El reciente Congreso Internacional de Vinculación con el Medio de la Universidad San Sebastián no fue únicamente un encuentro académico de alto nivel.
Fue, sobre todo, una señal clara del rumbo que está tomando la educación superior: transitar desde la generación de conocimiento hacia su aplicación concreta en los territorios, con impacto real en los actores que forman parte de cada iniciativa.
La participación de expositores nacionales e internacionales, con más de 20 universidades chilenas y 15 extranjeras, permitió conocer el estado del arte en Vinculación con el Medio (VcM). Sin embargo, lo más relevante fue la posibilidad de abrir espacios efectivos de colaboración entre academia, instituciones públicas, sector privado y organizaciones sociales. Instancias como esta no solo actualizan conocimiento; también lo conectan, lo tensionan y, sobre todo, lo proyectan hacia soluciones concretas.
La realización del congreso en la sede Patagonia de la USS, en Puerto Montt, no fue casual. Desde el sur austral se visibilizó con fuerza el rol estratégico que hoy cumple la Vinculación con el Medio como función misional universitaria. Más que una tendencia, se trata de una exigencia estructural para las instituciones de educación superior: mantener un vínculo permanente con el entorno, generar contribuciones pertinentes y formar profesionales capaces de desenvolverse en contextos complejos y cambiantes.
En este escenario, uno de los aspectos más significativos del congreso Más Patagonia fue el protagonismo de los estudiantes. La participación de jóvenes de pregrado presentando experiencias ante audiencias especializadas refleja un cambio profundo en la forma de entender el proceso formativo. Hoy, el aprendizaje trasciende el aula y se construye en interacción directa con los territorios. Es allí donde surgen experiencias significativas que no solo fortalecen competencias profesionales, sino que también forman ciudadanos comprometidos.
Asimismo, el encuentro dejó en evidencia un desafío que como sistema debemos asumir con mayor decisión: las universidades no somos solo formadoras de capital humano ni productoras de conocimiento. Estamos llamadas a ser agentes activos de transformación social. Esto implica que el conocimiento debe ponerse al servicio de los desafíos públicos, productivos y comunitarios, generando valor compartido y soluciones pertinentes.
Las visitas a terreno y el diálogo con actores clave, desde municipios hasta organizaciones sociales y empresas, reforzaron esta mirada. Es precisamente en esos espacios, donde los problemas se manifiestan con mayor claridad, donde la Vinculación con el Medio adquiere sentido. La teoría se valida en la práctica, y la pertinencia se mide en la capacidad de generar respuestas concretas.
A ello se sumó la participación de expertos en áreas emergentes como inteligencia artificial, innovación y desarrollo territorial. Estas miradas permitieron proyectar el rol de la universidad hacia el futuro, entendiendo que la VcM no solo debe responder a los desafíos actuales, sino también anticiparse a ellos, articulando conocimiento, tecnología y territorio.
Desde una perspectiva institucional, el congreso también cumplió un rol clave en la consolidación de identidad y propósito. Construir un marco común en torno a la Vinculación con el Medio permite avanzar desde iniciativas aisladas hacia una estrategia integrada, con evidencia, aprendizajes y proyección.
En este contexto, el congreso marca un punto de inflexión. No solo por su magnitud y convocatoria, sino porque posiciona a la Universidad San Sebastián como un referente en Vinculación con el Medio, sobre la base de un trabajo sostenido y validado en el tiempo. Más allá del reconocimiento, lo relevante es que se consolida una forma de hacer universidad: conectada, pertinente y comprometida con su entorno.
El desafío, sin embargo, no termina aquí. La Vinculación con el Medio se valida en su continuidad, en la medición de su impacto y en su capacidad de mejora permanente. En esa línea, la próxima versión Más Biobío, en 2028, será una oportunidad para profundizar este camino.
Porque, finalmente, este congreso no fue solo un punto de encuentro. Fue una declaración de propósito y, sobre todo, una invitación a pasar del discurso a la transformación real.