A veces la violencia no deja moretones, pero marca para toda la vida. Un grito constante, un insulto repetido, el miedo dentro de la propia casa o el silencio frente a una vulneración también son formas de maltrato infantil, aunque a menudo se disfrazan de “corrección” o de “método de crianza”.
En Chile, la violencia ejercida contra adolescentes por parte de padres, madres u otras personas adultas responsables ha ido en aumento, pasando de un 35% en 2017 a un 39% en 2023. En paralelo, la violencia psicológica —que incluye insultos, humillaciones y amenazas— creció de un 28% a un 35% en el mismo período. En el caso de niños y niñas entre 5 y 12 años, un 56,9% reporta haber experimentado agresiones psicológicas en el contexto de la crianza. Esto evidencia que la violencia hacia la infancia no se limita a situaciones extremas, sino que muchas veces ocurre en los mismos espacios donde deberían sentirse más protegidos.
La situación se torna aún más alarmante al considerar la explotación sexual infantil. Entre 2022 y 2023, se identificaron 2.184 niños, niñas y adolescentes víctimas en Chile, lo que representa un aumento del 29% entre ambos años. De este total, el 86% corresponde a niñas y adolescentes mujeres, y el 64% tiene entre 14 y 17 años.
Cada 25 de abril, el Día Internacional contra el Maltrato Infantil no debiera ser solo una fecha para conmovernos, sino una oportunidad para preguntarnos qué tanta violencia seguimos tolerando como sociedad. Proteger la niñez no comienza cuando aparece una denuncia, empieza mucho antes: en la crianza, en la escuela, en el barrio y en la decisión colectiva de no seguir normalizando aquello que nunca debió parecer normal.
Por eso, todos tenemos una responsabilidad: la familia, la sociedad chilena y, por supuesto, el Estado, como garantes de una vida mejor para todos los niños, niñas y adolescentes que habitan el país.