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Calle Bandera, costura urbana. Por Marco Subercaseaux, Académico del Magister en Viviendas y Barrios Integrados UNAB

Hay calles que no son solo calles. Son costuras urbanas. Bandera es una de ellas.

Durante años, el centro de Santiago ha vivido una paradoja, mientras más necesitaba recuperar vida, seguridad, comercio y movimiento, más difícil se hacía atravesarlo bien. La ciudad seguía ahí, con sus trámites, sus oficinas, sus cafés, sus galerías, sus peatones y sus trabajadores, pero una parte importante del transporte público debía rodearla, esquivarla, perder tiempo en desvíos que no le agregaban valor a nadie.

Por eso la recuperación del eje Bandera importa. No porque sea una obra monumental, ni porque pretenda resolver todos los problemas del centro de una sola vez. Importa porque hace algo más simple y más profundo. Vuelve a conectar.

La intervención permitirá que servicios de Red Movilidad vuelvan a atravesar el centro por una vía exclusiva, en un eje semipeatonal donde convivirán buses, peatones, comercio y espacio público. No vuelven los autos particulares ni los camiones. Vuelve el transporte público, a baja velocidad, con prioridad operacional y con una lógica distinta: mover personas, no llenar la calle de vehículos. Según las autoridades, los servicios diurnos serán el 201, 301 y 306, además del servicio nocturno 264n; en punta mañana se proyecta una frecuencia de 30 buses por hora.

La diferencia para los usuarios es concreta. Hoy, quienes vienen desde comunas como San Bernardo, La Cisterna, San Miguel o El Bosque hacia el centro y la zona norte enfrentan desvíos que pueden sumar 20 a 25 minutos adicionales. Eso no es un detalle, es tiempo de sueño, de trabajo, de estudio, de cuidado, de espera. Es tiempo que se pierde todos los días, muchas veces por personas que tienen menos alternativas reales de movilidad.

Cuando se dice que Bandera permitirá reducir entre 52% y 58% los tiempos de viaje, no estamos hablando solo de eficiencia del sistema.

Estamos hablando de dignidad cotidiana. De que el transporte público cumpla mejor su promesa básica, llevar a las personas donde necesitan ir, de forma más directa, más predecible y más justa.

También hay una decisión urbana relevante. Bandera no se recupera como una calle cualquiera. Se recupera como un boulevard semipeatonal, con mobiliario urbano, terrazas comerciales y espacios pensados para que el centro no sea solo un lugar de paso, sino también de permanencia. La Municipalidad de Santiago ha planteado que la intervención busca compatibilizar conectividad, comercio, seguridad y vida urbana; y esa es justamente la clave.

Una buena ciudad no elige entre buses o peatones. Diseña para que ambos convivan bien. El error sería creer que la peatonalización solo consiste en sacar buses, o que la eficiencia del transporte solo consiste en abrir calles. La buena política urbana está en el equilibrio: buses donde deben estar, autos donde correspondan, peatones con prioridad, comercio activo y espacio público cuidado.

La primera etapa de Bandera tiene además una virtud que muchas veces se subestima, es operacional. Parte por resolver el problema de fondo en la movilidad con infraestructura liviana, segregación, señalética y elementos divisorios. Es una solución de bajo costo relativo y alto impacto. No pretende ser el proyecto urbano definitivo, pero permite que el sistema vuelva a funcionar ahora.

Eso también es gobernar una ciudad, distinguir entre lo urgente y lo estructural. Lo urgente es recuperar la continuidad del transporte público. Lo estructural será avanzar después hacia un proyecto urbano más integrado, con mejor diseño, accesibilidad universal, seguridad, iluminación, gestión de carga y descarga, relación con el comercio y una experiencia peatonal de mayor calidad.

Bandera puede ser una señal para Santiago. No todo requiere esperar diez años, ni todo debe resolverse con grandes obras. A veces, la ciudad mejora cuando se corrige un cuello de botella, cuando se ordena una pista, cuando se evita un desvío absurdo, cuando se le devuelven minutos a miles de personas.

La apertura del eje Bandera no debe leerse solo como el regreso de buses a una calle. Debe entenderse como una forma de darle vida al centro, más conectividad, más circulación, más comercio, más presencia, más seguridad urbana. Las ciudades no se recuperan únicamente con discursos sobre revitalización, se recuperan cuando la gente puede llegar, cruzar, bajarse, caminar, comprar, trabajar y volver a su casa sin que el trayecto se transforme en un castigo.

Bandera vuelve a conectar mejor Santiago porque vuelve a hacer algo elemental, permitir que la ciudad funcione. Y cuando una ciudad funciona mejor para quienes se mueven en transporte público, funciona mejor para todos.

 

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