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Un incendio ya no es solo un incendio: es un desastre amplificado. Por Suzanne Wylie, directora ejecutiva Fundación Reforestemos.

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El contexto no admite margen de error. Más del 72% del territorio nacional presenta algún grado de sequía y, en la última década, Chile ha vivido un cambio drástico en su comportamiento climático: las olas de calor pasaron de apenas 9 eventos hace diez años a más de 60 en la actualidad. No es una anomalía puntual, es una tendencia sostenida que redefine por completo el riesgo.

Durante las últimas semanas hemos enfrentado temperaturas sobre los 35 grados, humedades extremadamente bajas y vientos variables. Condiciones que antes se explicaban con la regla del 30-30-30 hoy ya no aplican. El nuevo escenario se parece más a un 40-70-10: temperaturas que superan los 40°C, vientos de más de 70 km/h y una humedad relativa inferior al 10%.  Bajo este escenario, el fuego avanza cinco veces más rápido y genere hasta tres veces más daño.

De los más de 1.800 incendios forestales registrados en el último trimestre en Chile, más del 99 % tuvo origen humano. No comenzaron por rayos ni por fenómenos inevitables, sino por descuidos mínimos que escalan rápidamente hasta convertirse en tragedias ambientales y sociales

Desde un punto de vista técnico, cuando un incendio supera ciertos umbrales de velocidad de propagación y altura de llama, el combate terrestre y aéreo se vuelve limitado o directamente inviable. En ese punto, la emergencia ya no se resuelve con más brigadas, más aviones  o más recursos, sino con una pregunta previa y clave: ¿por qué el incendio comenzó?

La respuesta nos devuelve, una y otra vez, al mismo lugar: la prevención. No fumar en zonas con vegetación seca, no realizar quemas, extremar los cuidados en el uso de maquinaria, despejar el entorno de viviendas y avisar de inmediato ante cualquier columna de humo. Son acciones simples, cotidianas, pero decisivas en escenarios de calor extremo.

Chile ya conoce el costo de un descuido. Cada hectárea quemada implica décadas de recuperación ecológica, pérdida de biodiversidad y un riesgo directo para las comunidades. En este nuevo contexto climático, un incendio ya no es solo un incendio: es un desastre amplificado.

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