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Duelo infantil: cómo ayudar y acompañar a los niños ante la muerte de un abuelo

La muerte de un abuelo suele ser una de las primeras experiencias de pérdida significativa en la vida de un niño. Más allá del impacto familiar, se trata de un vínculo profundamente afectivo que muchas veces combina cuidado, juego, historias compartidas y una sensación de pertenencia difícil de reemplazar.
Cuando ese lazo se rompe, surgen preguntas, emociones intensas y, en muchos casos, confusión. ¿Cómo abordar ese proceso sin generar más angustia? ¿Qué decir y qué evitar? Para la académica de la carrera de Psicología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, Miriam Pardo, el rol de los adultos es clave para acompañar de forma adecuada este proceso.
“La comprensión de la muerte depende de la edad del niño y de su desarrollo emocional. Cuando es muy pequeño es posible que no comprenda que la muerte es irreversible. Lo anterior se hace palpable cuando los nietos comienzan a preguntar sobre el abuelo: ¿cuándo volverá?, ¿por qué no nos viene a ver?, ¿le pasó algo? Si los padres y la familia responden de manera evasiva, los niños pensarán de que se trata de una separación momentánea, como si en cualquier momento el abuelo fuera a regresar”, explica.
A medida que crecen, los niños adquieren herramientas cognitivas y emocionales para entender mejor la muerte, pero eso no elimina la necesidad de contención. “Cuando los niños son un poco más grandes, desde los seis años en adelante, tienen más desarrollo cognitivo y afectivo para comprender la muerte”, destaca la psicóloga.
Asimismo, agrega que “al saber que el abuelo ha fallecido se despliegan fantasías, temores, y preguntas concretas referidas a los hechos, al cuerpo, al fallecimiento. Si es creyente, también piensan sobre la existencia en el cielo, de qué se trata el cementerio, entre otros puntos.
Avanzando en la edad cronológica, desde los diez años en adelante, comprenden el hito de la muerte de manera muy similar a como lo comprende el adulto. Sin embargo, los recursos emocionales dan cuenta de que requieren sostenimiento de parte de los padres y familiares cercanos para elaborar el duelo por la pérdida”.
Señales de alerta
El duelo en niños no siempre se expresa con tristeza evidente. Muchas veces aparece en conductas que pueden ser malinterpretadas.
“Durante el tiempo de duelo es necesario observar si hay cambios conductuales de importancia. Muchas veces los niños y adolescentes se aíslan de manera llamativa, otros manifiestan sus síntomas depresivos por medio de la irritabilidad y mal humor, otros sienten culpa excesiva, en algunos casos también se registran regresiones, tales como querer dormir con sus padres, sentir miedos para obtener cuidados más próximos con alguno de sus progenitores; otros niños tienden a hablar como si tuvieran menos edad, incluso, en algunos se puede registrar enuresis nocturna”.
La especialista añade que también pueden aparecer alteraciones en rutinas cotidianas o temores asociados a la muerte. “Pueden evidenciarse comportamientos en la vida cotidiana que dan cuenta del proceso de duelo; aquello puede manifestarse en las rutinas referidas a la alimentación, el sueño, el colegio y sus obligaciones, los juegos con los pares y amistades. También se puede registrar miedo a la propia muerte o de que algunos de sus padres mueran”, sostiene.
No obstante, la académica de la UNAB aclara que muchas de estas reacciones forman parte del proceso normal de duelo, siempre que no sean intensas o prolongadas.
Hablar con la verdad
Uno de los errores más comunes es evitar el tema o utilizar metáforas para suavizar la noticia, lo que puede generar más confusión. “La muerte no debe transformarse en un mito o en un tema tabú que implique un mandato referido a no hablar sobre aquello. Al contrario, el tema de la muerte debe ser transmitido con la verdad siempre en primer plano y dicha de manera sencilla, a sabiendas de que será necesario brindar contención afectiva para acompañar la reacción del niño”, dice la docente.
En este sentido, la profesional insiste en evitar frases ambiguas: “Señalar que ‘el abuelo falleció’ implica decir que su vida entre nosotros, tal como antes, ya no será posible. Si se dicen frases tales como ‘el abuelo se fue de viaje a un lugar tranquilo’ o expresiones similares, aquello puede generar confusiones como si el abuelo se hubiera ido para estar mejor, pero quizás va a regresar”.
El acompañamiento emocional es fundamental, y no implica evitar el dolor, sino validarlo, advierte Pardo. “El rol central de los padres y cuidadores de los niños y adolescentes consiste en acompañarlos y normalizar la pérdida como parte de la vida. Hablar sobre la persona fallecida es traerla a la vida por medio de las palabras, de los recuerdos”, subraya.
Compartir emociones, recordar al abuelo o realizar pequeños rituales familiares puede ser una forma saludable de canalizar la pérdida. “Dependiendo de la familia, también es interesante realizar algún rito en casa, por ejemplo rezando o escribiendo algo breve para el abuelo, teniendo presente que es un momento compartido y sentido por todos”, sugiere.
Asimismo, para muchos niños, el lenguaje emocional no siempre pasa por las palabras. Ante este panorama, la académica UNAB explica que “para expresar lo que sucede con la pérdida del abuelo, la primera estrategia consiste en hablar. Tal como se ha señalado, no hay que forzar nada, pero sí esperar el momento en el cual el niño quiera hacerlo. Sin embargo, aquello no impide preguntarle y poner palabras concretas y honestas sobre lo ocurrido. Es posible que el niño quiera expresar su dolor jugando o dibujando, aquello es un tremendo trabajo elaborativo, por lo que es necesario acompañarlo y hablar con él”.
El uso de fotografías, videos o símbolos también puede ayudar a resignificar la ausencia. “Mirar fotografías o vídeos también es recomendable siempre y cuando el niño quiera (…) Asimismo, otro recurso que favorece la elaboración de duelos es plantar y cuidar una planta que, por ejemplo, puede simbolizar el cariño hacia el abuelo fallecido”, agrega la psicóloga para concluir que “cuando el vínculo con los abuelos se ha construido desde el amor, la muerte no borra este lazo. Los abuelos permanecen en la memoria de los nietos y de la familia en los textos que se transmiten, en los recuerdos conversados, en los gestos familiares, en las frases que decía”.

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