● El 51,7% de quienes solicitaron financiamiento bancario en el último año, no pudo acceder, en un escenario marcado por alta mora, baja capacidad de ahorro y restricciones en el sistema formal. Así lo evidencia el informe de la fintech, el cual tiene como objetivo analizar el nivel y manejo de deuda de los chilenos, además de su situación y acceso al crédito.
En un contexto marcado por el alza de precios, el acceso al crédito en Chile enfrenta restricciones para quienes necesitan financiamiento. Así lo muestra el Termómetro de Bienestar Financiero de Destácame, el cual reveló que durante este primer trimestre, un 60,6% de los encuestados declara haber postulado a algún producto financiero en el último año, sin embargo, más de la mitad de las personas que solicitó un crédito o tarjeta fue rechazado.
“El sistema no logra absorber la demanda, configurando un escenario de exclusión parcial del crédito formal. Entre quienes fueron rechazados, el 57,7% atribuye la decisión a un historial crediticio negativo, mientras que un 32,7% señala no haber recibido explicación por parte de la entidad financiera. Este último punto destaca que, en una parte significativa, no se comunica el motivo del rechazo lo que potencia la desinformación de los usuarios para acceder a futuros productos financieros”, explica Jorge Marín, Country Manager de Destacame.cl.
La fintech, con el objetivo de medir de forma integral la situación económica de las personas, desarrolló el Índice de Bienestar Financiero (IBF), el cual indicó que este alcanza 36,5 puntos sobre 100 y se ubica en rango bajo-crítico, mientras que un 57,3% de los sondeados se concentra en niveles críticos o bajos. “El nivel de rechazo refleja que el acceso al crédito sigue siendo exigente para ciertos perfiles. Una mayor transparencia sobre los criterios de acceso, podría contribuir a que las personas entiendan mejor su situación y de esta manera corregirla”, señalan desde Destácame.
En términos de deuda, un 44,8% declara mantener obligaciones en mora, y al incorporar a quienes están al día pero sin holgura, más del 65% presenta una situación de “fragilidad financiera”. A nivel de carga financiera en tanto, cerca de dos tercios destina más del 30% de sus ingresos mensuales al pago de deudas. ”La capacidad de respuesta ante shocks es limitada. Un 52,3% no cuenta con recursos propios para enfrentar un gasto inesperado equivalente a un mes de ingresos, lo que restringe aún más las alternativas en ausencia de acceso a crédito formal”, agrega Marín.
En este contexto, surgen mecanismos alternativos para acceder al crédito. El 29,4% de los encuestados declara haber solicitado un crédito a su nombre para un tercero, práctica que da cuenta de las barreras en el acceso. A lo que se suma que un 17,9% reconoce haber recurrido a financiamiento informal, como prestamistas o casas de empeño. “Cuando el sistema formal no logra absorber la demanda, las personas buscan soluciones fuera de él. Esto genera un problema, porque traslada el riesgo desde las instituciones financieras hacia los hogares, a personas que no necesariamente son quienes utilizan el financiamiento”, agrega Jorge Marín.
A este escenario se suma un impacto que trasciende lo financiero. El estudio muestra que un 39,9% de los encuestados experimenta estrés financiero frecuente o diario, mientras que un 48,4% ha debido postergar decisiones relevantes y un 40% reporta dificultades para dormir. Estos datos reflejan que desde la demanda de los usuarios, las prioridades están concentradas en alcanzar una tranquilidad económica: un 47,2% señala que necesita ordenar sus deudas, mientras que un 31% apunta a acceder a mejores condiciones de crédito.
“El sistema enfrenta el desafío de ampliar el acceso manteniendo criterios de riesgo, pero también mejorando la transparencia y las alternativas para quienes hoy quedan fuera. Existe una demanda clara por instrumentos que permitan reestructurar deuda de manera sostenible”, concluye Marín.