Buscar

Comprender el Trastorno de Personalidad Límite y sus implicancias

La estatal dio a conocer las acciones concretas con las que se ha hecho cargo de las percepciones del impacto de sus operaciones, la manera en la que ha apoyado el desarrollo local y cómo ha promovido un relacionamiento territorial transparente y cercano, con una inversión total superior a los $470 millones.

Los trastornos de personalidad del Cluster B se caracterizan por patrones emocionales intensos, conductas impulsivas y relaciones interpersonales inestables. Desde la psicología clínica, este grupo incluye el Trastorno Narcisista, Histriónico, Antisocial y el Trastorno de Personalidad Límite (TPL), diagnósticos que comparten dificultades significativas en la regulación emocional y el control de impulsos.

Gerardo Riffo, Director de la Carrera de Psicología de Campus La Florida de Universidad de Las Américas, explica que esta clasificación responde a un núcleo común. “En el Cluster B predomina la intensidad emocional y la inestabilidad. Son personas con emociones muy fluctuantes, con baja tolerancia a la frustración y con una tendencia a externalizar el malestar, lo que genera conflictos frecuentes en su entorno”, señala.

El académico agrega que estas dinámicas suelen impactar directamente en los vínculos. “Pueden pasar rápidamente de la idealización a la devaluación de los otros. Muchas veces buscan validación o control como una forma de regular su autoestima o disminuir la angustia”, afirma.

Dentro del Cluster B, el Trastorno de Personalidad Límite es uno de los diagnósticos más conocidos y también más estigmatizados. Riffo indica que su rasgo central es el miedo intenso al abandono, junto a una sensación persistente de vacío. “La persona con TPL necesita del vínculo para sentirse viva emocionalmente, pero al mismo tiempo la cercanía le genera terror por el temor al rechazo”, explica.

En la vida cotidiana, este trastorno se manifiesta a través de reacciones impulsivas, estallidos de ira, conductas de riesgo y un profundo malestar emocional. “Las relaciones suelen volverse muy desgastantes. Se instala una lógica de todo o nada, donde un error mínimo puede desencadenar una crisis intensa, afectando tanto a la persona como a quienes lo rodean”, advierte.

El especialista subraya la importancia de desmontar prejuicios frecuentes. “Uno de los mitos más dañinos es creer que las personas con TPL son manipuladoras. Desde lo clínico, esas conductas no buscan dañar, sino aliviar un dolor emocional que no saben regular”, sostiene. A ello suma otro error común: “decir que no tiene tratamiento es falso. Con terapias especializadas, muchas personas logran una remisión significativa de los síntomas”.

Finalmente, Riffo enfatiza que el diagnóstico oportuno y el acompañamiento adecuado son fundamentales. “El diagnóstico temprano salva vidas. El TPL tiene un alto riesgo suicida si no se trata, pero con intervención especializada y redes de apoyo informadas, la recuperación es posible”, concluye.

noticias relacionadas

Estudiar en el extranjero: Estos son los programas que abren oportunidades académicas y laborales a los chilenos 

Seis universidades ya la imparten: ASIQUIM impulsa las prácticas sustentables de Responsible Care® desde las aulas

Adelantar la compra del zapato escolar: una forma de enfrentar la vuelta a clases sin estrés

Cuando la voz también se cansa en verano