Valparaíso tiene el imperativo histórico de recuperar su patrimonio urbano. El abandono y deterioro han eclipsado gran parte de la belleza que hizo de esta ciudad una “Joya del Pacífico”, cuyo trazado anfiteátrico y viviendas colgantes motivaron su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
A casi 25 años de ese hito, los ascensores podrían jugar un rol clave. De los casi treinta que hubo, hoy quedan solo dieciséis, todos Monumentos Históricos, pero apenas unos pocos están operativos.
Imaginar esos funiculares funcionando, conectando el plan con los cerros en menos de un minuto, no solo mejora la movilidad: devuelve dignidad, belleza e identidad a la ciudad. El transporte público es un reflejo de la salud urbana, y en Valparaíso, también de su alma.
Urgen políticas públicas que integren estos ascensores como motores de recuperación urbana y social, revitalizando no solo sus recorridos, sino también sus entornos.