El Plan de Reconstrucción Nacional, no sólo se transformará en una hoja de ruta económica, sino en un acto de justicia para quienes levantan el país cada mañana.
Durante años, el emprendedor chileno ha lidiado con un Estado que parecía más un obstáculo que un aliado, y hoy, el Presidente Kast ha dado un golpe de timón necesario para devolverle el dinamismo a nuestra economía. La burocracia le cuesta a nuestro país un 7,3% del PIB, un alto costo en trámites que podría tener otro destino mucho más rentable que transformarse en un impuesto invisible que no beneficia a nadie.
Por otro lado, la meta de seis meses para destrabar permisos es música para el oído de cualquier emprendedor. Si para un gigante minero, un retraso por permisología es una pérdida contable; para una Pyme, un permiso que no sale es la quiebra, y esta reforma entiende que el tiempo es el activo más escaso.
En materia de formalidad, es fundamental destacar el crédito tributario al empleo formal, ya que en lugar de perseguir o castigar, el Gobierno ha optado por incentivar y subsidiar. Aliviar el costo de las remuneraciones hasta en un 15% es una medida valiente, es una mano tendida para que ese pequeño negocio logre dar el salto a la formalidad, protegiendo a sus trabajadores sin poner en riesgo su subsistencia. Así se construye país: con incentivos, no con látigos a quien busca salir adelante.
Sé que existe preocupación por la eventual convergencia de la tasa al 23% para finales de la década para las Pymes. Sin embargo, hay que mirar el bosque completo:
1. Reintegración Total: Volvemos a un sistema donde no se castiga el ahorro ni la inversión. El fin de la doble tributación es un principio de justicia básica que nunca debimos abandonar.
2. Crecimiento del 4%: Si el país crece a los niveles que proyectamos, el mercado interno para las Pymes será mucho más robusto. Es preferible pagar un 23% en una economía que vuela al 4%, que un 12,5% en un país estancado y sumido en la incertidumbre.
3. Invariabilidad Tributaria: Aunque el foco está en las megainversiones, esto genera un «efecto cascada». Si atraemos grandes capitales a largo plazo, son miles de Pymes proveedoras las que tendrán contratos asegurados por décadas.
Esta reforma es una invitación a que el pequeño empresario deje de pensar solo en sobrevivir el mes y se empiece a proyectar a diez años. Tenemos ahora las reglas claras, tenemos el apoyo a la contratación y, sobre todo, tenemos un Gobierno que cree en el emprendimiento como el verdadero motor del progreso.
Será el momento de impulsar Chile, de invertir, de contratar y de demostrar que, cuando nos quitan el freno de mano del Estado, los chilenos no tenemos techo.