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Mes del Medio Ambiente: la acción climática también se juega en las decisiones cotidianas

En un año en que el Día Mundial del Medio Ambiente pone el foco en el cambio climático, la autora, conferencista y fundadora de Mujer Sustentable, Cata Droguett, plantea que la sostenibilidad debe dejar de entenderse sólo como una agenda ambiental y comenzar a mirarse como una transformación cultural que se activa en personas, familias, empresas y comunidades.

Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente vuelve a instalar una conversación urgente: cómo estamos respondiendo a las señales que el planeta nos está enviando. Este año, la campaña global del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, está centrada en el cambio climático y en las señales que la humanidad decide devolver frente a un mundo que ya está cambiando.

Pero la discusión ambiental también necesita un giro. Durante años, la sostenibilidad fue asociada principalmente al reciclaje, los residuos, la contaminación o la protección de la naturaleza. Todo eso sigue siendo fundamental, pero hoy el desafío es más amplio: comprender que las decisiones cotidianas también construyen cultura, modifican hábitos, influyen en organizaciones y pueden generar cambios positivos que se multiplican.

“La sostenibilidad no se juega solo en las grandes cumbres, en las políticas públicas o en los reportes corporativos. También se juega en la manera en que compramos, comemos, educamos, trabajamos y lideramos. Cada decisión puede parecer pequeña, pero cuando se multiplica, cambia culturas completas”, señala Cata Droguett, autora, conferencista y fundadora de Mujer Sustentable.

La urgencia es concreta. El informe Global Resources Outlook 2024 del PNUMA advierte que la extracción de recursos naturales se ha triplicado en las últimas cinco décadas y que, sin acciones urgentes y coordinadas, podría aumentar un 60% hacia 2060 respecto de los niveles de 2020.

Para Droguett, estos datos obligan a mirar el Mes del Medio Ambiente no solo desde la crisis, sino también desde la capacidad humana de cambiar el rumbo. “Durante mucho tiempo pensamos que los grandes cambios dependían exclusivamente de gobiernos, empresas o acuerdos internacionales. Y por supuesto que son actores fundamentales. Pero también necesitamos millones de personas convencidas de que pueden generar cambios positivos desde el lugar donde están”, afirma.

Esa mirada también está respaldada por la evidencia científica. El IPCC ha señalado que las medidas asociadas a la demanda, incluyendo cambios en infraestructura, tecnología, hábitos, cultura y formas de consumo, pueden reducir entre un 40% y un 70% las emisiones globales de gases de efecto invernadero en sectores clave hacia 2050.
Desde esa perspectiva, el cambio más importante no ocurre solamente afuera. Ocurre cuando una persona modifica una decisión, cuando una familia conversa sobre sus hábitos, cuando una empresa revisa sus procesos, cuando una comunidad se organiza y cuando una cultura empieza a valorar de otra manera los recursos que utiliza.

Cinco decisiones cotidianas que pueden generar cambios que se multiplican

1. Consumir con más criterio
Antes de comprar, preguntarse si realmente se necesita ese producto, cuánto va a durar, si puede repararse y qué impacto genera. Consumir menos, pero mejor, ayuda a reducir la presión sobre los recursos naturales y promueve una relación más consciente con lo que elegimos.

2. Alargar la vida útil de lo que ya existe
Reparar, reutilizar, donar, intercambiar o comprar de segunda mano no son gestos menores. Son decisiones que reducen residuos, disminuyen la extracción de nuevos materiales y cambian nuestra forma de relacionarnos con los objetos.

3. Reducir el desperdicio de alimentos
El Food Waste Index Report 2024 del PNUMA estima que en 2022 se desperdiciaron 1.050 millones de toneladas de alimentos a nivel de hogares, comercio y servicios de alimentación. Planificar compras, conservar mejor y aprovechar lo que ya tenemos puede generar impacto ambiental, económico y social.

4. Informarse antes de elegir
Cada producto tiene una historia: de dónde viene, cómo fue elaborado, qué materiales utiliza, cómo se transporta y qué ocurre cuando termina su vida útil. Consumir con información permite tomar mejores decisiones y exigir mejores estándares.

5. Conversar estos temas en familia, equipos y comunidades
Muchas transformaciones comienzan con una conversación. Hablar de consumo, residuos, alimentación, energía, movilidad o cuidado de la naturaleza ayuda a construir una cultura donde las decisiones sostenibles dejan de ser excepcionales y comienzan a ser parte de la vida diaria.

Para la fundadora de Mujer Sustentable, estas acciones no deben entenderse como una lista de hábitos perfectos, sino como una forma concreta de activar el poder transformador de las personas.

“No necesitamos personas perfectas. Necesitamos más personas convencidas de que pueden generar cambios positivos desde el lugar donde están. El impacto positivo se contagia y se multiplica: cuando alguien cambia una decisión, puede inspirar a otros a hacer lo mismo”, sostiene Droguett.

En un contexto marcado por la crisis climática, la inteligencia artificial, la transformación del trabajo y nuevos desafíos sociales, la sostenibilidad también debe ser entendida como desarrollo humano, educación, liderazgo, bienestar y capacidad de imaginar nuevas formas de vivir.

“El Mes del Medio Ambiente no debería recordarnos solo lo que falta por hacer. También debería recordarnos la enorme capacidad humana de cambiar el rumbo. Porque cuando una persona cambia, puede inspirar a una familia; cuando cambia una familia, puede cambiar una comunidad; y cuando cambia una comunidad, también puede cambiar un país. En tiempos de inteligencia artificial, la mejor tecnología sigue siendo el ser humano”, concluye.

 

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