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Nueva ley que moderniza el sistema registral de propiedades. Por Carolina Araya Directora Carrera de Derecho Universidad de Las Américas, Sede Concepción

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Por años el funcionamiento de los Conservadores de Bienes Raíces en Chile se mantuvo anclado en lógicas decimonónicas: trámites presenciales, criterios poco transparentes y una experiencia usuaria marcada por la incertidumbre. La reciente dictación de la Ley 21.772, que modifica su reglamento, no solo introduce ajustes técnicos, sino que marca un cambio de paradigma: el sistema registral comienza, por fin, a mirar a las personas.

Uno de los avances más significativos es el fortalecimiento de la transparencia. A partir de estos cambios los usuarios podrán acceder a información más clara sobre el estado de sus trámites, plazos y criterios aplicados por los conservadores. Esto no es menor: reduce la discrecionalidad y permite tomar decisiones informadas.

A ello se suma la modernización de los procedimientos. La incorporación de herramientas digitales facilita la tramitación remota, evitando desplazamientos innecesarios y acortando los tiempos de espera. En un país con brechas territoriales evidentes, esta medida no solo mejora la eficiencia, sino que también amplía el acceso a un servicio esencial.

Otro aspecto clave es la mayor certeza jurídica. La estandarización de procesos y el refuerzo de mecanismos de control disminuyen el riesgo de errores y fortalecen la seguridad en actos tan relevantes como la inscripción de una propiedad o la constitución de gravámenes. Así, se le está devolviendo la confianza a un sistema que cumple un rol estructural en la economía y en la vida cotidiana de todos los ciudadanos.

Estas reformas avanzan hacia un acceso más equitativo al sistema registral, ya que al simplificar trámites y hacerlos más comprensibles, se democratiza el ejercicio de derechos fundamentales, particularmente el derecho de propiedad.

Modernizar este sistema no es solo una cuestión administrativa: es una señal de que el Estado puede y debe ponerse al servicio de las personas. La Ley 21.772 es un paso en esa dirección. El desafío ahora será que su implementación esté a la altura de sus promesas pudiendo contar a la brevedad con el reglamento que permita llevar a la práctica la nueva normativa.

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