Un grupo de entre 20 a 30 personas a rostro cubierto causaron serios destrozos en sector del Barrio Lastarria.
Cerca de las 18:00 hubo manifestaciones en los alrededores de la Biblioteca Nacional a pasos de la Plaza Baquedano, donde hubo intentos por levantar barricadas y cortar las calles con bolsas de basura.
Tras ser dispersados por Carabineros, cerca de las 20:30 un grupo de similar número llegó hasta el Barrio Lastarria en donde causaron daños y destrozos en los comercios del sector, principalmente los sectores de las terrazas.
De acuerdo a los relatos, hubo enfrentamientos entre estos individuos y comerciante ambulantes del sector, quienes los confrontaron y terminaron arrojándose objetos como sillas, mesas y piedras.
Carabineros no reportó personas detenidas por estos incidentes.
Condenamos una vez más estos cobardes e impunes ataques a locales gastronómicos en Lastarria, un sector que se convirtió en una verdadera zona de sacrificio para quienes desarrollan sus actividades y dan empleo en lo que era un tradicional e icónico barrio de Santiago.
Necesitamos que el gobierno pase de la condena a acciones concretas para terminar con esta barbarie y erradicar a los violentistas del centro de Santiago.
Más que zona cero, hoy todo ese sector parece una zona condenada a morir si el Estado y las autoridades no reaccionan y terminan con estas minorías altamente destructivas que han hecho de la violencia un problema crónico.
A los locatarios de Lastarria y del sector de Plaza Italia les ha costado mucho mantenerse en pie, entre el estallido y la pandemia,
pero más grave que el Coronavirus, al rubro gastronómico y el turismo nos ha golpeado más fuerte la pandemia de la violencia.
¿Qué tiene que pasar para que esto se termine? La delincuencia y la violencia nos están arrebatando los espacios públicos a los ciudadanos honestos y no vemos una reacción del Estado frente a estas graves vulneraciones de derechos. De qué sirven las ayudas financieras que entrega el Estado si no podemos trabajar tranquilos y con normalidad. Los responsables de la seguridad pública le tienen que poner freno a este desquiciado ritual de violencia que afecta al Centro de Santiago y diversas zonas del país.