La experiencia acumulada en investigación muestra que, sin planificación, gobernanza y prevención territorial, los desastres asociados a los incendios forestales seguirán repitiéndose
Desde el año 2015, nuestro equipo ha desarrollado una línea de investigación sostenida en torno al peligro de incendios forestales en cuencas costeras de la Región del Biobío, a partir de la adjudicación de varios proyectos de investigación (Análisis de multiamenazas en contextos metropolitanos costeros (2022–2024); Incendios forestales, biodiversidad y economías campesinas (2017–2020) y Riesgo de incendios en la interfaz urbano–forestal del Área Metropolitana de Concepción (VRID, 2015–2018) orientado al análisis del peligro de incendios en tres cuencas representativas de este territorio. En este marco, se diseñaron y aplicaron modelos de evaluación de peligro de incendios forestales en distintas comunas de la región del Biobío.
A partir de este trabajo inicial, la investigación fue ampliándose progresivamente, no solo en términos metodológicos, sino también conceptuales y territoriales. Desde entonces, hemos fortalecido nuestras herramientas de análisis y nuestro conocimiento no solo respecto del peligro de incendios forestales, sino también en relación con el nivel de preparación de las comunidades frente a este tipo de amenazas, los factores detonantes de incendios y mega incendios, y las condiciones estructurales que explican su recurrencia.
Uno de los principales hallazgos de esta trayectoria investigativa es que, más allá de la disponibilidad creciente de modelos y cartografías de peligro, hoy ampliamente desarrollados a nivel académico, las municipalidades y los territorios locales no se encuentran preparados para enfrentar este tipo de eventos.
Esta brecha se manifiesta tanto en la limitada capacidad de los gestores territoriales y municipales como en la ausencia de instrumentos de gestión adecuados, capaces de integrar el riesgo de incendios forestales en la planificación territorial de manera sistemática y preventiva.
Esta situación no es nueva. Ya a partir del incendio de Valparaíso de 2014, se reconocía explícitamente una carencia estructural, no solo a nivel normativo, sino también en la forma en que los incendios forestales son, o no son, incorporados en los instrumentos de planificación territorial. Pese a este diagnóstico temprano, los avances en la integración efectiva del riesgo de incendios forestales en la planificación han sido limitados.
En este contexto, hemos generado una producción sostenida de artículos científicos, respondiendo a las exigencias propias del quehacer académico y de las instituciones que financian la investigación. Sin embargo, de manera paralela, hemos trabajado directamente con comunidades locales, acumulando una experiencia aplicada que hoy consideramos suficiente para abordar un análisis integral del riesgo, combinando modelos de amenaza y peligro con la evaluación de distintos niveles de vulnerabilidad social, territorial e institucional, con el objetivo de construir un panorama claro y operativo del riesgo de incendios forestales.
Este enfoque ha sido propuesto en fondos, tales como FONDEF Idea y Gobierno regional Biobio, orientadas a entregar herramientas concretas a las comunidades. No obstante, estas iniciativas no han sido financiadas, con el argumento que no se inscriben en lógicas tradicionales de desarrollo tecnológico, aun cuando responden a necesidades urgentes y estructurales del territorio –como ha vuelto a quedar en evidencia dramáticamente en estos días–, tales como las urgencias de metodológicas para incorporar dinámicamente nuevos datos y generar mapas actualizados de amenaza, vulnerabilidad (por exposición de infraestructura y población) y riesgo asociados a estos fenómenos, de manera rápida y accesible para la población y entidades tomadoras de decisiones.
Desde nuestra perspectiva, resulta indispensable avanzar hacia mecanismos de financiamiento específicos, aplicados y territorializados, que permitan enfrentar de manera permanente la exposición de comunidades situadas en zonas de multiamenaza, superando enfoques reactivos y de emergencia, y transitando hacia una gestión del riesgo verdaderamente preventiva, integrada y socialmente pertinente.