● La actriz Amparo Noguera reflexiona sobre su vida y carrera en un momento de duelo tras la muerte de su padre, Héctor. Reconoce que este duelo fue impactante debido a la vitalidad y actividad reciente que ejercía el reconocido actor. En esta entrevista con Revista Velvet, habla sobre el dolor que acompaña su vida y la necesidad de buscar la felicidad a pesar de las pérdidas. Expresa su miedo al sufrimiento físico asociado a la muerte y aboga por una ley de eutanasia en Chile.
La actriz repasa sus 40 años de carrera y 60 de vida en uno de sus momentos más difíciles, donde combina el éxito en el extranjero con pérdidas personales. En esta entrevista exclusiva con Revista Velvet habla de sus muertos, de ser actriz, de política, del miedo y también de la muerte reciente de su papá. Desde su estreno como actriz en 1985 con «Ardiente Paciencia», bajo la dirección de su padre, Amparo suma casi 150 proyectos en Chile y debutó hace poco en el extranjero. En la película argentina La mujer de la fila, interpreta a Marta, una mujer que canta y baila «Al final, la vida sigue igual» de Sandro junto a Natalia Oreiro.
Desde hace dos años, cuando se separó del actor Marcelo Alonso, vive con su perra Otilia en una casa en Ñuñoa. En esta conversación con Velvet por momentos responde emocionada; varias veces pasa de la pena a la risa nostálgica y al pudor cuando le piden recordar reconocimientos profesionales.
«Al final la vida sigue igual, inevitablemente sigue igual… y uno tiene que buscársela. Pero creo que no hay que confundir el concepto de que la vida sigue con la ausencia del dolor que aquello implica», dice, recordando la escena de la película. Se detiene varios segundos, reflexiona y concluye: «y de la felicidad también». Rabia con la muerte no tengo. Miedo, sí. Creo que tengo miedo a que la muerte se trate de sentirse mal físicamente, del dolor. Eso no me gusta. Creo que es importante tener una ley de eutanasia. Qué alivio sería vivir en un país que tuviera esa ley”, comparte Amparo Noguera mientras hace un repaso de los momentos que han marcado su vida junto a Revista Velvet.
El 29 de octubre, en el Templo Mayor del Campus Oriente de la Universidad Católica, Amparo participó en el funeral de su padre Héctor Noguera. Con la voz rota, lo despidió deseándole que encuentre respuestas y citando a Calderón de la Barca: «Que la vida es una ilusión, y que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».
Dos días antes de la muerte de su padre, el perro más cercano del actor, Clarín, murió de un edema pulmonar. «Teníamos que sacrificarlo porque estaba viejo y sufriendo, pero fue sabio y partió antes. Mi papá estaba con metástasis en los pulmones y no entiendo esa coincidencia, cómo son los perros», dice Amparo. Pero a los segundos aclara algo que dirá varias veces: «mi papá tenía 88 años. No se murió de viejo, se murió de cáncer».
En este diálogo más íntimo, la actriz reflexiona también sobre la pérdida de su madre y cómo lo vivió a sus 33 años cuando sucedió: “Fue muy distinto. Mi mamá (Isidora Portales, destacada productora teatral) se demoró mucho más. Su cáncer duró un año y medio. Yo era más chica. No sé exactamente cómo se enfrentan esos duelos. Quizás ahora tuve menos ansiedad de que una persona se mejore, que tiene que hacer todo para salir de ahí, estar en la clínica, hacerse tratamientos, porque la vida sigue, porque vamos a salir de esto, porque estamos aquí. Mi mamá tenía 63. Mi papá tenía 88, pero insisto, mi papá podría haber seguido trabajando, si no hubiera sido por este cáncer”.
Y agrega: “Tuve a mi mamá hasta a los 33, tuve a mi padre hasta los 60. Perder a tu padre a esta edad es parte de la vida. Tuve el privilegio de tener a mi padre 60 años en un país donde mujeres mueren sin saber lo que pasó con el suyo, con su esposo o con su hijo. Lo que se me hace difícil en el caso de mi papá es que era una persona excesivamente activa, de ir a grabar una teleserie y después ir a hacer una función. Y eso ocurrió hasta hace muy poco. Hace tres meses, dos antes de que él muriera, mi papá era una persona activa, que estaba trabajando. Por eso, a pesar de que es normal y es parte de la vida que tu padre se muera, sobre todo a cierta edad, en el caso de mi papá a mí me cuesta ponerlo ahí. Porque no se murió de viejo”.
Amparo también comparte un poco cómo era la relación tan estrecha y el cariño que le tenía a su padre. “Con él aproveché de hacer algo que con mi mamá hice menos, y que entendí mucho después: tocarlo. Tocarlo. Hacerle cariño, tomarle la mano, hacerle masajes, tocarlo. Y entender el valor de estar con él mientras él estuviera. Se murió súper acompañado por su familia. Muchos amigos dejaron de ir a verlo de un momento en adelante. Por eso entendí el valor del contacto, lo encontré, y la paz con la decisión del otro, de su decisión con respecto a la muerte”.
