Durante esta semana Chile entero los miró. San Antonio encabezó titulares, conversaciones y debates en nuestro país. El esperado anuncio de la aprobación del megapuerto de parte de la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA)—la obra de infraestructura más grande de la historia del país— puso a la ciudad en el centro de la atención nacional. Cámaras, micrófonos, declaraciones de ministros. El puerto de San Antonio, otra vez, como el gran protagonista.
Y los sanantoninos guardaron silencio.
No sobre el puerto. Sobre las penurias de su vida diaria.
En medio de ese momento extraordinario, cuando el país entero tenía los ojos puestos en la ciudad, nadie aprovechó la oportunidad para hablar de lo que realmente viven los sanantoninos. Nadie dijo que detrás del anuncio millonario hay una comuna con una calidad de vida que avergüenza. Tras un accidente de tránsito mínimo, sus deterioradas calles quedan bloqueadas por vehículos de carga. Que en nuestra vecina Cartagena el crimen organizado ya ha cobrado siete vidas en lo que va del año. Que la venta informal asfixia al comercio local. Que las áreas verdes son escasas y descuidadas. Tampoco hablamos del temor que tiene cada familia sobre sus hijos quienes, al terminar la educación escolar, se van a Santiago para ya no volver.
Ojalá los líderes y autoridades locales, ahora que San Antonio aún es parte de la discusión nacional, aprovechen este momento para poner sobre la mesa algo fundamental: que esta ciudad debe crecer a la par de su gran proyecto portuario.