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Niños de hoy: ¿imaginan menos o tienen menos oportunidades para hacerlo? Por Marcela D’Achiardi Orozco, directora de Educación Parvularia de la Universidad Andrés Bello

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

En la actualidad podemos observar un fenómeno social complejo que trasciende a toda la sociedad: Los niños de hoy tienen menos oportunidades para jugar, imaginar y desarrollar el pensamiento creativo.

Esta situación se hace evidente principalmente en niños, niñas y jóvenes que asisten a educación básica y media, pero también ocurre con los párvulos; son niños que se exponen a las pantallas sin mayor control de los adultos que deberían estar a su cargo.

La publicación de la Ley 21.801 (2026), norma y regulariza el uso de pantallas en centros educativos. La idea de poner en discusión este tema, es entregar la información necesaria para fortalecer el rol de padres, madres y otros adultos responsables del cuidado de niños y niñas en el hogar. Entonces, ¿Por qué será tan importante informar e involucrar a las familias acerca de este tema? Porque ocurre que en muchas ocasiones la demanda externa al hogar de padres y madres, principalmente por motivos laborales, deja a sus hijos muy expuestos a conectarse a medios tecnológicos sin ningún tipo de filtros, ya sea en contenidos o tiempos de exposición a las pantallas.

Los expertos afirman: “No pantallas antes de los 6 años”. Pues, resulta una forma efectiva de proteger el normal desarrollo y aprendizaje de los párvulos en esta etapa crucial de la vida. El uso de pantallas a temprana edad pone en riesgo el desarrollo integral y los aprendizajes en la primera infancia, puesto que la calidad de las interacciones sociales, la sana convivencia entre otros se ven claramente afectadas.

Las pantallas no pueden reemplazar la interacción y socialización de niños y niñas con otras personas, tampoco reemplazan los juegos, la comunicación, el descubrimiento de su entorno, ni la expresión de sus emociones.
Antes de los 6 años, los niños y niñas no deben ser expuestos a pantallas, pues el efecto a nivel cerebral predispone a una baja tolerancia a la frustración, bajo control de impulsos, se disminuye la empatía con otros, al verse absorto por las imágenes predefinidas, que los desconectan de su entorno.

El llamado a las familias y a los adultos a cargo de niños y niñas es que tomen mayor conciencia de la importancia de la socialización de sus hijos con otros niños y niñas. Es responsabilidad de los padres y madres impulsar la relación con otros, la sana convivencia y promover el bienestar personal lejos de las pantallas.

Hablar sobre estos temas permite entregar orientación a las familias en especial, sobre el desarrollo y bienestar integral de sus hijos e hijas. Esta es una invitación a que se organicen, tomen mayor conciencia y promuevan estímulos y desafíos pertinentes a la edad y niveles de desarrollo de sus hijos. Con esto queremos decir que es deber de los adultos a cargo de los párvulos, proteger sus horas de sueño lejos de pantallas y propiciar el desarrollo de vínculos afectivos a partir de interacciones positivas

¿Qué los niños imaginan menos? Pues no, son los adultos quienes no están creando las condiciones favorables para que la imaginación se expanda; esta se potencia con la lectura de cuentos e historias desde los primeros años y son principalmente los padres y la familia quienes deben leer a sus hijos, como una experiencia de gozo compartido.

Lo esperable es que los adultos en el hogar ofrezcan oportunidades de explorar y experimentar con materiales concretos y simples. Que permitan a sus hijos e hijas cometer errores y aprender de ellos, adultos que se toman el tiempo necesario para estar, para escuchar y compartir. Los apoyan cuando se trata de resolver problemas junto a otros. Son adultos que hacen preguntas, que esperan el tiempo de las respuestas, que cuestionan la realidad e invitan a sus hijos e hijas a cuestionarla también; así se modela el que niños y niñas sean también cuestionadores del mundo que les rodea, tengan opinión y más oportunidades para imaginar; lejos de las pantallas.
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