En uno de los territorios más aislados de Chile, un jardín infantil público está revolucionando la educación inicial al convertir el paisaje, la memoria y la comunidad en herramientas de aprendizaje.
En el remoto Archipiélago Juan Fernández, en medio del océano Pacífico, donde los recursos materiales son limitados pero la riqueza natural y cultural es inmensa, el equipo educativo del jardín JUNJI “Sandalito” decidió mirar el territorio no como una dificultad, sino como una oportunidad.
Así nació “Los Colores de mi Tierra”, una innovadora experiencia pedagógica impulsada por la educadora Camila Fernández Flores, que hoy comienza a captar la atención por su capacidad de integrar ciencia, arte, identidad local y participación comunitaria desde la primera infancia.
Lejos de los modelos tradicionales, niños y niñas —incluso desde sala cuna— exploran los pigmentos naturales presentes en la tierra de su propia isla, experimentando con colores, texturas y materiales que forman parte de su entorno cotidiano. Lo que comienza como una experiencia sensorial, evoluciona hacia algo más profundo: un proceso de construcción de identidad.
Pero el proyecto no se queda en el aula. A través de la participación activa de las familias, los aprendizajes se entrelazan con relatos, memorias y saberes locales, dando origen a una instalación artística colectiva donde las creaciones infantiles dialogan con la historia viva de la comunidad. El resultado es un verdadero laboratorio de aprendizaje situado, donde la infancia no solo observa su entorno, sino que lo interpreta y resignifica.
Para Carla Gahona, directora del Jardín Infantil Sandalito, este proceso marca un punto de inflexión en la forma de entender la educación inicial. “Este proyecto nos ha permitido mirar la educación desde nuestro propio territorio. No se trata solo de enseñar contenidos, sino de conectar a los niños y niñas con su identidad, con su entorno y con las historias de sus familias. Estamos consolidando un modelo pedagógico que está integrando los derechos territoriales y de la comunidad”.
La iniciativa, impulsada bajo la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y desarrollada en colaboración con organizaciones como Educación 2020, Territorios Únicos y OIKONOS, ha ido consolidándose como una experiencia de innovación educativa con enfoque territorial y comunitario.
Desde el nivel de sala cuna heterogénea —donde conviven distintas edades, ritmos y formas de aprendizaje— el proyecto promueve una participación inclusiva, permitiendo que cada niño y niña se vincule desde sus propias capacidades. Esta lógica no solo favorece la equidad en el acceso a experiencias significativas, sino que también redefine el rol del entorno como un recurso pedagógico central.
Para Alejandra Nielsen Molina, directora regional de la JUNJI Valparaíso, este tipo de experiencias representan una señal clara de hacia dónde debe avanzar la educación en contextos diversos, “Lo que ocurre en el Jardín Sandalito es profundamente relevante. Aquí vemos cómo la educación parvularia puede innovar desde su propio contexto, integrando a las familias, la cultura local y el entorno natural en el proceso educativo. Este proyecto demuestra que es posible construir aprendizajes significativos y pertinentes, incluso en territorios aislados, poniendo siempre en el centro a la infancia y su bienestar”.
“Los Colores de mi Tierra” se proyecta como un modelo que dialoga con desafíos globales: cómo educar en contextos de diversidad, cómo fortalecer el sentido de pertenencia desde la infancia y cómo construir comunidades más inclusivas desde las primeras etapas de la vida.
El proyecto busca consolidarse como una línea de investigación-acción participativa, capaz de inspirar a otros territorios que enfrentan condiciones similares.
En un mundo donde la educación tiende a estandarizarse, lo que ocurre en esta pequeña isla del Pacífico plantea una pregunta urgente: ¿Y si el futuro de la educación no estuviera en replicar modelos, sino en aprender a mirar —y enseñar— desde el propio territorio?