Recientemente, el estudio «Diversidad en el Trabajo» de la consultora Laborum ha revelado una realidad preocupante: Chile se destaca negativamente como uno de los países de Latinoamérica donde más se discrimina en el ámbito laboral. Los datos hablan por si solos: un 84% de los trabajadores en la región ha sido víctima de discriminación en su lugar de trabajo. En Chile, el 59% de estas personas ha manifestado haber sido discriminada por su edad, el 20% por su género y el 9% por tener alguna discapacidad.
Este estudio se suma a otros que señalan a los espacios laborales como los escenarios puntuales donde ocurren la mayor cantidad de actos discriminatorios. En el informe citado, la discriminación por edad se erige como la principal causa de rechazo en el trabajo en el país. Este dato no solo es desalentador, sino que también refleja una falta de apreciación por la experiencia y la sabiduría que los trabajadores de mayor edad pueden aportar. La juventud es valorada en exceso, mientras que la experiencia es subestimada. Este fenómeno es un desperdicio de talento y conocimiento que podría enriquecer enormemente a cualquier organización.
El género sigue siendo un factor de discriminación significativo. Que el 20% de las personas haya experimentado rechazo laboral por su género evidencia que, a pesar de los avances en igualdad de género, todavía queda un largo camino por recorrer. Las mujeres, en particular, enfrentan barreras adicionales para acceder a puestos de liderazgo y recibir salarios equitativos. Esta desigualdad no solo afecta a las mujeres, sino que empobrece a toda la sociedad al limitar la diversidad y el potencial de los equipos de trabajo.
La discriminación hacia personas con discapacidad, aunque menor en porcentaje, es igualmente preocupante. El 9% de los trabajadores ha sufrido rechazo debido a una situación de discapacidad, lo que subraya la necesidad de crear entornos laborales más inclusivos y accesibles. Las personas con discapacidad pueden aportar perspectivas únicas y valiosas, y su exclusión representa una pérdida para las empresas y la sociedad en general.
Ante este panorama, hay un dato que no pasa desapercibido y es el que indica que el 46% de las personas encuestadas considera que en los próximos años la inclusión laboral no ganará mayor importancia en sus trabajos, frente al 54% que sí lo cree. Esta cifra nos llama la atención porque demuestra que es largo el camino que debemos recorrer para tener presente un cambio social real.
Sabemos que la discriminación laboral es una problemática compleja que requiere una respuesta multifacética. Es por esto que es fundamental que tanto desde el ámbito público y privado se adopten políticas inclusivas y prácticas justas de contratación. Los programas de capacitación y sensibilización pueden ayudar a erradicar los prejuicios y fomentar una cultura laboral más respetuosa y equitativa pero sin una decisión política real esta perderá efecto y se seguirá teniendo cifras preocupantes en materia de discriminación.