Buscar

La nueva ruta de las viñas: reconversión a cultivos rentables y en alta densidad.

La industria vitivinícola enfrenta una transformación profunda: el consumo mundial del vino sigue bajando y ha llevado la producción a su mínimo histórico, generando una oferta restringida. En Chile, miles de hectáreas están reconvirtiéndose hacia cultivos rentables como el avellano, ciruelo y almendro, cuyo formato más atractivo es la alta densidad y mecanización.

El diagnóstico de diversos productores y especialistas a nivel mundial es claro. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), la producción mundial alcanzó en 2024 alrededor de 226 millones de hectolitros, el nivel más bajo en 60 años. La tendencia no es puntual: factores estructurales están explicando esta caída. El Cambio climático en la que sequías, heladas tardías y eventos extremos están afectando ambos hemisferios. Otro aspecto relevante es la disminución del consumo: en 2024 cayó a 214 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 1961 y otro punto no menos significativo explica este fenómeno: el cambio generacional. Los consumidores jóvenes beben menos alcohol y prefieren alternativas más saludables.

Estos fenómenos estructurales están generando pérdidas productivas, los fabricantes de vinos están viendo cómo reinventarse para mantener su actividad viva y cómo introducir cambios para cubrir sus costos. En Viña Ravanal llevan al menos 20 años en esta reconversión, previniendo este fenómeno que lo consideran cíclico. “El mundo del vino tiene estos vaivenes. Nos diversificamos hace muchos años, porque a mi papá le tocó vivir varios episodios de crisis y no nos podíamos dedicar a una sola cosa. La agricultura permite eso: la diversificación, pero todo dependerá de cuáles son las características del suelo, el clima y qué tipo de productos se quiera cultivar. Nosotros nos dedicamos a peras y ciruelos D’agén, exclusivamente para deshidratados”, comenta Mario Ravanal, gerente general de Viña Ravanal.

Chile no está ajeno a esta tendencia en la disminución productiva del vino. Por el contrario, es uno de los casos más representativos en América Latina en recambio de cultivos. En 2025, la producción de vino cayó a 8,3 millones de hectolitros (838.611.235 litros), la cifra más baja desde 2006, con un 10% menos comparado con el año anterior, de los cuales 691.716.862 litros corresponden a vinos con denominación de origen, equivalente al 82,5% del total declarado.

Un mercado en transformación: más ajuste e introducción de tecnología eficiente

La industria vitivinícola chilena enfrenta un escenario complejo principalmente por la baja del consumo y la caída de la demanda global, lo que ha generado una presión sobre los precios. Esta disminución en el interés, sumada a la sobreproducción de años anteriores ha contribuido a una situación compleja, el mercado absorbe menos volumen y exige valor agregado. Chile lidera en volumen, pero se mantiene en posiciones rezagadas en precio, evidencia que el consumo no solo baja, sino que se orienta hacia productos de mayor calidad y en este contexto, la industria se ve obligada a replantear su estrategia enfocándose en elevar la calidad, fortalecer la identidad del origen y avanzar hacia modelos de producción más tecnológicos.

Con todo, los viveros actualmente están jugando un rol preponderante a la hora de impulsar mejoras tecnológicas en esta industria. Tal es el caso de Agromillora, que está impulsando un conjunto de soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la eficiencia de los viñedos, combinando innovación genética, sistemas de plantación avanzados y tecnologías que permiten mayor automatización y ahorro hídrico. “En Europa destacan nuevos portainjertos y variedades resistentes, desarrollados junto a Vivai Cooperativi Rauscedo (VCR), enfocados en tolerancia a enfermedades como mildiu y oídio, mayor resiliencia y adaptabilidad a escenarios de estrés hídrico, lo que reduce pérdidas y disminuye el uso de insumos fitosanitarios”, comenta Jorge Rodríguez, gerente comercial de Agromillora Sur.

