En un mundo laboral que evoluciona a una velocidad sin precedentes, la capacitación ha dejado de ser un área accesoria para convertirse en el corazón de la estrategia productiva. Para Chile, el desafío no es solo aprender nuevas tecnologías, sino garantizar que ese aprendizaje se traduzca en una mayor empleabilidad y en entornos de trabajo más seguros y saludables.
Según explica Rodrigo Correa, psicólogo laboral y fundador de Valora People, “para que un país sea competitivo, el acceso a la formación no puede ser un privilegio. Los subsidios y herramientas de fomento del Estado son vitales para fortalecer la empleabilidad”.
De acuerdo con la OCDE, la inversión en políticas activas del mercado laboral ayuda a que los trabajadores realicen transiciones exitosas entre empleos, evitando que grupos vulnerables queden fuera de la línea competitiva ante la automatización.
Para el profesional, “es fundamental entender que la formación es una inversión compartida donde el apoyo estatal, la visión empresarial y el compromiso del trabajador deben alinearse bajo 4 pilares fundamentales”.
1-Seguridad laboral:
Un entorno productivo es, ante todo, un entorno seguro. La formación técnica en seguridad no es un trámite administrativo, sino que la herramienta más efectiva para la disminución de accidentes laborales. Un trabajador capacitado identifica riesgos antes de que se conviertan en tragedias, lo que reduce los costos operativos por siniestralidad y, lo más importante, resguarda la integridad física y el capital humano del país.
2-Salud mental:
La OCDE advierte que los problemas de salud mental pueden costar hasta un 4% del PIB en pérdida de productividad. En este contexto, la capacitación en herramientas de gestión del bienestar y resiliencia es clave. Empresas que forman a sus líderes y equipos en salud mental no solo mejoran el clima interno, sino que construyen organizaciones más sólidas y capaces de navegar la incertidumbre económica actual.
3-Transferencia al puesto de trabajo:
El mayor riesgo de la capacitación es la «asistencia pasiva». Debemos asegurar que las herramientas entregadas tengan un impacto real en el puesto de trabajo. Aquí somos todos responsables: el Estado de fiscalizar la calidad, las empresas de generar espacios de aplicación, y los trabajadores de ejercer la disciplina del aprendizaje. La competitividad personal nace cuando lo aprendido se transforma en una mejora concreta de los procesos diarios.
4-Empleabilidad frente al despido:
La mejor protección contra la vulnerabilidad laboral es el conocimiento. Un profesional que se mantiene en formación continua no solo es más productivo para su empresa actual, sino que se vuelve altamente atractivo para el mercado global. La capacitación constante actúa como un seguro de empleabilidad, permitiendo que el trabajador se mantenga en la vanguardia y no quede expuesto a ser desplazado por la obsolescencia tecnológica.