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Pentágono busca que fabricantes de automóviles y otras compañías de EE.UU. produzcan armas, según The Wall Street Journal

Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, en una actividad de su gira

El Pentágono contacta a gigantes como GM y Ford para convertir su capacidad de producción en suministros bélicos ante el agotamiento de arsenales por los conflictos en Ucrania e Irán.

En un movimiento que busca emular la movilización industrial de la Segunda Guerra Mundial, la administración Trump ha iniciado conversaciones con los principales fabricantes de automóviles y otras empresas manufactureras de Estados Unidos para que asuman un papel protagonista en la producción de armas y suministros militares, se acuerdo a un informe del diario estadounidense The Wall Street Journal (WSJ).

Según informó el medio, altos funcionarios de defensa han mantenido diálogos con ejecutivos de General Motors y Ford Motor, entre otros, ante la creciente preocupación por el agotamiento de los inventarios bélicos debido a los conflictos en curso en Ucrania e Irán.

De acuerdo al WSJ, las reuniones, de carácter preliminar y de amplio alcance, han tenido como objetivo evaluar si estas compañías podrían realizar una transición rápida hacia la producción de defensa para respaldar a las contratistas tradicionales del sector.

Diálogos de alto nivel con gigantes industriales
Las conversaciones han involucrado a figuras clave de la industria, incluyendo a Mary Barra, directora ejecutiva de General Motors, y Jim Farley, director ejecutivo de Ford Motor, señala el informe.

Además, indica que estas empresas no son las únicas bajo el radar del Pentágono; también se ha contactado a GE Aerospace y al fabricante de maquinaria Oshkosh para explorar cómo su capacidad de fábrica y su personal podrían integrarse en el esfuerzo bélico nacional.

Durante estos encuentros, los funcionarios de defensa han planteado el fortalecimiento de la producción de armas como un asunto de seguridad nacional, solicitando a los ejecutivos que identifiquen barreras potenciales, tales como requisitos de contratación o trabas en los procesos de licitación, revelan las fuentes del WSJ.

“El Departamento de Defensa está comprometido a expandir rápidamente la base industrial de defensa aprovechando todas las soluciones y tecnologías comerciales disponibles para garantizar que nuestros combatientes mantengan una ventaja decisiva”, afirmó un funcionario del Pentágono al medio.

La propuesta de reutilizar la manufactura nacional para fines militares tiene un precedente directo en la era de la Segunda Guerra Mundial, cuando las automotrices de Detroit detuvieron la producción de vehículos civiles para fabricar bombarderos, motores de avión y camiones, convirtiendo a Estados Unidos en el «Arsenal de la Democracia».

Un giro hacia una «economía de guerra»

Esta iniciativa forma parte de un esfuerzo más amplio de la administración para colocar la fabricación militar en lo que el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha denominado una «base de guerra».

La urgencia se ha visto acentuada por la presión que las guerras en Ucrania e Irán han ejercido sobre las reservas estadounidenses de municiones y hardware táctico, como misiles y tecnología para combatir drones.

En respuesta, el Pentágono ha solicitado un presupuesto de 1,5 billones de dólares, el más grande en la historia moderna del departamento, destinado en gran medida a la inversión en la fabricación de drones y proyectiles.

Al respecto, Logan Jones, director de crecimiento del segmento de transporte de Oshkosh, dijo al WSJ que han «oído alto y claro» los requerimientos de la Administración Trump, y calificó la iniciativa como «importante».

“Estamos buscando capacidades que creemos que se ajustan a sus necesidades, de manera proactiva”, dijo Jones al referirse a la respuesta de su empresa ante el llamado del Pentágono.

El precedente histórico y los desafíos actuales

La propuesta de reutilizar la manufactura nacional para fines militares tiene un precedente directo en la era de la Segunda Guerra Mundial, cuando las automotrices de Detroit detuvieron la producción de vehículos civiles para fabricar bombarderos, motores de avión y camiones, convirtiendo a Estados Unidos en el «Arsenal de la Democracia».

Más recientemente, durante la pandemia, General Motors y Ford colaboraron para producir miles de ventiladores médicos, demostrando su capacidad de adaptación ante crisis nacionales.

Actualmente, aunque muchas de estas empresas poseen contratos limitados con el Pentágono para productos específicos o investigación de nicho, el objetivo del Gobierno es que esta participación pase de ser una fracción marginal a un componente central de su producción y flujo de ingresos.

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