencia es una condición indispensable para que podamos participar de forma plena e igualitaria en todas las esferas de la sociedad, y por eso, su erradicación es un asunto de interés social. Nuestro derecho a vivir sin violencia y el deber del Estado de prevenir, reparar, sancionar y eliminarla, debe estar consagrado en la nueva carta fundamental. Así se ha hecho en países como Bolivia, Paraguay, Ecuador, entre otros. La Constitución debe asegurar la existencia de una ley que contenga un conjunto robusto de derechos y obligaciones para erradicar las relaciones desiguales de poder fundadas en el género, y así construir una democracia que no violente ni discrimine.

Este estatuto debe hacerse cargo de esta desigualdad estructural para proteger que vivamos libres de violencias y garantizarlo de forma integral. No basta con la igualdad formal, necesitamos fórmulas que permitan la igualdad sustantiva. Necesitamos una paridad que trascienda toda la institucionalidad estatal y privada. Un sistema de cuidados que no haga que estas tareas recaigan en nosotras las mujeres, y que el Estado se haga cargo del derecho a ser cuidado y a cuidar. Creemos que las vivencias de las personas históricamente oprimidas deben ser transversales a todos los articulados y formulaciones que se hagan para que nunca más seamos silenciadas.

Lamentablemente, a cuatro meses de la instalación de la convención, hemos visto cómo la violencia ha estado presente en esta misma. Convencionales mujeres han recibido mensajes de odio día a día, agravándose cuando se trata de escaños reservados como la presidenta Elisa Loncon y la machi Francisca Linconao. Las organizaciones feministas nos hemos movilizado contra esto, y desde la Articulación Territorial Feminista Elena Caffarena se ha promovido la firma de un reglamento que garantice la no violencia. Se han visto rayados en los muros en apoyo a estas convencionales, que en poco tiempo, tanto nos han enseñado sobre el buen vivir. La resistencia feminista está presente.

Asimismo, ha sido aterrador ver estas mismas apologías a la violencia y a la violación en los dichos de un diputado recién electo. Inclusive, uno de los candidatos presidenciales tiene en su programa la derogación de la ley de aborto en tres causales, la eliminación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género y mayores beneficios para las mujeres casadas. Bajo la lógica de su programa, sólo se observa un retroceso en los derechos de las mujeres y en la democracia misma. Necesitamos un proyecto político que se haga cargo de los problemas de las mujeres y disidencias sexuales, que continúe la línea refundacional que la nueva constitución abre y que mejore las condiciones materiales de las personas.

Este 25 de noviembre, es difícil ver cómo se instalan los discursos en la política institucional de quienes quieren que las mujeres no podamos votar, quienes buscan restringir nuestra libertad y sofocar nuestra democracia. Sin embargo, este día nos movilizamos para demostrarle al mundo que las feministas estamos presentes y resistimos. Las feministas seguimos aquí y seguiremos estando. Nos preceden muchas y muchas más vendrán. Este 25 de noviembre, queremos un pacto social por y para todas. Las feministas defendemos la democracia para garantizar una vida sin violencia y este 25 de noviembre, lo hacemos con más fuerza.

 

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