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Construir… Sí, construir. Por Raúl Caamaño Matamala, Profesor Universidad Católica de Temuco

Construir, construir, buena tarea, creo que es tarea de todos. ¿Qué construimos? Ideas. No hay día en que no construyamos. También damos forma a sueños. Quizás, las más de las veces, lo que construimos es en favor nuestro. Quizás, también, no toman forma, a lo mejor no se trata de construcciones materiales. Y así como todos construimos, no todos edificamos, pocos, solo unos pocos, y don Eduardo es uno de ellos.

Todo comenzó en la década de los sesenta, más precisamente el año 1965, en un domicilio signado con el número trescientos y algo, por la vereda poniente, de la calle Prat, entre Portales y Rodríguez, casi enfrente de la entonces sede Temuco de la Universidad Técnica del Estado. La oficina de don Eduardo tenía una puerta de madera, de dos hojas, aunque una estaba siempre entreabierta, la oficina era parte de una construcción exterior más extensa; en otro de sus pórticos, había una residencial, “Aguilar” era su nombre, la que colindaba en el otro extremo con la bodega de don Arturo Meissner, cuyas oficinas estaban en la mismísima esquina de Prat con Portales.

Por esos días, mediados de los sesenta, don Eduardo dirigía sus pasos desde la esquina oriente de calle Portales con Prat, luego de pasar a revisar la casilla postal en el edificio de Correos y Telégrafos, rutina habitual en ese tiempo, para luego cruzar a la vereda donde estaba la oficina y estudio de la empresa constructora originaria, SOCOVIGA. Recuerdo que compartía mismo numeral domiciliar con el señor Hiriart.

Ese fue el inicio, genial inicio, tiempo también de la Asociación de Ahorro y Préstamo “La Frontera”, según recuerdo, y otras iniciativas favorables para emprender y dar vuelo a sueños propios y los de otros. Esa conjunción de ideales prendió con la iniciativa de construcción de casas. Las primeras se desarrollaron, se construyeron en… , en Temuco.

Luego, pronto, hubo cambios, para mejor. La sociedad, a la par de la incorporación de nuevos socios, adoptó nuevo nombre, SOCOVESA, acrónimo correspondiente a la Sociedad Constructora de Viviendas Económicas S.A. Esto ya fue el año 1967.

Ya lo saben, ya saben a quién me refiero, ¿no es cierto? Me refiero a don Eduardo Gras Díaz, quien nació el 10 de mayo de 1934, en Valdivia. Luego la familia se trasladó a Temuco, y desde entonces es ciudadano temuquense. Realizó sus estudios primarios acá, y parte de los secundarios, en el Colegio de La Salle, no obstante estos los terminó en el Instituto Nacional, en Santiago. Ya, mediante bachillerato, realiza estudios de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile, los que debe interrumpir y regresar a Temuco, por fallecimiento de su padre.

Realizo un salto en su vida personal y familiar, para destacar, según mi apreciación, algo notable, decidor, para muchos. El martes 8 de septiembre de 1959, monseñor Alejandro Menchaca Lira funda la Universidad de la Frontera (o Escuelas Universitarias de la Frontera), acontecimiento que es relevado por diversas notas periodísticas de El Diario Austral de Temuco, el miércoles 9 y en varias ediciones más. El hecho es que en la página 7 aparece consignado el nombre de Eduardo Gras Díaz y de Eduardo Gras Faibella, y al día siguiente, jueves 10 de septiembre, se registra el nombre de Olga Díaz de Gras (madre de don Eduardo); tres generaciones propician con su firma y aporte la fundación de la primera institución de educación superior de la provincia de Cautín, la Universidad de la Frontera, antecesora de la actual Universidad Católica de Temuco. Señera, preclara disposición.

Mientras, con su empuje y el de sus socios da decidido impulso a la empresa constructora, que se extiende con sus proyectos en la ciudad de Temuco, por toda la provincia, por la región, el sur y luego, pronto, por gran parte de Chile. No hay descanso, don Eduardo decide retomar sus estudios superiores y lo hace en Temuco, sede de su accionar emprendedor, en la otrora sede de la Universidad Técnica del Estado; es así cómo en 1977 culmina sus estudios de Construcción Civil, con la distinción de mejor alumno de su promoción cuando, a la par, es padre de siete hijos.

Este ya es momento en que la empresa SOCOVESA se desarrolla vigorosamente y llega a Santiago, años 80. En este mercado altamente competitivo, Gras logró posicionar a Socovesa como un referente de confianza. Luego amplía el espectro constructivo, desde viviendas sociales y económicas hasta departamentos de alto estándar. Acto seguido lidera el proceso para que la empresa comenzara a cotizar en la Bolsa de Comercio de Santiago, profesionalizando la estructura corporativa.

¿Qué más decir, de su filosofía de negocios, por ejemplo?

Algo característico en él, no buscaba el beneficio inmediato, sino la sostenibilidad de la empresa a través de las décadas.

A pesar de ser uno de los empresarios más exitosos de la construcción, siempre mantuvo una figura pública discreta, enfocada en el trabajo y la familia.

Y, nunca olvidó las raíces de la empresa en la Región de La Araucanía, manteniendo siempre una conexión fuerte con el sur.

Hay, habría mucho más que decir, pero es hora de abrochar este cumplido.

Porque al final, don Eduardo, usted no solo construyó casas; usted edificó una región. ¡Felices 92 años!

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