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Las desconocidas especies de flora y fauna nativa que conservan los humedales rurales en Chile

La estatal dio a conocer las acciones concretas con las que se ha hecho cargo de las percepciones del impacto de sus operaciones, la manera en la que ha apoyado el desarrollo local y cómo ha promovido un relacionamiento territorial transparente y cercano, con una inversión total superior a los $470 millones.

Pequeños peces de aguas continentales, flores silvestres, anfibios nativos y aves abundan en este tipo de humedales en comunas como Coinco, Mostazal, Malloa, Las Cabras, Nancagua y Pichidegua, ubicadas en la Región de O’ Higgins. Actualmente se realiza un proyecto diagnóstico para la gestión y conservación. 

Sapitos de cuatro ojos y rana chilena que resuenan en las noches, llamativas aves de ambientes acuáticos como garzas cucas o patos reales sobrevuelan sus aguas, pequeños arbustos y flores silvestres, más diminutos cangrejos y peces nativos como los bagres, pueblan gran parte de los humedales rurales de la Región de O’ Higgins. Se trata de numerosas especies nativas presentes en espacios naturales insertos en una matriz altamente productiva, con ecosistemas perturbados y contaminados, lo que se suma a la presencia de agresivas especies introducidas e invasoras.

A pesar de amenazas tanto humanas como naturales –que atentan con la sobrevivencia de estos sistemas acuáticos– los humedales rurales resguardan especies únicas en espacios donde existen muchos estresores, por lo que su conservación en regiones como O’ Higgins es una tarea urgente. Esa fue la premisa con la que el Gobierno Regional de O’ Higgins inició el proyecto «Diagnóstico integral para siete humedales rurales de la Región de O’Higgins, alternativas de protección y gestión«, que contempla el estudio de siete humedales en las comunas de Coinco, Mostazal, Las Cabras, Pichidegua, Nancagua y Malloa.

«Los humedales rurales necesitan figuras de protección legal y, consecuentemente, de instrumentos de planificación que favorezcan su conservación y promuevan el uso sostenible», asegura el Gobernador Regional de O’Higgins, Pablo Silva Amaya, agregando que «este proyecto entregará al Gobierno Regional los insumos necesarios para trabajar en figuras de protección en nuestra región».

Implementado por científicos y científicas asociadas a la Corporación Chile Ambiente y luego de casi dos años de talleres presenciales con actores locales y campañas científicas in situ en los humedales La Poza, El Carmen, La Capilla, El Cupio, Aguas Claras, Las Juntas y Las Cadenas, se lograron identificar especies únicas, muchas de ellas nativas y que son esenciales para la salud de los ecosistemas naturales.  


Especies nativas

Solo en el humedal El Cupio, emplazado en la comuna de San Francisco de Mostazal, los expertos, tras muestreos y observaciones en el humedal, identificaron 65 especies de aves, entre las que destacan la garza cuca (Ardea cocoi), garza grande (Ardea alba), pato real (Mareca sibilatrix), pidencito (Laterallus jamaicencis) y becacina (Gallinago magellanica), pero también 10 diferentes especies de aves rapaces destacando el águila chilena (Geranoaetus melanoleucus) como especie emblema.

En cuanto a la flora nativa se identificaron 19 especies de un total de 81 si se suman las introducidas, como el aromo, que es una de las especies introducidas invasoras de rápida reproducción y crecimiento, que fragiliza los espacios naturales que rodean los humedales.

El rol de estos humedales ubicados en zonas rurales es bastante importante, asegura la botánica del proyecto e investigadora de Ecobiosis de la Universidad de Concepción, Maritza Mihoc. «Estos protegen la ribera de los ríos y son los hábitat de numerosas especies de flora y fauna. Son potentes fijadores de carbono, una función importantísima dentro del ciclo tanto del agua como del carbono Y, además, de todos los beneficios, está el bienestar para las personas que habitan en las cercanías».

Los humedales rurales de O’ Higgins estudiados son sistemas fluviales, donde los ríos cumplen un rol esencial: actúan como corredores naturales que favorecen los flujos de materia entre la vegetación nativa y los cursos de agua. «El sistema fluvial de estos humedales en la región es dinámico y tremendamente resiliente a sus estresores, como también a los diversos cambios climáticos que experimentan tanto de crecidas de los ríos como de sequias», asegura Toraji Uraoka ingeniero hidráulico y experto en hidrología del proyecto.

Explica que los humedales en estudio están asociados en su mayoría a cajas fluviales de los ríos Cachapoal, Tinguiririca y Estero Codegua, a excepción de La Capilla en Malloa, que es un sistema diferente donde aflora agua aparentemente desde una napa subterránea.

Refugios para la biodiversidad

De acuerdo a Ximena Molina, experta en ambientes acuáticos del proyecto, esa conectividad hidrológica es esencial para la fauna acuática, como peces, anfibios, macroinvertebrados, cuyos desplazamientos son restringidos. La condición de estos refugios determina la sobrevivencia de estas especies. «La conectividad fluvial permite la presencia de arroyos, pozas, lechos, que permiten crear corredores para que los peces pequeños puedan desplazarse hacia llanuras o a zonas someras vegetadas para alimentarse y reproducirse. Son refugios para la biodiversidad», advierte 

De acuerdo a los científicos los peces algunos nativos como la pocha (Cheirodon pisciculus), carmelita (Percilia gillissi) y la especie endémica bagre grande (Nematogenys inermis), pertenecen a grupos muy amenazados o en peligro. La importancia de estos grupos radica en su nivel jerárquico de la escala trófica, donde al ser grupos que dependen de la productividad primaria, son consumidores de insectos, vegetación y organismos primarios, por lo tanto, mantienen un equilibrio ecológico en su ambiente y de estos humedales rurales en participar.

Una de las acciones prioritarias junto con la implementación de la gobernanza, sugeridas por el equipo ejecutor del proyecto diagnóstico, es trabajar en acciones de restauración para los siete humedales diagnosticados. Esto implica un proceso de asistir la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido.  

«Para el caso de los humedales de O’ Higgins, todos requieren acciones de restauración, en algunos casos asistiendo de forma activa y en otros haciendo un manejo puntual de amenazas, controlando actividades no compatibles con la conservación o creando espacios de aprendizaje para un desarrollo agrícola sostenible, que permita sostener sistemas agroalimentarios ejemplares en armonía con la naturaleza», puntualiza el director de Chile  Ambiente, Patricio Rodrigo.

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