Hay momentos en que las reglas cambian y este es uno de ellos. La nueva Ley de Protección de Datos Personales en Chile (Ley 21.719), publicada en diciembre de 2024, no es sólo una actualización legal. Es, en la práctica, un cambio en cómo entendemos la relación entre las empresas y las personas.
Durante años, el uso de datos fue un terreno poco claro. Muchas veces desordenado, otras simplemente invisible. Las empresas -y especialmente las pymes- operaban más por intuición que por reglas concretas. Se pedían datos, se almacenaban, se usaban… pero no siempre había claridad sobre para qué ni cómo.
Eso cambió.
Hoy Chile avanza hacia estándares mucho más exigentes, alineados con lo que ya ocurre en otras partes del mundo, como en Europa. La ley establece algo bien simple, pero muy potente y es que los datos personales no son un recurso más, son información sensible que requiere cuidado, transparencia y responsabilidad.
¿En qué se traduce esto? En pedir autorización clara para usar datos, utilizarlos sólo para el propósito informado y hacerse cargo activamente de su protección. Además, se crea una Agencia de Protección de Datos que va a fiscalizar y, si es necesario, sancionar. Y aunque hay plazo hasta diciembre de 2026 para adaptarse, el momento de empezar es ahora.
Pero más allá de la ley, aquí hay algo más importante y es la confianza. Según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, más del 80% de los chilenos está preocupado por cómo se usan sus datos en plataformas digitales y es entendible, porque hemos visto filtraciones, usos indebidos y poca transparencia.
Todo eso ha ido debilitando la relación entre las personas y las empresas.
En este escenario, es fácil que muchas pymes vean esta ley como un problema, ya que se entiende como más exigencias, más costos, más trámites, pero también se puede mirar distinto. Ordenar cómo se manejan los datos, ser transparente y hacerse responsable no sólo evita multas también construye reputación y hoy eso vale mucho.
Las pymes tienen una ventaja enorme y es la cercanía con sus clientes. Esa confianza que muchas veces se construyó en persona, en el día a día, ahora también tiene que existir en lo digital, pero eso implica hacerse cargo.No se trata sólo de subir una política de privacidad a la web, sino de ir más al fondo y analizar si estoy cuidando bien la información de las personas que confían en mi empresa, porque al final, esto además de ser un tema legal, es una forma de hacer empresa.
La nueva ley no viene a complicar el camino, viene a ordenar la cancha para hacerla más clara y dar oportunidades de crecer para quienes lo hacen bien, porque las empresas que van a liderar no serán las que acumulen más datos, sino las que sepan generar más confianza con ellos.