Tras cuatro años, la compañía de danza contemporánea regresa a la Sala Principal de este espacio penquista, con una propuesta sensible que explora el amor, la muerte, los miedos y el tiempo.
Tras una exitosa primera temporada que convocó a más de 600 personas, Intronauta — la obra más reciente de Joel Inzunza CO— regresa al Teatro Biobío, esta vez a la Sala Principal. La función se realizará el miércoles 29 de abril a las 19:30 horas, con entradas a un precio especial de $4.500, en el marco de la celebración del Día Internacional de la Danza.
La presentación es el cierre de la programación curatorial preparada por Teatro Biobío para festejar las artes del movimiento, compuesta por una selección de propuestas escénicas de compañías de la región del Biobío. Ese mismo día, el teatro abre las puertas desde temprano con la jornada de Prácticas Sin Pausa en la sala de entrenamientos del teatro, a cargo de Escénica en Movimiento, con propuestas en estilos como ballet, danza moderna y hip-hop, impartidas por docentes e investigadores del movimiento del territorio. La invitación es, luego de ello, trasladarse hasta la Sala Principal para sumergirse y conmoverse con la experiencia íntima y sensorial que propone la compañía.
Desde la dirección artística, Joel Inzunza definió esta oportunidad como un gesto de “confianza” y “visibilidad”, pero —por sobre todo— la oportunidad de compartir un proceso que “ha sido profundamente colectivo”. “Ser el cierre tiene algo de ritual. Hay una acumulación de energías, de cuerpos y de prácticas a lo largo del día, e Intronauta aparece como un espacio donde esas intensidades pueden decantar o transformarse. Lo siento como una responsabilidad, pero también como una oportunidad poética: cerrar no necesariamente como clausura, sino como apertura hacia otra percepción”, detalló.
Intronauta se describe como un salto de fe: una narrativa fragmentaria hecha de imágenes corporales y gestuales que transforma el movimiento en un acto de arrojo y despojo. La obra orbita en torno a cuatro pulsaciones: el amor, la muerte, los miedos y el tiempo; donde propone cada momento escénico como una aparición breve e intensa, que deja huellas y abre un espacio de contemplación, preguntas y desplazamientos. Se inscribe como una precuela sensible de creaciones anteriores de la compañía: Insomniac, En Lugar de Nada y Bardo.
La obra nació desde la autogestión y se estrenó en Sala de Cámara durante septiembre y octubre de 2025 como parte de la programación “Hecho en Biobío”. El regreso a este espacio, pero ahora en un nuevo escenario, implicó un proceso de remontaje que consistió también en el cambio de “lógica perspectiva” más que solo un cambio de escala. “La obra nació en cercanía, en un vínculo íntimo con el espectador, donde los detalles mínimos del cuerpo tenían un peso específico. Al expandirse, lo que cambia es la relación con el espacio, con la proyección del gesto y con los tiempos de la mirada. Aparecen nuevas capas: la espacialidad se vuelve más compositiva, más arquitectónica. Sin embargo, lo que se mantiene —y ha sido fundamental cuidar— es la calidad de atención interna, ese estado de escucha que sostiene la obra”, explica Inzunza.
Para el coreógrafo penquista, el desafío ha sido “no perder en la densidad en la ampliación”, es decir, “encontrar equivalencias escénicas que permitan que lo íntimo siga respirando en lo amplio”, explicó. Mientras que, para el elenco original que se presentará en esta nueva función —integrado por Nathalie Backit, Bárbara Bañados, Luis Ulloa, María José Yáñez, Patricio Contreras, Roger Leal y Daniela Pérez—, la complejidad reside en “sostener ese estado interno mientras el cuerpo se expande, sin perder su sentido de brújula corporal para guiar la nave-obra”, en palabras de su director.
Joel Inzunza CO ya habitó antes la Sala Principal: en 2022 presentó Antes de Partir junto a un elenco ciudadano de la región. No obstante, el historial de obras de danza contemporánea locales en este espacio es acotado, con obras como Llacolén y Ay de Mí, Violeta de Calaucalis; Bruma de APÓCRIFO Colecciones de Visiones Alteradas, y Entre el Cielo y la Tierra Existo, de Compañía Incerteza. Para el coreógrafo, este regreso lo lee como una valoración, pero también es una apertura a nuevas interrogantes: “Es un reconocimiento a los procesos que se vienen desarrollando desde el territorio, a una escena que ha insistido en crear desde Concepción, con sus propias lógicas, tiempos y sensibilidades. Pero también evidencia una tensión: ¿por qué no es frecuente?, ¿qué condiciones hacen que esto siga siendo excepcional? Desde mi lugar, más que entenderlo como un punto de llegada, lo veo como una posibilidad de apertura.
Me interesa que este tipo de experiencias no se lean como hitos aislados, sino como parte de una continuidad que permita fortalecer la presencia de la danza contemporánea local en espacios de mayor visibilidad”.