Cuando le preguntan si se quedó con algún recuerdo de su padre, Amparo comparte una anécdota muy especial. “Estamos viendo, no sabemos mucho. Pero sí, me quedé con algo: Ya no veo nada de cerca, tengo que leer con anteojos, pero a esta distancia veo perfecto y pierdo la costumbre de meterme los anteojos en mi cartera. Íbamos todos a verlo todos los días, a pasar el día con él y nunca llevaba mis anteojos. Él tenía los suyos junto a su teléfono y un libro, al lado de su silla. Yo siempre le decía «papito, papito, préstame los anteojos», y me ponía los suyos. Hasta que al final como que se enojó y me dijo, «pero Amparito, ¿qué pasa con tus anteojos?». Papá, le decía, se me quedan todos los días. Ahora me quedé con sus anteojos, los tengo guardados ahí bajo siete llaves. Él hacía un rito muy personal en la noche, antes de dormir: siempre prendía una velita. Me quedé con los dos fósforos con los que prendió la última”.
En el libro “Autobiografía de mi padre”, escrito por Damián Noguera, Héctor Noguera repasa sus años en el San Ignacio, las misas en las que se pedía por la conversión de Rusia y los masones, con el Padre Hurtado jugando pichanga con sus compañeros y poniendo carteles de justicia social en los arcos. Aunque se definía a sí mismo como no católico, en todo el relato de su infancia está marcado el tinte jesuita. “Mi papá era súper religioso, en el amplio sentido de la palabra. No solo occidental, sino que también muy conectado con el budismo y otras cosas”, dice Amparo.
“Ahora la tengo con mis muertos. Sí. Pero tengo algo católico a fuego. Porque cuando uno ha sido educada bajo la religión católica eso no se va más. Uno puede tener ciertas críticas, alejarse de la iglesia, no sentirse identificado ahí, pero tengo algo católico, sí, obvio: culpa, cartucha. Conservadora, finalmente… «La vida es sueño» es una obra que mi papá trabajó durante toda su vida, la llevó consigo como una especie de guía. Creo que somos parte de un universo que no conocemos. La muerte va a abrir otros canales, otros portales, supongo”, dice la actriz a Velvet.
Hoy, Amparo celebra 40 años de carrera y 60 años de vida, coincidiendo con los mismos aniversarios que su padre celebró en 1997. En esta conversación íntima, la actriz chilena reflexiona sobre su vida personal y profesional en un momento de duelo y aborda temas como su carrera artística, su relación con la muerte, la política, la familia y su conexión espiritual. “Ayer grabé el teaser de Allegados (película basada en el libro del periodista Ernesto Garratt), sobre una madre que vive con su hijo en la Villa Frei. Me tocó trabajar con un chico alumno de teatro en la Católica de primer año. Y lo lindo es que yo dependo ahí, en ese teaser, de ese chico. Yo dependo de él, como él depende de mí. Y eso me da vitalidad… Trabajar solo me abre puertas imaginarias y mentales. Eso quiero, a mis 60 y de aquí en lo que me quede de vida, como mi papá. Este chico que estaba ayer fue uno de los tantos estudiantes de teatro que estuvo en el Campus Oriente haciendo la guardia mientras mi papá era velado en esos dos días. Y después de tres semanas, yo trabajo con él. Encuentro que esos cruces que da el teatro son hermosos. Y son mágicos. Son vitales”, comparte Amparo Noguera.
Para ella, ser despedida de TVN también fue un duelo. Cree que las teleseries son parte del rol que debe cumplir la televisión pública “porque las teleseries tienen el rito familiar y te sienten parte de su familia. Y cuando te ven, te tocan y abrazan”.
En este diálogo, Amparo también aborda su relación con la política y su apoyo al presidente Gabriel Boric, quien visitó a su padre antes de su fallecimiento. Ella critica las posturas de la derecha en Chile, especialmente en temas de derechos civiles y sociales, y expresa su preocupación por un posible retroceso político.
“(El presidente Boric)… se fue a despedir de mi papá pocos días antes que él muriera. Quizás tengo un poquito más de relación que otras personas, pero muy poquito. Es una persona tremendamente cercana. He estado con él en muy pocas situaciones sociales, pero a mí él me encanta. Creo que fue para este país un alivio, un espacio de dignidad y humano muy importante. Hizo cosas importantes: el cierre de Punta Peuco, sistemas de salud que sé que funcionan mejor, la inclusión de la salud mental de verdad en el GES cuando para hacer terapia en este país hay que ser millonario”, señala Amparo a Velvet.
Finalmente, la actriz reflexiona sobre su educación católica y su conexión espiritual con sus seres queridos fallecidos. Amparo concluye que la muerte puede abrir nuevos portales y realidades desconocidas.