Por razones económicas, conflictos bélicos o la búsqueda de nuevas oportunidades, la migración se consolidó como uno de los temas del 2025. El segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos marcó un endurecimiento histórico, con 605 mil deportaciones y 1,9 millones de salidas voluntarias, un giro que influyó en campañas electorales y situó el control fronterizo en el centro del debate global.
En Chile, la migración también cruzó la discusión de las elecciones presidenciales y legislativas. Según la encuesta CEP de mayo de 2025, el 55% de los chilenos percibe conflictos “muy fuertes” con inmigrantes, frente al 44% en 2023. Este escenario se da en un contexto de casi 2 millones de extranjeros en el país, donde propuestas de expulsiones masivas y control militar contrastaron con iniciativas de regularización migratoria.
Frente a este clima, académicos de la Universidad de los Andes (Uandes) entregan una mirada complementaria y diversa. Juan Nagel, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, señala que la evidencia internacional muestra que los migrantes aportan positivamente a las economías receptoras. “Aunque utilizan servicios públicos, su aporte fiscal suele ser mayor, a través del consumo y el pago de impuestos, independientemente de su estatus legal”, explica.
Datos recientes del SII indican que los migrantes venezolanos, la comunidad extranjera más numerosa en Chile, aportan cerca de 500 millones de dólares en impuestos al fisco. A ello se suma el impacto de emprendimientos, “el 12% de las empresas formales creadas en el 2011 fueron fundadas por extranjeros”, detalla Nagel.
Para Édgar Fuentes-Contreras, académico de la Facultad de Derecho e investigador de POLIS Uandes, la migración representa también una oportunidad estructural: “aporta dinamismo económico, renovación demográfica, diversidad cultural e innovación”.
Dignidad humana como eje del debate migratorio
Más allá de la contingencia política, existe una mirada que pone el foco en la dimensión humana de la migración. Francisco Goldenberg, doctor en Teología y académico del Centro de Estudios Generales de la Uandes, sostiene que ya no se trata de una “crisis”, sino de un fenómeno global permanente.
Desde la enseñanza del Papa Francisco, explica, el marco central es el respeto a la dignidad humana, un principio que muchas veces se reconoce en el discurso, pero se niega en la práctica hacia los migrantes. Esta perspectiva promueve legislaciones orientadas a la protección, evitando respuestas restrictivas o represivas impulsadas por el miedo o el cálculo electoral.
Fuentes-Contreras advierte que el desorden migratorio y sus efectos han derivado en medidas duras, como deportaciones indiscriminadas, y en un discurso antiinmigración cargado de estereotipos y rasgos xenófobos. En esa línea, Goldenberg recuerda que tanto el Papa Francisco como León XIV han llamado a una respuesta internacional conjunta, basada en la fraternidad universal y una mirada que reconozca al migrante como signo de esperanza.