“Hace 30 años las variedades eran basales, existían las selecciones de viñedos de ciertas características, pero no tenían un portainjerto específico. Era una selección de aquellas mejores parras del lote, lo que llamamos una selección basal. Pero hoy existe una agricultura más precisa que se está trabajando sobre plantas clones de viñas que son resistentes principalmente a Filoxera y al nemátodo. Y de ahí estos patrones que producen los viveros tienen distintas características, otros más vigorizantes y resistentes al clima”, reflexiona Claudio Morales, asesor que cuenta con una vasta experiencia en viñas. “Tenemos unas herramientas genéticas importantes y tienen un buen manejo. Las estructuras de los viñedos están orientándose a mecanizar la cosecha, con equipos de personas más reducido y diseñadas para soportar estos clones que pueden dar 28 mil a 30 mil kilos por hectárea. Se puede dar un paso súper importante para la mecánica de alta producción. El parrón antiguo prácticamente ya no existe”, añade.

La reconversión: del vino a los frutos secos

La reconversión de viñedos hacia otros cultivos, especialmente frutos secos como almendros, ciruelos para secado y también olivos, es hoy una alternativa altamente viable, y, de hecho, ya está ocurriendo a gran escala en Chile. En los últimos años, nuestro país ha pasado de 145 mil a cerca de 116 mil hectáreas de viñas, y una parte importante de esa reducción se ha reconvertido a especies frutales con mejor retorno: olivos, almendros, ciruelas y avellanos europeos, donde los ingresos por hectárea superan ampliamente los del vino en segmentos masivos.

“Hay dos curvas que personalmente tengo conceptos contrapuestos: primero, el crecimiento de la alimentación saludable, la que tiene no solamente el consumo como snack: en el avellano ha existido siempre la repostería y productos dulces, mientras que en almendros está la producción de aceite y harina. Hay un hábito de consumo cambiante y esto ha ido de la mano del aumento del hectareaje de estos frutos y, en segundo lugar, la disminución del consumo de alcohol que las nuevas generaciones se están alejando. La crisis del vino es a nivel mundial, los mercados ya no son lo mismo, ya no importa si el vino es ultra premium. Hoy día estamos viendo que la gente no lo consume y se han arrancado viñas en Chile y también en lugares tan emblemáticos como Francia y España”, reflexiona Claudio Morales.

Este proceso también se observa entre productores medianos y pequeños, que, frente a precios de la uva incluso por debajo de los costos de producción, han optado por vender campos o reemplazar viñas por frutales. “En Chile y el mundo, el vino ya no es el centro del campo, sino parte de una matriz productiva en transición. Y en esa transición, los almendros, los nogales, las ciruelas secas, los olivos, entre otros, están comenzando a ocupar un lugar cada vez más protagónico. La reconversión es técnica y económicamente viable, especialmente cuando se eligen cultivos que permiten mecanización, alta densidad y mejor eficiencia hídrica, adaptándose mejor al contexto actual. Para muchos productores, no es solo viable: es estratégico para asegurar rentabilidad en el largo plazo”, comenta Jorge Rodríguez, de Agromillora Sur.

“¿Cuál es el consejo que le daría a esas viñas que están pensando en cambiar su producción? la diversificación es una buena alternativa y es bueno en todo tipo de actividad: los fondos de inversiones, por ejemplo, invierten en diversas acciones: un agricultor puede distribuir su riesgo. Por otro lado, la alta densidad y la mecanización son alternativas que van a aumentar. Rentabiliza más el metro cuadrado porque los resultados son positivos, es una alternativa que promete”, comenta por su parte, Mario Ravanal. “Yo creo que en algún momento esto tiene que darse vuelta, no es primera vez que las viñas pasamos por este tipo de crisis”, agrega. Para el ejecutivo el rol de los viveros es esencial para los productores. “Ellos nos abastecen de plantas, ya sea para la replantación de vides o frutales. Saben cómo se manejan los huertos, tienen la capacidad y experiencia respecto del fruto. Te dicen qué hacer y qué productos aplicar. El año pasado plantamos 7 hectáreas de ciruelos D’agen y lo que venga en el futuro también se hará en alta densidad”, finaliza.

noticias relacionadas

Danich instala el primer almacén automático de alta densidad de la fruticultura chilena

Ingreso a faena en la era digital: Mine Class presenta solución para reducir errores y tiempos de acreditación minera

La entrega de créditos hipotecarios cayó un 14% en el último año: ¿Los compradores están modificando su estrategia de compra?

Sexta edición del Black Inmobiliario llega con la participación de más de 50 empresas del sector