Buscar

Maternar y trabajar por un salario: desafíos y deudas pendientes. Por Dra. María Cecilia Fernández Darraz, Centro de Estudios de Género UCT

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

Mayo nos deja dos fechas que rara vez se leen juntas: el Día del Trabajador y la Trabajadora y, en un plano más familiar y comercial, el Día de las Madres. Ponerlas en diálogo evidencia una tensión que sigue sin resolverse. Por una parte, reivindicamos los derechos laborales; por otra, celebramos la maternidad como un valor social. Sin embargo, cuando ambas experiencias se cruzan, no siempre prima el reconocimiento, a veces aparece la sanción social y el rezago en derechos y oportunidades.

Décadas de estudio siguen mostrando que las mujeres se concentran en empleos más precarios, menos valorados social y económicamente y, por tanto, con menores salarios. Además, en tiempos de crisis, son ellas quienes primero se ven golpeadas por el desempleo. Todas estas inequidades se profundizan cuando las mujeres maternan. Para muchas personas, el problema central es la “conciliación” trabajo y familia. Por cierto, hay mucho de eso. Pero seguir afirmando que solo se trata de conciliar es engañoso, incluso a la luz de la experiencia de países que llevan décadas implementando políticas en la materia.

El fenómeno de la “penalización por maternidad”, ampliamente estudiado, no es un concepto abstracto, sino que se traduce en menores ingresos, menos oportunidades y trayectorias laborales más frágiles. Mientras esto ocurre con las madres, los hombres que son padres suelen ver reforzada su posición en el trabajo. En este contexto, operan prejuicios y sanciones silenciosas para las madres: suelen ser percibidas como menos comprometidas, poco eficientes porque deben resolver “problemas domésticos”, deben demostrar constantemente su mérito, mientras su disponibilidad laboral es puesta en duda. Son formas de desigualdad que rara vez se nombran, pero que, a través de mecanismos —muchas veces simbólicos—, se internalizan y se hacen sentir.

Como sociedad necesitamos enfrentar las tensiones entre maternidad y trabajo remunerado, más aún en un escenario de preocupación por la baja tasa de natalidad. En esta línea tenemos que comprender que maternar y cuidar no es un “problema individual” que cada quien deba resolver como bien pueda; es un problema estructural que exige una implicación social y estatal profunda. Avanzar en medidas de conciliación es necesario, pero no suficiente. El desafío de fondo es construir una sociedad en la que la maternidad no sea considerada un problema para el trabajo y no se traduzca en desventajas. Solo entonces los desayunos y las flores de mayo dejarán de ser gestos simbólicos y comenzarán a ser celebraciones de una vida laboral más justa para las mujeres.

noticias relacionadas

El ajuste recién comienza. Por Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial, Universidad Andrés Bello

Pedaleo, alienación y disfrute. Por Francisco Vergara Director Centro Producción del Espacio Universidad de Las Américas

En el Cyber, el precio no es el único diferenciador. El anuncio también. Por Ariel Jeria, Gerente general de Rompecabeza

CCHC Valparaíso por IMACEC: «El desafío hoy es concretar los proyectos». Por Fernando Bustamante, presidente CChC Valparaíso