Comenzó la temporada de verano y vacaciones, y los problemas derivados de la mayor presencia de turistas se incrementan exponencialmente, pese a los operativos de las autoridades destinados a fiscalizar delitos o faltas en la vía pública.
Sin embargo, muchos de estos hechos crecen, se amplifican y se expanden al amparo de la baja fiscalización municipal o policial, que deriva en una impunidad desagradable para vecinos y visitantes que buscan un entorno seguro, limpio y accesible.
Una de las prinicipales preocupaciones está dada por la venta de alcohol en la vía pública, con «barras» dedicadas a comercializar cóckteles y otros tragos a vista y paciencia de los transeúntes en la Avenida Perú (fotografía de portada).
En esta misma arteria se desarrollan tres problemas: la ciclovía que es ocupada como estacionamiento, lo que impide el tránsito de ciclistas, el cruce de peatones y bloquea los accesos de esquina, lo que incumple las normas de accesibilidad universal, algo especialmente sensible en temporadas estivales, donde muchas personas con movilidad reducida tratan de acceder a áreas atractivas turísticamente.
Si a eso le agregamos la presencia de «cuidadores» informales, que más parecen extorsionadores callejeros, el panorama es aún peor.
Y como detalle final: la basura. El municipio ha insistido permanentemente en la ampliación de sus operativos de limpieza, sin embargo, existen zonas de alta concurrencia que al parecer han quedado al margen de los circuitos de aseo.



Uno de ellos es la Avenida Jorge Montt, o recta Las Salinas, donde los depósitos de basura permanecen llenos desde el Año Nuevo, con los desperdicios esparcidos en la calle, lo que es una invitación a diversos vectores, como ratones o moscas.