Las medidas anunciadas en la reciente Cuenta Pública para apoyar a los hogares más vulnerables reflejan la necesidad de fortalecer el poder adquisitivo de las familias en un escenario donde cada peso cuenta.
Pero también es relevante observar cómo cambian los hábitos de consumo cuando los presupuestos familiares se vuelven más ajustados. En muchos casos, las personas optan por compras más frecuentes y de menor volumen, priorizando lo necesario para el día a día y administrando de forma más eficiente sus recursos, y es ahí donde el comercio de cercanía adquiere un valor especial. Los almacenes de barrio y pequeños comercios facilitan el acceso a productos esenciales, reducen tiempos y costos de desplazamiento y permiten responder con rapidez a las necesidades cotidianas de los vecinos. Además, cumplen un importante rol social al mantener activa la economía local y fortalecer la relación con las comunidades.
En momentos donde las familias buscan optimizar sus gastos, fortalecer los ecosistemas de comercio de proximidad contribuye al bienestar de miles de hogares a lo largo del país.