El Buró Federal de Investigaciones encabeza una pesquisa nacional para determinar si existe un patrón criminal tras la pérdida de expertos en laboratorios de alta seguridad de EE.UU.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) confirmó este martes que lidera una operación para determinar posibles conexiones entre los fallecimientos y desapariciones de 11 científicos y empleados de laboratorios gubernamentales de alta seguridad.
La investigación, que cuenta con la colaboración de los departamentos de Energía y de Guerra, se centra en casos ocurridos en instalaciones críticas como el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y el Laboratorio Nacional de Los Álamos.
El objetivo central de la pesquisa es esclarecer si estos incidentes, que han cobrado relevancia en la opinión pública, responden a una amenaza coordinada contra los programas nucleares o aeroespaciales del país.
«El FBI está encabezando el esfuerzo para buscar conexiones entre los científicos desaparecidos y fallecidos. Estamos trabajando con el Departamento de Energía, el Departamento de Guerra y con nuestros socios policiales estatales y locales para encontrar respuestas», informó la agencia federal a través de un comunicado oficial citado por medios estadounidenses.
Alcance de la investigación y casos recientes
La alerta sobre un posible patrón delictivo escaló recientemente con el fallecimiento de James «Tony» Moffatt, un ingeniero aeroespacial y veterano de defensa que murió el pasado viernes en un accidente de avioneta en Carolina del Sur.
Según reportó Fox News, Moffatt viajaba con su familia cuando su aeronave se estrelló cerca del aeropuerto del condado de Union en circunstancias que aún están bajo investigación.
Este hecho se suma a una lista de desapariciones inquietantes, como la del general retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland, visto por última vez en Nuevo México en febrero, y la de la ingeniera Monica Reza, quien desapareció en California mientras realizaba senderismo en junio de 2025.
El último jueves, el presidente Donald Trump, confirmó que su administración estaba al tanto del caso y que en sus reuniones lo abordan como un asunto serio.
«Acabo de salir de una reunión sobre ese tema, así que es algo bastante serio. Esperemos que sea una coincidencia… pero algunos de ellos eran personas muy importantes, y vamos a investigarlo», declaró el presidente Donald Trump tras ser consultado sobre la gravedad de estos sucesos.
Desde el Congreso, el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, ha calificado la situación como un patrón potencialmente «siniestro» que afecta a investigadores vinculados a proyectos de defensa nacional.
La preocupación de los legisladores radica en que la mayoría de los individuos afectados trabajaban en las cuatro agencias que ahora coordinan la búsqueda de respuestas, lo que ha generado sospechas sobre posibles operaciones de inteligencia extranjera.
«Hemos enviado un aviso al Departamento de Guerra, al FBI, a la NASA y al Departamento de Energía. Queremos saber todo lo que saben sobre lo que ocurrió con estos científicos, porque esas cuatro agencias eran predominantemente con las que estos 11 individuos estaban afiliados», señaló el congresista James Comer en una entrevista con Fox News.
Por su parte, la NASA ha manifestado que, aunque colabora plenamente en la investigación, por el momento no ha identificado indicios directos de una brecha en la seguridad nacional.
Hipótesis personales frente a teorías de conspiración
A pesar de la movilización de recursos federales, algunos expertos y exfuncionarios del Departamento de Energía sugieren que los casos podrían ser eventos trágicos pero aislados, sin una conexión real entre ellos.
CBS News consultó a diversos especialistas en seguridad nuclear que señalaron la dificultad de establecer un vínculo debido a que los incidentes están dispersos en el tiempo y afectan a organizaciones con afiliaciones muy laxas.
Entre las víctimas se citan casos con explicaciones particulares, como el del profesor del MIT Nuno Loureiro, asesinado por un antiguo compañero por motivos personales, o el de Jason Thomas, cuyo cuerpo fue hallado tras una desaparición relacionada con el duelo por la pérdida de sus padres.
«La gente simplemente muere. Derrames cerebrales, enfermedades cardíacas, suicidios, asaltos, sucede», afirmó un exfuncionario del Departamento de Energía para matizar la alarma generada en torno a los decesos.
Incidentes bajo escrutinio en laboratorios clave
La investigación del FBI también pone el foco en testimonios previos de algunos de los fallecidos, como es el caso de Amy Eskridge en Alabama, cuya muerte en 2022 atrajo la atención tras sus denuncias públicas sobre presuntas presiones externas para detener sus investigaciones sobre tecnología de antigravedad.
Asimismo, en Nuevo México se mantiene la búsqueda activa de empleados de Los Álamos y de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA), como Melissa Casias y Steven Garcia, quienes desaparecieron en circunstancias que sus familiares y autoridades locales aún intentan reconstruir sin pruebas concluyentes de criminalidad hasta la fecha.
«NNSA está al tanto de los informes relacionados con los empleados de nuestros laboratorios, plantas y sitios, y está investigando el asunto», confirmó un portavoz de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear a CBS News.