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Memoria que previene: el costo de recortar donde más importa. Por Pamela Sandoval, Directora Ejecutiva Movidos X Chile

Este 22 de mayo conmemoramos el Día Nacional de la Memoria y Educación sobre Desastres Socio-Naturales, una fecha que invita no solo a recordar tragedias pasadas, sino también a preguntarnos cuánto hemos aprendido de ellas. En un país como Chile, marcado por terremotos, incendios forestales, inundaciones, sequías y aluviones, la memoria no puede quedarse en el homenaje. Debe traducirse en decisiones concretas.

Porque los desastres no comienzan cuando suena una alarma ni cuando las llamas avanzan sobre una comunidad. Comienzan mucho antes: cuando se construye en zonas de riesgo, cuando falta planificación territorial, cuando se debilitan las capacidades locales o cuando se posterga la inversión pública destinada a prevenir.

Chile ha avanzado en institucionalidad. Hoy contamos con un sistema moderno de gestión del riesgo, organismos especializados y mayor coordinación que en décadas anteriores. Sin embargo, la verdadera medida de un país preparado no está solo en su capacidad de responder, sino en su capacidad de anticiparse. Y allí aparece una señal preocupante. En medio de un escenario de eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos, reducir o retrasar recursos destinados a prevención, preparación comunitaria, infraestructura resiliente o fortalecimiento territorial significa aumentar vulnerabilidades futuras.

Cada peso que no se invierte en prevención suele pagarse multiplicado en reconstrucción. Cada plan comunal que no se actualiza, cada sistema de alerta que no se moderniza, cada comunidad que no recibe herramientas para organizarse, nos deja más expuestos frente al próximo desastre.

La experiencia internacional es clara: los países que mejor enfrentan emergencias son aquellos que invierten sostenidamente antes de la crisis. Tecnología, coordinación institucional, educación ciudadana y comunidades empoderadas forman parte de la misma ecuación. No basta con reaccionar rápido; hay que llegar preparados.

Chile no necesita elegir entre crecimiento y prevención, entre urgencias del presente y seguridad futura. Necesita comprender que la inversión preventiva también es desarrollo: protege vidas, reduce pérdidas económicas y fortalece la cohesión social.

Hoy el llamado es claro: no recortar donde más importa. Porque cuando se debilita la prevención, el costo siempre lo termina pagando la ciudadanía.

 

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