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Cambios en calle Bandera: las claves del retorno del transporte público

La estatal dio a conocer las acciones concretas con las que se ha hecho cargo de las percepciones del impacto de sus operaciones, la manera en la que ha apoyado el desarrollo local y cómo ha promovido un relacionamiento territorial transparente y cercano, con una inversión total superior a los $470 millones.

Esta semana se oficializó el inicio de los trabajos para permitir nuevamente el tránsito del transporte público por la céntrica calle Bandera, una arteria icónica de Santiago y que desde 2017 había sido destinada exclusivamente a peatones. La medida busca recuperar el uso de este eje urbano, luego de que su transformación no alcanzara los resultados esperados.

Según Rafael Delpiano, doctor en transporte y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes (Uandes), “el que Bandera vuelva a permitir el tránsito de buses de transporte público obedece a una oportunidad surgida del hecho de que su transformación en paseo peatonal no tuvo los resultados que se esperaban”. En ese contexto, advierte que “en algunas secciones de su trayecto ha sido transformado en foco de delincuencia”, lo que refuerza la necesidad de aprovechar mejor el espacio urbano.

Desde el punto de vista del sistema, Delpiano explica que los impactos son principalmente locales, pero relevantes para el centro. “Los efectos en transporte público de este cambio son más bien locales, pero no son poco importantes, dada la densidad de fuentes de trabajo y de residencia”, señala. La habilitación de un corredor exclusivo “permite reducir los conflictos entre buses y autos particulares” y, además, “más cercanía de los usuarios a paradas”, lo que “potencialmente reduce los tiempos de viaje y de espera”.

El académico destaca que una vía exclusiva para buses “elimina los conflictos con autos particulares”, lo que “tiene el potencial de mejorar mucho la velocidad de desplazamiento de los buses y, por lo tanto, la frecuencia”. Junto con ello, subraya que los distintos modos de transporte deben complementarse: “No existe un modo que sirva para todo”, por lo que el sistema debe diseñarse de manera integrada.

Finalmente, Delpiano recuerda que el centro de Santiago “está muy bien cubierto de transporte público por razones históricas”, lo que permite fomentar los modos de transporte activo y restringir el uso del automóvil. Sin embargo, aclara que “eso no es muy realizable en otros lugares”, donde la menor densidad y mayor dependencia del auto obligan a pensar soluciones distintas, considerando beneficios para distintos territorios y usuarios.

 

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